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Josep Maria Cortés y una fotografía de Donald Trump

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Pensamiento

El Dios de la guerra llora

"Si no hay paz, ni en el Golfo Pérsico ni en el Mar Rojo, Donald Trump se convertirá en un cisne negro y cojo, que tratará de enmarañar el país para sacar a la calle a los reservistas de la Guardia Nacional y saltarse las elecciones de medio mandato"

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Netanyahu pide perdón por la imagen de un Cristo decapitado boca abajo por soldados israelíes, en el Líbano. No dice nada de sus matanzas indiscriminadas y genocidas. El nuevo David destruye a su paso y, por lo visto, estamos ante la nueva crisis arriana del Concilio de Nicea.

Ahora, cuando la cruzada religiosa de Oriente Medio vacía nuestras reservas de crudo, me acuerdo del llorado Josep Piqué, que habló tantas veces del Estrecho de Malaca, como nudo de comunicaciones cenital entre el Índico y el Pacífico, el 40% del comercio marítimo mundial. Lo repetía cuando fue ministro de Exteriores y antes de que Aznar, mal hermano, lo convirtiera en virrey catalán sin virreinato.

Ha caído Ormuz, mientras la alternativa de Bab-el-Mandeb depende de que los hutíes del Yemen lo cierren a bombazos. Si no hay paz, ni en el Golfo Pérsico ni en el Mar Rojo, Donald Trump se convertirá en un cisne negro y cojo, que tratará de enmarañar el país para sacar a la calle a los reservistas de la Guardia Nacional y saltarse las elecciones de medio mandato. Conocemos el paño después del asalto al Capitolio, el día en que la democracia americana dejó de ser el Gran Experimento.

Piqué fue presidente de aquel Cercle d’Economia alimentado por Antón Costas, Josep Oliu, Jordi Alberich, los emergentes del ICREA, Josep Ramoneda, filósofo de cabecera, empresarios de europeísmo avanzado -Carles Tusquets, Joan Molins, Juan Antonio Delgado o Lara Bosch, entre otros- y un grupo de doctores en Economía, formados en Harvard, Minnesota o Columbia, cuando las universidades norteamericanas contaban con el respaldo que la Casa Blanca del semoviente Donald Trump les niega hoy.

A Piqué nunca le olvidaremos; es uno de los nuestros, como lo es Miquel Nadal, el director general del foro que fue secretario de Estado en Exteriores.

En diferentes etapas, Piqué, Costas, Oliu y Nadal abrieron de par en par las puertas a los del pensamiento duro de los modelos matemáticos, entre ellos a la profesora Teresa Garcia-Milà, actual presidenta del Cercle. Estamos en un tiempo geopolíticamente complejo, en el que a la institución le cuesta tender puentes con actos al estilo del celebrado el pasado fin de semana en Barcelona, el Global Progressive Mobilisation: Lula da Silva, Sánchez y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Una cumbre insumisa y calificada de reunión de narcoestados por Díaz Ayuso, la imposible dama indigna.

Piqué, el ex jefe de la Diplomacia Española, de acidez contrita y mente abierta, buscaba la solución dúctil, no la programática. Y, al referirse al suministro de materias primas, se sacaba de la manga el dichoso estrecho de querencia china.

Y ahora me digo aquello de “siempre nos quedará Malaca”. Pero no nos conviene perder la perspectiva latinoamericana, especialmente México, el país hermano sobre el que lloró el Dios de la lluvia, en aquella perla literaria de Laszlo Passuth -inspiradora del momento libanés-, mezcla de antropología azteca y pura conquista. ¡Tenochtitlán!