De rozar la gloria a abrirse paso en el infierno. Esa es la historia que presumiblemente le tocará vivir al equipo municipal de Junts en el Ayuntamiento de Barcelona si se cumple el vaticinio del último barómetro municipal. La encuesta arroja al abismo al partido que lideró Xavier Trias en los últimos comicios y que se convirtió en la primera fuerza, con 11 concejales.

Ahora en cambio esa misma formación parece estar condenada a ser la séptima fuerza municipal. O sea, como pasar de jugar la Champions a acabar en segunda división en tan solo un mandato.

Jordi Martí, el candidato de Junts, la persona que sustituyó a Trias, dará la cara tras un periodo en el que las guerras internas dentro del partido han acabado por cercenar cualquier posibilidad de éxito en esa formación.

Repetir el resultado anterior era una quimera --de hecho, Collboni será el candidato más votado y el PSC ganará los comicios holgadamente-- pero desplomarse al averno solo se explica por la confusión que Junts ha provocado en sus votantes, en aquellos que dudaban de la eficacia del Collboni candidato y por la irrupción en la escena independentista de Aliança Catalana.

La formación de Sílvia Orriols tiene un líder claro y un temario reducido pero contundente. En Junts, con el puente de mando en Waterloo y con el desconcierto interno, su política ha ido perdiendo adeptos.

A Puigdemont se le escurrió de los dedos recientemente su influencia sobre la sección barcelonesa del partido y ese largo periodo de indefinición ha sido letal para el único contrapeso que, según los resultados anteriores, podía tener el actual equipo de gobierno municipal.

Las previsiones son muy diferentes para Jaume Collboni y eso que los temas que preocupan a los ciudadanos siguen siendo los mismos asuntos escabrosos que hace tres años, con la diferencia de que entonces la inseguridad lideraba el ránking y ahora lo hace la vivienda.

De todos modos, ni uno ni otro asunto están liquidados -más bien todo lo contrario- y pueden seguir dándole preocupaciones al alcalde, especialmente si la oposición tiene ahora menos remilgos para pactar determinadas líneas de actuación que les haga coincidir más allá de sus estrictos posicionamientos ideológicos.

El barómetro arrojó también un dato demoledor. Más del 61% de los encuestados no sabe quién querría que fuera alcalde y más del 63% no sabe quién será el primer edil de la capital catalana. Incertidumbre pues para una mayoría notable de encuestados que puede tener su peso si los asuntos escabrosos siguen agrietando la confianza de los barceloneses.