Con una de esas frases humorísticas suyas que nadie entiende, Mariano Rajoy dijo hace un tiempo que las vacaciones están sobrevaloradas, choteándose de paso de los miles de españoles que no pueden permitirse ni una semana de asueto al año. Más comprensivo con el descanso de sus conciudadanos, Pedro Sánchez, sin necesidad de declararlo, ha llegado a la conclusión de que las vacaciones son sagradas.

Por eso se ha ido a las Canarias un mes entero a las pocas horas de que se solucionara, o algo parecido, la crisis de Ceuta, cuando Mohamed VI nos envió a más de 70.000 nadadores que sembraron el pánico durante un par de días hasta que, disciplinadamente, decidieron volver a casa (dejando atrás, eso sí, a unos cuantos menores de edad para que los cuidáramos nosotros, pues parece que lo hacemos mejor que sus propios padres, de los que no se sabe nada. Así aprenderemos a tratarnos con Argelia, aunque nos lo habían prohibido).

Pese a sus sonrisas en la Mareta y su aire decontracté, Pedro Sánchez no ha podido evitar que a muchos nos pareciera una vergüenza nacional todo lo relativo a la excursión acuática marroquí a Ceuta (le quedan, eso sí, los pelotas que han alabado en las redes lo bien que ha resuelto la crisis, sin matar a nadie ni hacer gran cosa: que aprendan todos los gobernantes europeos), en la que nuestro gobierno ha quedado a la altura del betún: solo han faltado unas imágenes de Grande Marlaska en la orilla, aplaudiendo emocionado la llegada de esos espigados muchachos semidesnudos que nos enviaba Mohamed VI.

Como es habitual en este, digamos, gobierno, aquí nadie da ningún tipo de explicaciones. Los llamados a darlas, Marlaska, Margarita Robles y Sacarino Albares, han retrasado su aparición hasta finales de agosto, pensando, tal vez, que ahora está todo el mundo en la playa y no es el mejor momento para ponerse a largar. Lo mismo que piensa Sánchez, que no retrasó sus merecidas vacaciones ni un día y ya está en Canarias paseando con su camisa hawaiana, su sonrisa Profident y una gorrilla que debe tener verde de envidia al mismísimo David Uclés. No hemos conseguido ni que se ciscara amablemente en Mohamed VI, prefiriendo echar la culpa del sindiós fronterizo a unas difusas mafias dedicadas al tráfico de personas.

Antes de desaparecer, como última muestra de desfachatez pop, nos transmitió su playlist para las vacaciones estivales, que nadie se ha molestado en analizar a fondo, pero que uno, personalmente, considera un insulto más por lo vulgar y escasamente interesante del material elegido por el presidente, que puede interpelar a los fans de Operación Triunfo, pero que a los periodistas musicales de finales de los 70 y principios de los 80 como el que esto firma nos huele a cuerno quemado (o a azufre, directamente).

Ya se me subió la mostaza a la nariz (como dicen los franceses) cuando, hace años, Sánchez le sacó el polvo al Falcon para acudir a un concierto de los Killers, una banda de Las Vegas de escaso interés que dio el pego durante un tiempo antes de desaparecer del mapa. Vamos a ver, señor presidente: si me hablara usted de la última reunión de los Velvet Underground, de Bob Dylan o hasta de los Libertines, le diría que lo suyo tiene un pase desde un punto de vista estrictamente musical o generacional. Pero subirse al avión oficial, a nuestro Air Force One, para no perderse la actuación (creo que era en Benicasim) de la banda de Brandon Flowers es de una desfachatez pop intolerable (entonces aún no sabíamos que la desfachatez era su actitud by default).

Señor presidente, se ha lucido usted con lo de Ceuta. Lo de las mafias malévolas cuando todos sabemos que el responsable del pifostio era Mohamed VI se parece mucho a lo de que se le meen encima a uno y diga que llueve. Hemos hecho un ridículo mundial del que nadie da explicaciones, y usted el primero: ¿qué tiene que pasar para que usted demore sus merecidísimas vacaciones? ¿También se irá a la Mareta cuando nos ataquen los extraterrestres?

Ya sabemos que España es un país de risa, pero, ¿nos lo tiene usted que estar recordando permanentemente?