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Guillem Bota opina sobre los peajes de la AP-7

Guillem Bota opina sobre los peajes de la AP-7

Pensamiento

AP-7: más una historieta que una viñeta

"El Parlament ya está estudiando de qué manera volver a hacer de pago la AP-7 sin que parezca que el pueblo se equivocó al reclamar su gratuidad"

Publicada

Del “No vull pagar” al “Tornem a pagar”. La campaña con que heroicos catalanes se saltaban los peajes de la autopista AP-7 plantando cara a los pobres trabajadores de la ventanilla, hasta que consiguieron eliminar el pago, ha resultado un fiasco, ya que la autopista se ha colapsado y se está deteriorando día a día por falta de mantenimiento.

Al haberse convertido en una carretera que todo el mundo puede usar sin pagar, ha aumentado el número de accidentes debido al excesivo tráfico, los camiones ocupan permanentemente uno de los carriles, y su estado recuerda sospechosamente las asimismo denominadas “autopistas” que atraviesan Cuba -también gratuitas, por supuesto-, donde un automóvil puede caer en un socavón y no saberse nunca más de él.

¿Queríamos autopistas gratuitas? Pues ya las tenemos. Ya hemos visto que son un mal invento, gracias por la experiencia, pero volvamos atrás en el tiempo, por favor.

Todo lo que sea dejar de pagar, al pueblo le parece de perlas, si por el pueblo fuese, no existirían los impuestos, y no se daría cuenta de su necesidad hasta que los hospitales estuviesen en la ruina, y no hubiese profesores, policías ni bomberos. Después querría pagar de nuevo.

El Parlament ya está estudiando de qué manera volver a hacer de pago la AP-7 sin que parezca que el pueblo se equivocó al reclamar su gratuidad, porque al pueblo hay que tratarle como si nunca se equivocase, aunque eso, equivocarse, es lo que lleva a cabo con más frecuencia.

Parece que le van a llamar “viñeta” en lugar de peaje, tal vez porque todo el proceso parece una historieta de Mortadelo y Filemón. O mejor, de Pepe Gotera y Otilio, los de las chapuzas a domicilio, porque una auténtica chapuza ha resultado ser la gestión de la AP-7 desde su rescate.

Volveremos a pagar, eso seguro, ya veremos de qué manera y bajo qué nombre, lo que está claro es que la autopista actual sirve para bien poco, precisamente por culpa de no ser de pago.

Por fortuna, el pueblo catalán es fácilmente manipulable y se le puede convencer hoy de una cosa y mañana de la contraria, haciéndole creer en ambos casos que es soberano y que la razón está siempre de su parte.

Seguro que, organizando una buena campaña en las redes y en los medios públicos, van a convencer hasta a los líderes del “No vull pagar” que lo más revolucionario, ahora, es pagar el doble que antes.

Las revoluciones están muy bien, pero cuando mejor están es cuando fracasan. El Brexit es un ejemplo palpable de ello, y eso que a los británicos les ha llevado menos tiempo darse cuenta de su error por abandonar la UE que a los catalanes con los peajes.

Otro ejemplo lo hubiera sido el mismo procés en caso de haber triunfado, aunque eso fue siempre una utopía. Si por un casual, o —mucho más probable— por estar hartos de los catalanes, España hubiese concedido la independencia a Cataluña, hoy estaríamos solicitando volver al anterior statu quo, porque el nuevo país se caería a pedazos y estaría gobernado por unos xenófobos totalitarios que ni siquiera admitirían la discrepancia.

Nos habríamos dado cuenta del error al encontrarnos viviendo en una dictadura populista, no hay más que recordar el amago de “constitución” con que tenían previsto gobernarnos.

Puestos a hacer experimentos dándole al pueblo la capacidad de decisión sobre asuntos de los que no tiene ni idea -que son casi todos-, mejor que haya sido con los peajes que con el futuro de Cataluña y de nuestras libertades.

Para terminar con los peajes: no es por dar ideas al Govern sobre la nueva forma de pago, pero a lo mejor, en lugar de viñeta, lo que procedería sería llamarle chiste. O acudit, si lo prefieren a la catalana.