Pásate al MODO AHORRO
Josep Maria Cortés y el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

Josep Maria Cortés y el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero C. G. Europa Press

Pensamiento

La boina jacobina

"Ante una imputación, el sistema judicial español, falto de medios y personal, se libera de la presión social en el silencio de los palacios de justicia"

Publicada
Actualizada

¿Dónde está el prevalimiento? La prueba de que Zapatero sobornó a un alto funcionario de la SEPI para otorgar un crédito de 53 millones a Plus Ultra.

¿No hay pistola humeante? ¿Todavía no? ¿No hay prueba de cargo? ¿Zapatero es la cabeza visible de una trama societaria? Hay indicios. Estamos en el viacrucis socialista. La ciudadela-Moncloa está rodeada por nueve casos entre instrucciones y sentencias pendientes. ¿Es la hora de la alternancia? Eso parece.

Mientras tanto, lejos de las togas, la España macroeconómica está de fiesta: nuestro PIB crece seis veces más que la media de la UE. Por eso el PP no tiene discurso político-económico y se agarra a las togas, su última ratio.

La dignidad también es silenciosa, “el último asidero” (Cándido); las investigaciones y las confesiones serán el Gólgota de Zapatero, referencia moral de la izquierda. La instrucción durará décadas, como demuestran los 13 años del caso Pujol y los 10 del Caso Púnica.

Ante una imputación, el sistema judicial español, falto de medios y personal, se libera de la presión social en el silencio de los palacios de justicia. Son pasadizos de pasos perdidos, donde las togas cercenan el mal, pero impiden que construyamos “ciudades en el Vesubio” (Nietzsche); debajo del derecho romano –recta razón– hay una lucha soterrada entre nobles y plebeyos.

Por eso sufre el PP prometeico de nuestro tiempo; la sociedad está a ras de suelo sobrevolada por las lenguas de fuego del tecnofascismo denunciado en la encíclica de León XIV, Magnifica humanitatis, un siglo y medio después de la Rerum novarum de León XIII, que dictó la doctrina social de la Iglesia.

La cristiandad canta cada vez que trina el canario enjaulado en una mina, cuando huele el grisú. Pero ya es demasiado tarde; la IA se ha apropiado del mañana, controla voluntades. Y Feijóo está en su bando, el de Trump y Netanyahu bailándole el agua al mundo ultra de Vox, el equipo suplente que blande la prioridad nacional.

No todo el PSOE huele a chamusquina.

Una de sus tendencias más rigurosas propone mantener el chaparrón antes de caer en la salvación de los soberanismos de izquierda, partidarios de pactar a saco con el mazo de la España territorial. El modelo federal es más que suficiente; reconoce la España plurinacional, pero las cesiones de soberanía alimentan a Bruselas, no al nacional populismo de Junts, Aliança Catalana, ERC, Sortu o Adelante Andalucía.

Está en juego el futuro de la Unión, no el de España. Los derechos humanos van antes que las naciones. La Bélgica valona (francófona) es más amiga que la flamenca, nido de indepes atrabiliarios como los Tercios de Flandes, bunkerizados en las ventajas de la PAC.

El socialismo cae en una ensaladera judicial. Pero remontar con los soberanistas a cuestas de Rufián y Javier Iraola sería un revolcón Montejurra digno de montaraces.

Lo más granado de Ferraz se ha sacado la boina jacobina de la españolidad para hacerse devoto de una Unión Europea fuerte, a pesar de las apariencias.