No hay como tener una tía para aprender a solucionar los problemas de los ciudadanos. Una tía como Dios manda tiene remedios para todo. Aunque la tía esté muerta, como es el caso de la de Albert Batlle, concejal barcelonés de Ciutat Vella, que ante las quejas de los vecinos porque muchas bibliotecas y centros cívicos que gozan de aire acondicionado cierran precisamente en verano, cuando servirían a los vecinos —especialmente, a los mayores y gente vulnerable— para aliviar el calor, respondió que, hace unos 30 años, su señora tía se metía en El Corte Inglés a disfrutar de la climatización de esos grandes almacenes. Hay que aprovechar el aire acondicionado de los negocios privados, vino a decir el ingenioso concejal, que encima lo paga el empresario, y no la Administración.

Uno ignora por qué Albert Batlle eligió El Corte Inglés como lugar donde refugiarse del calor y no el Zara ni el Massimo Dutti, cuya refrigeración anima igualmente a usar a abrigo en su interior. A lo mejor se trata de una campaña publicitaria y el concejal no hizo más que cumplir su parte del trato. De todas formas, no vamos a verter sospechas sobre don Albert Batlle, que con el tiempo que lleva en política, ocasión de sobra ha tenido de juntar unos buenos dineros, sin que le haga falta participar en la campaña de verano de El Corte Inglés. Lo más probable es que mencionara a este establecimiento porque, efectivamente, fuese ahí donde su señora tía aliviaba el sofoco climático, y quién sabe si también el hormonal, si lo tuviere.

Ante la dejadez de la Administración, la solución siempre está en las tías de antaño, que si algo tenían era imaginación. Si tenían calor se metían en El Corte Inglés, y además sin necesidad de comprar nada, simplemente pasando de sección a sección, y encima sin cansarse, porque ya se habían inventado las escaleras mecánicas.

La tía de Albert Batlle tenía calor y, de entrada, empezaba en la sección de ultramarinos, porque ahí, además del aire acondicionado, existen grandes neveras para conservar los alimentos, de manera que, en un día de calor exagerado, la buena señora podía meterse en el refrigerador y estarse un rato acostada entre las merluzas y las sepias. Ya recuperada, empezaba un tour por las secciones de Moda, Hogar, Electrónica, Deportes y Perfumería, y no se daba cuenta que ya la tarde declinaba y podía regresar a casa tan fresquita, sin haber gastado ni una peseta, que era la moneda de entonces.

Nuestras antiguas tías, porque todos hemos tenido alguna, eran gente imaginativa, hay que aprovechar sus enseñanzas. Un ejemplo es el día del gran apagón que asoló toda España, hará ya más de un año. En lugar de buscar responsables políticos de aquella chapuza, cosa que en este país es totalmente impensable, habría que preguntarle a Albert Batlle qué hacía su tía ante situaciones similares.

- Pues cuando se iba a luz, mi tía encendía las velas que ya tenía preparadas en un cajón para el caso.

¿Lo ven ustedes? Eso es lo que hay que hacer, en lugar de exigir soluciones a los políticos, que no están ahí para ayudarnos. La tía de Albert Batlle no solo sabía dónde esquivar el calor, sino que incluso sabía vivir sin electricidad. Seguro que también sabría cómo reaccionar hoy en día, cuando el IPC se dispara y los pensionistas tienen dificultades para llegar a final de mes.

- En esos casos, mi tía le pedía al dueño del colmado que le fiara y ya se lo pagaría otro día.

Eso es, señor Batlle, muchas gracias, eso es lo que hay que hacer en lugar de reclamar unas pensionesdignas. Y si, por un casual, lo que falla en Barcelona es el suministro de agua —todo se andará— no hay tampoco de qué preocuparse, la tía de Albert Batlle solventaba el asunto lavándose en el río, una costumbre que estaría bien recuperar para ahorrar recursos hídricos.

Hay que acudir siempre a las tías, por lo menos a la tía de Albert Batlle.