La prensa internacional ha señalado que el Mundial era una buena oportunidad para que España recuperara la confianza en sí misma, su orgullo nacional y, sobre todo, que pudiera presentarse como referente de un modelo político y social alternativo al populismo. El "Modelo España" frente al trumpismo.
Grandes cabeceras europeas como Le Monde (Francia) y La Repubblica (Italia) analizaron el triunfo como la victoria de una sociedad moderna y avanzada, donde triunfó la diversidad étnica y cultural de la España actual, lo que ha descolocado a las derechas patrias. Los medios citados destacan que los pilares de la selección, como Lamine Yamal o Nico Williams, representan la España plural, abierta, en contraste directo con el discurso de fronteras cerradas y nacionalismo extremo de Donald Trump.
Hay victorias deportivas que pueden pasar a convertirse en un espejo del país que las contempla. Esta ya no es la España en blanco y negro que algunos pretenden congelar en el tiempo.
Es la España real, que es diversa y plural. Durante décadas, la derecha y la extrema derecha han pretendido ejercer un monopolio exclusivo sobre los símbolos nacionales, patrimonializando la bandera y la camiseta como si fueran de su propiedad privada. Sin embargo, este Mundial ha roto ese espejismo.
España es vista internacionalmente como uno de los pocos países occidentales que mantiene la misma vara de medir: condena la invasión en Ucrania y exige con la misma firmeza el alto al fuego y el respeto a los derechos humanos en Gaza y el Líbano.
Para millones de espectadores en Oriente Medio, los éxitos futbolísticos de España durante los Mundiales se sintieron como una "justicia poética" hacia el país que mejor ha defendido sus causas humanitarias en los foros de la Unión Europea. La prensa del "Sur Global" (como Al Jazeera o O Globo) manifestaba su gratitud a nuestro país por la coherencia demostrada.
No hay que olvidar el respeto institucional que España se ha ganado a nivel global en los últimos años. Contar con un Gobierno al que no le tiembla el pulso a la hora de plantar cara a las políticas autoritarias de Trump, a los crímenes de Netanyahu, a las payasadas provocadoras de Milei, proyecta una imagen de dignidad internacional que fortalece el prestigio de toda la nación.
Por otra parte, The New York Times destaca los logros económicos alcanzados: lideramos la transición a las energías renovables, atrayendo a inversores que buscan construir centros de datos y otras industrias que desean beneficiarse de nuestra electricidad más barata. El prestigioso periódico estadounidense presenta al presidente del Gobierno como “líder liberal a nivel mundial”, que ha posicionado al país en el ámbito progresista de las izquierdas, en medio de una marea de derechas.
Pese a destacar estas bondades, no oculta las graves carencias de un modelo de sociedad lastrado por “una profunda crisis de la vivienda”, que afecta los colectivos más desfavorecidos. A lo que habría que añadir las causas judiciales abiertas contra el Gobierno y el PSOE, así como los escándalos de corrupción que minimizan cualquier optimismo desmedido.
De súbito, la ciudad autónoma de Ceuta aparece en el horizonte.
Trump esperaba su oportunidad, su venganza ha consistido en instrumentalizar los acontecimientos acaecidos en Ceuta para debilitar al presidente español. Desde una perspectiva política más amplia, cabe plantear una interpretación adicional: que Donald Trump pudiera pensar que el debilitamiento del Gobierno de Pedro Sánchez era una manera de manifestar su desagrado hacia un presidente, que se había convertido en uno de los pocos dirigentes occidentales que criticaban abiertamente sus políticas, especialmente las relacionadas con el ámbito de la democracia, relaciones internacionales y derechos humanos.
Por todos es sabido las buenas relaciones del Rey de Marruecos con Trump, lo que nos confirma que en ningún caso se atrevería a actuar en contra de las indicaciones del presidente. Esta avalancha no es fruto de la casualidad.
La crisis migratoria de Ceuta de mayo de 2021 marcó uno de los episodios más graves en las relaciones entre ambos países. En apenas unas horas, miles de jóvenes marroquíes cruzaron la frontera aprovechando la práctica ausencia de controles por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes. El episodio ilustra cómo la inmigración puede ser utilizada como arma geopolítica y como instrumento de confrontación política.
Diversos analistas interpretaron que la pasividad de las autoridades marroquíes no fue casual, sino una decisión del Gobierno de Mohamed VI para presionar a España tras la acogida del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La inmigración ha sido uno de los ejes centrales del discurso político de Trump. Durante años sostuvo que la política migratoria de los gobiernos demócratas había permitido la entrada masiva de delincuentes, asesinos y violadores, presentando principalmente a los inmigrantes mexicanos como símbolo del descontrol fronterizo.
En ese contexto, la crisis de Ceuta podía reforzar un relato similar en Europa: mostrar que una política migratoria considerada demasiado permisiva termina generando inseguridad y caos.
Desde esta óptica, la presión ejercida sobre España, utilizando a las ciudades de Ceuta y Melilla, tenía la intención de desacreditar políticamente al Gobierno español y cuestionar su gestión de la inmigración. La comparación entre la frontera sur de Estados Unidos y la frontera española permitiría alimentar un mismo mensaje político: que los gobiernos progresistas son incapaces de proteger sus fronteras.
Planteemos algunas consideraciones que pueden ayudar a entender lo sucedido:
Ceuta es el epicentro de una tenebrosa lucha internacional. Desde la Primavera Árabe, los islamistas marroquíes han tenido escasa presencia institucional. Han utilizado la frustración de los jóvenes marroquíes como objetivo político: para deslegitimar al Estado, instrumentalizar el descontento y convertir ese resentimiento en votos en septiembre. La ultraderecha global cabalga la crisis y los enemigos geopolíticos de la UE espolean y disfrutan la división interna del bloque.
Lo ocurrido en Ceuta es un ataque híbrido, que intenta cuestionar la soberanía española de Ceuta y Melilla. Hay sectores islamistas radicales que proponen "recuperar tierras del Islam” a través de Ceuta y Melilla.
Por otra parte, el asalto pone en evidencia la debilidad de España ante Marruecos y la cooperación con el reino magrebí en materia migratoria es cualquier cosa menos ejemplar.
Más allá de las causas, es un problema que necesita ser abordado con urgencia desde el ámbito humanitario, político, jurídico y diplomático.
