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Manuel Gómez Acosta

Manuel Gómez Acosta

Pensamiento

Se avecina un 2027 cargado de dudas e incertidumbres

"Resulta muy arriesgado anticipar un resultado de lo que sucederá en las próxima elecciones generales"

Publicada

Después de una gran actuación y unas semanas de éxitos futbolísticos, nuestra selección nacional acabó ganando la copa del mundo de fútbol.

Las derechas patrias se encontraron desubicadas, había surgido un nuevo escenario, donde el país celebraba éxitos –aunque fueran solo deportivos– y cundía un cierto “optimismo” , nada deseado por las fuerzas de la oposición, pues sin duda beneficiaba el estado de ánimo de los seguidores del Gobierno de coalición.

A lo anterior habría que añadir la desorientación y el malestar provocado en las filas de los nostálgicos de la “una, grande y libre“ ante la sentencia del TSJE relativa a la amnistía a los “indepes” por los hechos acontecidos en octubre de 2017, mientras Puigdemont amenaza una vez más con abandonar su exilio dorado en Waterloo y unirse a las filas de los crispadores, contribuyendo a la inestabilidad política del país.

A la dirección del PP le cuesta analizar la complejidad de este nuevo escenario. Feijóo comienza a entender que no es presidente no porque no quiere sino porque no puede. Las elecciones en el 27 empiezan a estar cada vez más relacionadas con el principio de incertidumbre enunciado por el físico teórico alemán Heisenberg. Una incertidumbre que nos llevaría a considerar que la alternancia que parecía inevitable tras las elecciones generales ha ido perdiendo fuerza .

La política española vive instalada en una paradoja; mientras el Gobierno de Pedro Sánchez sigue resistiendo contra pronósticos que auguraban su caída desde prácticamente el inicio de la legislatura, la oposición parece moverse entre el desconcierto estratégico y la ansiedad táctica. El Partido Popular y Vox comparten espacio político, pero no siempre comparten los tiempos ni las prioridades, esa descoordinación empieza a tener un coste político.

Un ejemplo lo encontramos en la reacción de los populares al triunfo de la selección española en el Mundial. Un éxito deportivo patrimonio de todos, aunque lamentablemente algunos sectores de la derecha no fueron capaces de interpretar el momento. Mientras la mayoría de la ciudadanía celebraba la victoria, sectores del PP intentaban de forma equivocada instrumentalizar el momento de euforia colectiva hacia otras cuestiones y polémicas fuera de lugar. Lo que suponía proyectar una imagen de desconexión con el estado de ánimo del conjunto de la población.

En lugar de construir una alternativa sólida sobre propuestas concretas, la oposición de derechas parece atrapada en una crítica permanente que, a menudo, acaba siendo más reactiva que propositiva. La oposición conservadora cada vez más preocupada por el protagonismo internacional de Pedro Sánchez, así como del protagonismo mediático disfrutado durante las celebraciones del éxito de la roja. Puede discutirse su estrategia política, su forma de ejercer el poder o la oportunidad de muchas de sus decisiones, pero resulta difícil negar la evidencia de haber conseguido mantener una presencia relevante y un fuerte liderazgo en el escenario europeo e internacional.

Los errores cometidos tampoco ayudan a la oposición popular. Alberto Núñez Feijóo y Miguel Tellado volvieron a equivocarse una vez más, mostrando escasa inteligencia estratégica y carencia del don de la oportunidad al centrar algunos de sus mensajes públicos en criticar al Gobierno por sus pactos con EH Bildu, al que acusaban de escaso entusiasmo patriótico ante los triunfos de nuestra selección .

Todo ello en un contexto en el que el argumento parecía forzado y poco conectado con la realidad inmediata. Cuando la crítica pierde precisión, también pierde credibilidad. El exceso de dramatización puede movilizar al votante más convencido, pero difícilmente amplía la base electoral necesaria para gobernar. En política, convertir cualquier procedimiento judicial en una bandera partidista entraña un riesgo evidente: cuando las resoluciones no confirman las expectativas, el efecto rebote es inmediato y la narrativa se resiente.

Mientras tanto, en la capital del reino, José María Aznar permanece en un discreto segundo plano e Isabel Díaz Ayuso guarda un silencio poco habitual en ella. No debe confundirse el silencio con la pérdida de protagonismo, la presidenta madrileña ejerce un liderazgo dentro del Partido Popular que no depende únicamente de sus llamativas y provocativas declaraciones. En ocasiones, callar permite observar, medir los tiempos y esperar el momento adecuado para intervenir. Quizá por eso su silencio resulta políticamente mucho más inquietante para el Gobierno de coalición que muchas de sus intervenciones públicas.

En el mismo bando de los “diestros”, Santiago Abascal , el “cruzado” de VOX, continúa desarrollando una estrategia mucho más reconocible. Su discurso sobre las deportaciones masivas de inmigrantes y la reivindicación de políticas de endurecimiento migratorio busca consolidar un espacio electoral propio especialmente en un contexto europeo donde la extrema derecha gana terreno en numerosos países. Al mismo tiempo intenta rentabilizar los acuerdos alcanzados con el Partido Popular en comunidades como Andalucía, presentándose como el socio que propone las políticas más conservadoras, obligando al PP a desplazarse hacia posiciones todavía más duras y agresivas.

Frente a todo ello, Pedro Sánchez continúa demostrando una notable capacidad de supervivencia política. Sus adversarios anuncian periódicamente el final de su ciclo, pero el presidente ha convertido la resistencia en una de sus principales fortalezas. Cada crisis superada alimenta la percepción de que sigue controlando los tiempos mejor que sus rivales. Lo que nos conduce a las próximas elecciones legislativas del 2027, en las que resulta muy arriesgado anticipar un resultado.

La política española ha entrado en una fase donde las certezas duran apenas unas semanas, mientras acontecimientos inesperados modifican constantemente el tablero. Los resultados electorales y el desarrollo de la España de 2027 dependerán de factores económicos, internacionales y sociales imposibles de evaluar con precisión en el momento actual.

Quien mejor conecte con una ciudadanía cansada de la confrontación y el ruido permanente, tendrá muchas más posibilidades de llegar a la Moncloa y gobernar el país. La presión aumenta cuando el tiempo pasa y el poder sigue lejano.