Pásate al MODO AHORRO
Toni Bolaño opina sobre Núñez Feijóo

Toni Bolaño opina sobre Núñez Feijóo

Pensamiento

Trumpismo con boina y bien calada

"Si realmente quisiera pasar página, Núñez Feijóo retiraría los recursos que su partido ha presentado contra la Ley de Amnistía"

Publicada
Actualizada

Esta semana, Alberto Núñez Feijóo se ha coronado desarrollando nuevas tesis de su recién estrenado trumpismo con boina.

Hay que reconocer que el líder de la oposición, que -recuerden- no es presidente porque no quiere, ha estado sembrado. La primera andanada fue en Barcelona, en el congreso del Partido Popular de Cataluña, cuando afirmó que “hay que pasar página” sobre el procés.

Si realmente quisiera pasar página, Núñez Feijóo retiraría los recursos que su partido ha presentado contra la Ley de Amnistía, que hace un año para el presidente popular era "ilegal" y, según su interpretación trumpista, sirvió para “comprar la investidura”, pasándose por el forro el aval del Constitucional.

Ahora dice querer pasar página de una ley que era “una vergüenza para cualquier demócrata; un ejercicio de corrupción política”. Si no retira los recursos, a otro perro con este hueso.

En conclusión, ahora toca mirar para otro lado, sucedáneo éste de pasar página, no sea que Junts sea necesario en unas próximas elecciones.

Tendrá que convencer a Isabel Díaz Ayuso que calificó la amnistía, en lenguaje de la reina de las chulapas, como una forma de actuar que “blanquea la corrupción de Estado” y a Moreno Bonilla, que estuvo más cauto afirmando que “será legal, pero no ética”.

Ahora con el paso del tiempo, Feijóo se pone de perfil copiando al mejor Rajoy cuando afirmó que iba a derogar la ley que hacía posible el matrimonio homosexual. Nunca lo hizo.

Feijóo también prometió derogar la amnistía por ilegal, inmoral, por ser un obús contra la separación de poderes, según dijo él mismo, y por ser el peor de los males del mundo mundial, añado yo.

Literalmente afirmó que iba a derogarla "para que no quede rastro de que el Estado pidió perdón a los golpistas" y “para eliminar todo vestigio jurídico del sanchismo”. Ahora lo compra todo a precio de saldo. De momento, Junts le ha apartado el cáliz. ¿Hasta cuándo?

El trumpista Feijóo debe considerar que hay que pasar página de todos estos exabruptos que auparon la catalanofobia mirando a un Junts que quiere intimar con el PP y con la vista puesta en la sentencia del Tribunal de Justicia Europea.

Después de esta “elaborada idea”, el amado líder se puso más trumpista que Trump sembrando dudas sobre una “gran manipulación electoral” del Gobierno con la Ley de Memoria Democrática.

Le Ley de Nietos fue aprobada en 2022 para reparar a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. Uno de sus puntos más destacados fue el acceso a la nacionalidad española, cuyo plazo ordinario y prórroga finalizaron el 22 de octubre de 2025 para hijos y nietos de exiliados o descendientes de mujeres españolas que perdieron la nacionalidad al casarse con extranjeros antes de aprobarse la Constitución española.

Esta regularización prevé que adquieran la nacionalidad española casi dos millones y medio de personas. Y de los autores del Gran Reemplazo, que dieron la matraca mintiendo como bellacos y propagando bulos de la regularización de inmigrantes que también pronosticaba una manipulación de los comicios generales, surge el Gran Fraude Electoral.

Feijóo se ha quedado tan pancho en su trumpismo con boina, pero una boina bien calada hasta las cejas.

La participación electoral de los residentes ausentes suele ser muy escasa. En las últimas generales apenas sumó 203.000 votos, menos del 9%, y como era de esperar los residentes ausentes no son gilipollas y votan según su criterio.

En 2023, el PP ganó con un 32,7% y el PSOE se quedó en un 24,9%. De hecho, la Reina de Chueca ganó un diputado más por el voto de estos ciudadanos. Que los datos no empañen una buena mentira, un buen bulo. Siempre hay quién se lo cree.

Sin embargo, sorprende lo mucho que Feijóo se preocupa de las elecciones. Las tiene más que ganadas, pero ve manos negras detrás de todo porque quizá, solo quizá me atrevo a apuntar, no tiene clara su victoria.

Su esotérica propuesta de dotar con un plus de diputados al partido ganador -el modelo griego suma 50 diputados al vencedor- huele a miedo y además es un imposible con el actual parlamento.

Ni siquiera el apoyo de Junts lo tiene en su mano, porque ningún partido con escasa representación está dispuesto a hacerse un harakiri en su influencia. Vamos, esta última propuesta es un brindis al sol que durará lo que la aguanten sus forofos mediáticos en tertulias de todo pelaje.

Bueno, perdón, de un solo pelaje, el que encumbra al líder como nuevo presidente siendo incapaz siquiera de presentar una moción de censura.

Las ideas de Feijóo encantan y entusiasman al Madrid DF, pero fuera de este estado federal independiente no despiertan ni frío ni calor.

Y eso, le debería preocupar. Pero no lo hará, porque mirará a otro lado, como con la amnistía, porque está convencido que la Moncloa caerá como fruta madura.

Ojo que no se le caiga la rama primero en la cabeza porque no habrá boina que lo proteja. De hecho, se ha metido en un jaleo él solo. Una pena que la derecha no tenga un líder solvente.