La otra tarde oí una entrevista que le hacían en directo a uno de los más antiguos “gurús” de la comunicación política que corren por estos lares. Uno de esos “comonicólogos” que llevan décadas vendiendo motos y humo, y que tiene legiones de fans entre los jóvenes cachorros de los partidos políticos que aspiran a vivir del cuento forever and ever.

Me refiero al señor Gabriel Colomé, actualmente senador socialista, que es la figura magistral de otros que han venido detrás y que, por supuesto, no le llegan ni a la suela del zapato, véase el cutre de Iván Redondo.

Son tantísimos los hombres militantes “peseceros y psoeros” de mi generación, que conozco personalmente y que, en algún momento, estuvieron o siguen extasiados por este hombre, que podría hacer una columna de diez páginas sólo con ellos. Uno fue el propio Pedro Sánchez. Por eso, lo considero una “figura” a la que deberíamos seguir a diario. Y explico por qué.

La cosa es que en esa entrevista que yo misma estaba presenciando, el señor Colomé dijo exactamente que ya veríamos la reacción de la militancia socialista si la justicia finalmente condenaba al hermano y a la mujer del presidente. Básicamente, una versión 2.0 de “a las barricadas, sin contemplar siquiera que los hechos que se le atribuyen a ambos, además de escandalosos, pudieran ser constitutivos de delito.

Y no lo percibí yo como amenaza sino, simplemente, como un anuncio de lo que ya está en el relato más que escrito de las fuerzas gubernamentales, que ya van a calzón quitado contra las instituciones de control democrático de este país, es decir, contra la Justicia.

Lo cierto es que como aquí en Cataluña estamos acostumbrados a cualquier tipo de locura colectiva después de haber sufrido el procés, nadie de mis compañeros de mesa que estaban escuchando lo mismo que yo pareció inmutarse demasiado. Pero la cuestión es bastante grave, y completamente igual que cuando las sentencias de Tribunal Supremo condenaron a los dirigentes independentistas y ardieron las calles de Barcelona, literalmente.

Claro que estas declaraciones no distan tampoco en absolutamente nada de lo dicho por el ya ilustre bocazas, el ministro Óscar Puente, llamando golpistas a cualquiera que no defienda, trague y apoye la impunidad de las cloacas del PSOE, y luego la apostilla del ministro de Hacienda, Arcadi España, haciéndole de palmero al macho alfa de la manada.

Nada nos debería sorprender si tomamos conciencia de que todo esto empieza, presuntamente, en un despacho de Moncloa, durante los cinco días de burla absoluta a la sociedad española, en los que un grupúsculo de presuntos mafiosetes y matoncillos de tres al cuarto organizaron una estrategia de acoso, persecución y 'asesinatos' civiles contra jueces, fiscales, policías, periodistas y todo aquel que dificultara su impunidad corrupta.

La duda es en qué momento gentes que han vivido toda la vida de la política y, por ende, de la democracia, han decidido que la democracia ya les estorba y hacen declaraciones públicas llamando a la revolución social contra el pacto que sostiene nuestra civilización, el pacto entre Estado y ciudadanía.

Porque que un senador ya septuagenario y con una trayectoria bastante brillante como el señor Colomé haya perdido los papeles de esa manera y declare públicamente y sin despeinarse que veremos a ver qué pasa si la justicia actúa contra quien “no toca”, según ellos, que se han erigido en el “Anti-Estado paralelo” es un síntoma inequívoco de que estamos en el peor momento institucional desde 1978. Porque de Óscar López no esperamos nada, pero de gente educada, sí.