...se abre una ventana. Algo así ha ocurrido con el boicot a la Fundación Princesa de Girona por parte del ayuntamiento de la ciudad que le da nombre. Poner problemas a que su ceremonia de entrega de premios anuales tuviese lugar en el auditorio del parque de la Devesa ha sido, probablemente, un aliciente para hacer de este premio algo muy interesante.

El heredero, heredera en este caso, de la Corona de España ostenta, entre otros, los títulos de princesa de Asturias, de Girona y de Viana, además de duquesa de Montblanc, condesa de Cervera y Señora de Balaguer. Los tres principados son representativos de varios de los reinos medievales que conforman, desde hace más de 500 años, España.

Es algo que ocurre en la mayoría de las monarquías históricas, como la británica, donde el heredero es príncipe de Gales, Señor de las Islas y príncipe y gran Senescal de Escocia, duque de Cornualles, Rothesay y Cambridge, conde de Chester, Carrick y Strathearn y barón de Renfrew y Carrickfergus. Es lo que tiene representar a la historia de un país.

En los tiempos de revisionismo constitucional hay un porcentaje de republicanos a quienes no les dice nada la monarquía, y en su derecho están, y un número variable, ahora decreciente, de independentistas que ven en SM el Rey el gran enemigo, entre otras cosas porque el 3 de octubre de 2017 dijo lo que era más que esperable, que él, como garante de la unidad de España, no iba a apoyar la deslealtad del Gobierno autonómico.

Desde entonces los viajes del Rey a Cataluña no han sido sencillos. Acudir a la cena del Mobile era una auténtica odisea y los premios princesa de Girona comenzaron a evolucionar “en el destierro”, haciendo de la necesidad itinerante una virtud, y ahora nos encontramos con una colección de actos en varias autonomías que concluyen, desde hace tres años, con unas jornadas para jóvenes en Barcelona y la entrega de premios en el Liceu.

Este año, por ejemplo, el tour del talento ha celebrado actos en Sant Boi, en Huesca, en Granada, en Alcalá de Henares y en Murcia, además de celebrar varias sesiones digitales. Al tour del talento se le unen 12 programas más, entregando también un premio a la escuela del año y generando una agenda muy rica que contribuye a incrementar la comunicación entre la monarquía y los jóvenes.

La Fundación Princesa de Asturias, por el contrario, es una fundación con menos actividades y alcance territorial y, tal vez, algo más institucional. No es cuestión de comparar la labor de una fundación y otra, pero solo mirando el patronato de ambas entidades se observa no solo una mayor presencia de empresas, casi 100 en la Princesa de Girona, sino, también, de personalidades.

Es probable que la cerrazón de unos cuantos haya contribuido a impulsar una fundación, la de la princesa de Girona, que de otra manera hubiese quedado circunscrita a los límites de la provincia de Girona.

La monarquía no es una institución anticuada, es una institución que nació hace muchos años y que se ha ido adaptando a su tiempo. En España tenemos una monarquía parlamentaria donde el jefe del Estado nos representa a todos. No lo elegimos, es cierto, pero, visto lo visto, ¿sería mejor tener a Aznar de presidente de la república o a Zapatero?

Uno hace todo lo posible por caer mal a la mitad de la población, el otro se está cayendo del pedestal que se le había creado como custodio de los valores de la izquierda. Si ya estamos bastante divididos solo nos faltaba que esa división alcanzase a la jefatura del Estado, pues sería malo que actuase de contrapoder del Ejecutivo y peor si lo amplificaba. El papel de referencia nacional se ha vuelto a subrayar en la Copa del Mundo de fútbol, impecable.

En España tenemos monarquía desde el siglo V, los reinos visigodos, por no contar con la influencia del imperio de Roma, de quien deriva gran parte de nuestro derecho. Solo durante menos 10 años ha habido república en España (1873-74; 1931-39) y ambos periodos acabaron mal por lo mismo, inestabilidad institucional profunda, incapacidad de generar consensos y fragmentación de las fuerzas políticas.

Si a esta realidad histórica le añadimos lo bien que lo está haciendo la Casa Real, aunque sea por comparación con la clase política… ¡V. E. R. D. E.!