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Fotomontaje de Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía

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Pensamiento

Bonilla apuesta por un Gobierno de España: PP-Vox

"Aunque llegó al poder presentándose como un dirigente pragmático y centrista, cada vez más ha ido asumiendo posiciones y discursos más próximos a los planteamientos defendidos por Vox"

Publicada

El acercamiento del PP a los postulados e ideas más reaccionarias y retrógradas de Vox refuerza la opción de la ultraderecha de poder gobernar una España, alejada de los principios constitucionales de pluralismo, igualdad y convivencia.

Una España excluyente y centralizadora, nada respetuosa con la diversidad social, cultural y territorial del país.

El acuerdo alcanzado entre el PP andaluz de Moreno Bonilla y la ultraderecha de Vox trasciende el ámbito autonómico y proyecta un claro mensaje hacia el conjunto del país.

Más allá de las medidas concretas acordadas, constituye una clara señal de normalización de la colaboración con la ultraderecha y refuerza la percepción de que una futura coalición entre ambos partidos en el Gobierno de España es una opción política plenamente asumida por la dirección del Partido Popular.

La Andalucía “popular” deja de presentarse como un espacio de moderación para convertirse en uno de los principales referentes de las posiciones más conservadoras.

El “pacto andaluz” es una clara constatación de la apuesta inequívoca por un bloque político, que compita por el liderazgo de las derechas, sin importarle compartir las propuestas más retrógradas y reaccionarias de Vox.

De este modo, se dispara una competición política entre los distintos territorios gobernados por el PP para intentar conseguir la mayor proximidad posible con esas posiciones.

Todo ello potencia el debate sobre la posible configuración de un futuro gobierno de coalición entre el Partido Popular y Vox, y sobre las consecuencias que ello tendría para el futuro de España.

La decisión del PP andaluz es una muestra clarificadora de la falta de coherencia de Moreno Bonilla, al que no le importa cambiar su programa e incumplir sus compromisos con tal de mantenerse en el poder.

Su imagen ha evolucionado desde la moderación hasta competir abiertamente con el espacio político de las derechas más extremas.

Aunque llegó al poder presentándose como un dirigente pragmático y centrista, cada vez más ha ido asumiendo posiciones y discursos más próximos a los planteamientos defendidos por Vox.

Las coincidencias con el partido ultra son cada vez mayores en temas tan significativos, como la memoria democrática, la identidad nacional, el rechazo a la inmigración, la pluralidad, la ideología de género, la organización territorial del Estado…

Moreno Bonilla ha intentado construir durante años una imagen pública de moderación. Sin embargo, en la actualidad, su prioridad ha dejado de ser la defensa del programa original con el que el PP andaluz buscó atraer a votantes centristas seguidores de un “andalucismo moderado”.

Ha terminado radicalizando su acción política para poder competir directamente con Vox en la captación del voto más radical, intentando ocupar todo el espacio de las derechas.

El PP andaluz de Moreno Bonilla había conseguido inicialmente un cierto apoyo electoral entre sectores de votantes moderadamente progresistas, gracias a propuestas de gestión inicialmente moderadas.

Posteriormente ha terminado proponiendo prioridades más cercanas a posiciones conservadoras e incluso reaccionarias en lugar de mantener un proyecto propio claramente diferenciado.

En las últimas elecciones andaluzas, Moreno Bonilla elevó el tono de sus críticas a Vox, intentando hacer llegar el mensaje, que no pactaría con la ultraderecha.

Para Bonilla, las propuestas de Vox eran irreales e ilegales, afirmando con “rotundidad” que nunca pactaría con ellos, denunciando que el líder de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, a quien finalmente propondrá como vicepresidente, no era más que el delegado andaluz de Santiago Abascal, al que llama con desprecio Juanma Moruno.

Se ha calificado el pacto como “la derrota moral de Juanma Moreno”, que ha conservado el poder, pero su perfil de moderado amenaza ruina.

Los defensores de Moreno Bonilla rechazan esta “derechización” conservadora y argumentan que sus gobiernos han mantenido una línea esencialmente “moderada”, apostando por la estabilidad institucional, el crecimiento económico y la capacidad de diálogo social. Y que los cambios introducidos responden a compromisos legitimados por mayorías electorales.

En definitiva, el debate abierto sobre las últimas elecciones andaluzas nos conduce a una cuestión cada vez más relevante de la política española actual: ¿el acercamiento del PP hacia Vox --asumiendo su narrativa más retrógrada-- constituye una simple cooperación entre partidos de la derecha o representa un desplazamiento ideológico que transforma la naturaleza del proyecto conservador tradicional del PP?

Un ejemplo ilustrativo por considerar sería el posicionamiento revanchista y poco afortunado del PP en el homenaje a la figura del andalucista demócrata-progresista Blas Infante, fusilado por los sublevados franquistas en agosto de 1936, una figura reconocida y relevante en la Andalucía democrática.

El actual Estatuto de Autonomía lo reconoce oficialmente como Padre de la Patria Andaluza y cada año se le rinden homenajes institucionales. Este posicionamiento del PP andaluz refuerza la idea de sumisión a las actitudes y asunción de propuestas reaccionarias de sus socios de gobierno de Vox.

La evolución de los acontecimientos nos aclarará, si es la prueba definitiva de la renuncia del PP andaluz a la moderación prometida a sus votantes más centristas.

Lo anterior supondría el triunfo de emociones y sentimientos manipulados frente al discurso de la razón y la moderación, que son los que han permitido el avance de la civilización y la democracia en el país.