La presentación del nuevo Ferrari,Luce, ha logrado poner de acuerdo a casi todo el mundo en su sentencia, es muy feo, y más feo nos parece cuando sabemos su precio, unos 500.000 euros.

Las críticas han llegado desde todos los frentes. El expresidente de Ferrari, el siempre elegante Luca Cordero di Montezemolo, no dijo nada para no dañar a la marca, pero lo dijo todo, entre otras cosas que esperaba que no portase el escudo del Cavallino por el bien de la marca. También, que al menos no lo copiarían los chinos… por feo.

La mofa del primer Ferrari diseñado por el exequipo que creó el iPhone llega de todos los lados. Nissan agradece que se inspiren en un modelo suyo, el leaf, de 35.000 euros, eso sí. Toblerone promete no redondear nunca los triángulos de sus chocolatinas. Lamborghini, más serio, dice que la innovación no tiene por qué estar reñida con el diseño y el legado… y los memes son infinitos, además de muy divertidos.

Vemos al nuevo Ferrari convertido en una tostadora, una aspiradora, una lavadora o un toilet de obra, por no hablar de las numerosas reacciones de mítico caballo rampante al ver el diseño o de su conversión en un simpático pollino.

Ferrari no es un coche, es un icono, y los iconos deben respetarse. Ya ocurrió con Jaguar, que perdió sus señas de identidad británicas aunque en su caso las ventas no paraban de caer y la revolución del diseño tenía algún sentido, o renovarse o morir, pero no es, ni de lejos, el caso de Ferrari, una marca deseada de una empresa saneada, con un retorno sobre ventas de casi el 30%, una locura para el sector del automóvil, donde la mayoría se mueve entre el 5 y 10%, cuando no están en pérdidas.

Un Ferrari no es un coche, es un objeto del deseo, como las marcas de lujo más icónicas.

Moderno no tiene por qué ser sinónimo de feo. Ni que un coche sea eléctrico tiene que implicar que no tenga alma, ya hay coches eléctricos que son excelentes ejemplos de buen diseño, de marcas tradicionales y también de nuevas marcas. Pero la tendencia actual es que las formas sean blandas, redondas e impersonales.

Uno de los memes describe al nuevo coche, de manera muy expresiva, como el cruce entre una tostadora y una lavadora, porque el diseño parece converger para que todo sea útil, pero sin alma. Una cosa es que los ángulos de los Mac sean los mismos que los de los iPhone o de los iPods, otra es que todo tenga que seguir ese patrón.

Este error de Ferrari es un buen ejemplo de hacia dónde nos quiere llevar lo políticamente correcto, a olvidar el legado. Ferrari es lo que es gracias a sus 80 años de historia, y por más que necesite por imperativo legal fabricar coches eléctricos no puede renegar de su alma.

Los superdeportivos pueden ser eléctricos, de hecho BMW impactó hace ya años con el lanzamiento del i8, pero antes que eléctricos tienen que ser coches. Un coche es un sueño convertido en máquina, y más si es un superdeportivo. Nadie se compra estos coches de manera racional y, por tanto, tienen que buscar el sentimiento y la pasión de sus compradores.

El revuelo viene, además, en un momento donde marcas icónicas del automóvil europeo lo están pasando realmente mal. Jaguar, Alfa Romeo, Lancia, Aston Martin… tienen más pasado que futuro. Lo curioso es que Ferrari sin tener, ni mucho menos, estos problemas ha caído en un error que no les llevará a la ruina, pero abre muchos interrogantes respecto hacia dónde va la industria de automoción europea.

El problema no es del diseñador, Jony Ive, sino de quienes lo supervisaron porque el proceso de desarrollo de un coche es muy colaborativo y casi toda la empresa participa, especialmente los altos directivos. ¿Qué pasaba por la cabeza del CEO de la marca para aprobar un cambio tan radical y alejado de sus orígenes?