La marcha de la anterior presidenta de la CNMC se cerró con una decisión como poco sorprendente, la apertura de expediente a los seis primeros bancos españoles en relación con los precios de las hipotecas.

Es cierto que el mercado bancario español está bastante concentrado, pero no es menos cierto que todas las operaciones de concentración se han aprobado por la CNMC y, sobre todo, que los números cantan.

En 2025, el tipo medio de las hipotecas fijas en España fue el segundo más barato de los 27 países de la Unión Europea, solo mejorado por Malta (1,95% respecto 2,88%), según datos del BCE. Los precios en la gran mayoría de países estaban entre el 3% y el 4% y cuatro superaban el 4%.

Lo mismo ocurre en comisiones, las más baratas, o con los tipos de financiación al consumo, en la media, pero más baratos que Portugal, por ejemplo.

Nuestros bancos, sean muchos o pocos, están acostumbrados a pelear por el cliente, y en esa pelea normalmente bajan precios. Todos hacen más o menos lo mismo, porque todos tienen los mismos objetivos, mejorar sus resultados.

Su estrategia se basa en la eficiencia y es gracias a esa eficiencia por lo que a los bancos extranjeros les es muy difícil triunfar en nuestro país.

Solo los neobancos, a quienes no les importan los resultados, sino salir a bolsa cueste lo que cueste, son más agresivos que nuestra banca local y solo en algunos productos porque no son capaces de ofrecer todo lo que le pedimos a un banco “tradicional”.

El desarrollo de bizum es un excelente ejemplo de resistencia de la banca española, una plataforma abierta que facilita las pequeña transferencias entre particulares a coste nulo, y ahora también los pagos en comercios. Crear esta plataforma beneficia a los clientes y complica la entrada de nuevos entrantes, aun a costa de que sus fundadores, los bancos, pierdan negocio.

No hay nada más populista que meterse con los bancos, como si fuesen un ente extraterrestre. Los bancos españoles están, fundamentalmente, en manos de pequeños inversores, sea como accionistas directos (alrededor del 40% de media), sea a través de fondos o de planes de pensiones.

Es más, el primer banco en España tiene como primer accionista a una fundación que cada año devuelve a la sociedad más de 700 millones de euros a través de sus programas, el segundo son inversores minoristas y el tercero es el Estado, que poco a poco va recuperando lo que invirtió en las cajas que dieron origen a Bankia.

La imagen del banquero orondo fumándose un puro hace tiempo que quedó atrás en un capitalismo que tiene mucho de popular. Y para rematar la faena desde hace un par de años los bancos pagan un impuesto especial porque, según el Gobierno, ganan mucho dinero. Más de 1.500 millones de recaudación extra por año.

Se dirá que se inyectó mucho dinero en las cajas en su rescate. Sí es cierto que se metió mucho dinero, más de 50.000 millones netos, pero no fue para salvar a los accionistas, las cajas no los tenían, sino para que los depositantes, los clientes de más de 40 entidades, o sea casi todos nosotros, no perdiesen su dinero.

Populismos aparte, incoar un expediente por declaraciones básicamente pedagógicas tan básicas como que la guerra traerá inflación por la subida del precio del petróleo, la inflación hará subir los tipos ergo las hipotecas subirán, parece un poco excesivo.

Si un directivo de banca no puede responder a preguntas de los periodistas, entonces habrá que incluir entre sus obligaciones el voto de silencio.

Puestos a abrir expediente se podría abrir a los neobancos, por jugar con las cartas marcadas. O a quienes importan bienes de países donde se explota la mano de obra haciendo dumping social, o a quienes no respetan el medioambiente, haciendo dumping medioambiental…

Habrá que ver si este expediente es el inicio de una nueva ofensiva gubernamental contra la banca o simplemente un brindis al sol de la presidenta saliente.

Lo importante no es limitar al que lo hace bien, sino facilitar herramientas al resto de compañías locales para que crezcan. Y una manera de hacerlo es facilitar el acceso al crédito. Si ponemos trabas en las ruedas a lo que funciona, mal vamos.