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Josep Maria Cortés y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero

Josep Maria Cortés y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero Europa Press

Pensamiento

Zapatero en la cuneta

"¿En qué España cabe Puigdemont? ¿En la España metafísica de Feijóo y Abascal o en la plurinacional de Sánchez, casi liquidada? ¿Llegaremos a saberlo? Creo que no"

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El PSOE no llegará al 50 aniversario de la Carta Magna. Sus heridas de muerte provienen del fuego amigo: la traición del exministro de Transportes José Luis Ábalos, las malas artes de Santos Cerdán o el cataclismo Zapatero, que sufre un Aldama por parte de su amigo Julito Martínez respecto a las comisiones del rescate de Plus Ultra, ¡¡¡boom!!!

Y todo apremiado por el círculo de fuego que algunas togas han colocado alrededor de la familia de Pedro Sánchez.

El Gobierno podría evitar esta debacle si se prepara para buscar las condiciones de su renacimiento y olvida luego este propósito. Es decir, solo puede detener su derrota si se da por vencido. La inutilidad de la praxis política actual no alimenta la esperanza de acabar con la barbarie de un país ideologizado y sentimentalista en el que puedan preservarse la memoria y los acontecimientos injustamente destinados al olvido.

Ahora bien, la elección de sacrificar al presidente Sánchez, en el sanguíneo día a día, solo es posible a través de una apuesta por la felicidad, como pretende Moncloa con los presupuestos generales, que se presentarán en setiembre.

Bajo el techo de gasto del vicepresidente Carlos Cuerpo, las cuentas tienen una doble vía: conquistas sociales y fomento del modelo plurinacional de España. Y, como siempre, lo territorial gana a lo social, pero sin olvidar que lo social puede decantar a lo territorial. Las improbables cuentas de reafirmación socialdemócrata serán el primer sondeo del otoño caldo. Si llegamos a otoño.

La constitucionalidad de la ley de amnistía ya no está en duda después de la sentencia favorable de Luxemburgo (el TJUE). Las garantías de las que goza Puigdemont para su regreso son válidas y cuentan además con dos elementos inmateriales: el tono menor de Núñez Feijóo –¿conforme ahora con la amnistía?– y la dudosa actitud silente del Supremo, que todavía tiene la llave.

Por su parte, el Tribunal de Cuentas sale al paso: pospone la aplicación de la ley de amnistía para la malversación de fondos públicos. Acuerda reanudar la tramitación del procedimiento abierto a los expresidentes Carles Puigdemont y Artur Mas y a 33 excargos de sus Gobiernos por los gastos ocasionados por la organización del referéndum unilateral del 1-O y la promoción de Cataluña en el exterior entre los años 2011 al 2017.

Sea como sea, el ritmo hiperbólico de la política obvia al órgano fiscalizador. La oposición busca a Puigdemont para fortalecer su mayoría, pero Junts teme el sorpaso interior de Aliança Catalana, con 180.000 votos según el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO).

Reforzar el eje Feijóo-Abascal es desempeñar un papel secundario en el teatro del mundo; genera las falsas ilusiones de las que habla Séneca en Cartas a Lucilio: “Los poderosos son felices como puedan serlo los actores que hacen de reyes, pero, al acabar la función, desechados los hábitos regios, cada uno vuelve a su simple vida diaria”.

Puigdemont tiene de nuevo la llave. ¿En qué España cabe el líder de Junts? ¿En la España metafísica de Feijóo y Abascal o en la plurinacional de Sánchez, casi liquidada? ¿Llegaremos a saberlo? Creo que no.