Albert Gimeno opina 'Un pellizco de realidad' Crónica Global
Un pellizco de realidad
"La aprobación del pleno barcelonés no logrará que esa medida se implante inmediatamente, ni tan siquiera sabemos si permitirá que la totalidad de los agentes de la Urbana lleven esas armas, pero es un primer paso que debería ir acompañado de toda la presión política para evitar que la condescendencia alimente al delito"
En Barcelona a veces hay que pellizcarse para comprobar que la realidad puede ser un torrente de sentido común. Habituados a decisiones erróneas, a realidades dolorosas para el porvenir de los ciudadanos, cuando se produce algo positivo hay que lanzar las fanfarrias al viento.
Pasó en el pleno municipal de la capital catalana el pasado viernes y, al fin, una mayoría se puso de acuerdo para aprobar que la Guàrdia Urbana lleve pistolas táser, ese dispositivo que es capaz de inmovilizar al delincuente sin necesidad de que las balas convencionales le hagan abandonar este mundo.
Aunque el sentido común indicaba la necesidad de que el cuerpo policial barcelonés usara ese armamento, hace un año esa pretensión se vio truncada por la inexistencia de una mayoría política en el seno del ayuntamiento.
Esta vez, en cambio, la propuesta del PP de Daniel Sirera contó con la aprobación del equipo de Gobierno y con la inestimable ayuda del grupo de Junts, que hace un año, sorprendentemente, se opuso a tal decisión.
Quizás tenga que ver con el volcán político que sufre la formación independentista y que recientemente se ha aclarado con el revés que las bases del partido le han propinado a Waterloo. Jordi Martí será el cabeza de lista para las próximas elecciones y quizás por ello Junts ha exhibido en este asunto un punto de sentido común.
Hubiera sido difícil explicarle a sus votantes —un mundo teóricamente de orden en Barcelona— que por culpa de su partido la ciudad no podía hacerle frente con más medios al crimen y al delito.
Con la mayoría PP, PSC y Junts la ciudad ha doblegado el cuestionable criterio defendido por ERC y Comuns. Hay gente en la ciudad que se queja del delito —y llevamos una temporada con mucha razón— pero cuando se plantean escenarios para combatirlo se arrugan como consecuencia de la imprescindible falta de entereza para anular un problema.
Las pistolas táser en manos de la Guardia Urbana no van a eliminar los problemas en las calles de Barcelona —la moda de los tiroteos parece no tener fin— pero van a contribuir a reducir los problemas.
La aprobación del pleno barcelonés no logrará que esa medida se implante inmediatamente, ni tan siquiera sabemos si permitirá que la totalidad de los agentes de la Urbana lleven esas armas, pero es un primer paso que debería ir acompañado de toda la presión política para evitar que la condescendencia alimente al delito.
Más allá de las luchas políticas convencionales hay un sottogoverno que afecta de pleno al ciudadano: o se está con el orden o se está contra el conjunto de la ciudadanía. No hay más elección en la ruleta de las decisiones que importan en una ciudad compleja, difícil pero fascinante como Barcelona.