La aerolínea Level canceló la ruta entre Barcelona y San Francisco. La cancelación se hará efectiva en mayo. El problema: el suministro de los motores de avión. Y no es por la guerra de Irán, sino por dificultades en las cadenas de suministro.

No es un caso aislado. Los sectores de la aeronáutica, el espacio y la defensa crecen de forma exponencial. Sus necesidades van en aumento, las grandes empresas se expanden y sus empresas abastecedoras van colapsadas y no dan abasto.

Por otra parte, muchos sectores industriales maduros empiezan a preocuparse por su futuro inmediato y están buscando nuevos formatos y nuevos proyectos, porque los actuales se quedan obsoletos.

Nos deberíamos preguntar, ¿qué impacto tendría en Cataluña una ralentización de la actividad de Seat o de Ficosa? El impacto sería muy importante porque heriría de muerte a un conjunto de empresas. Y no pocas.

Este pasado viernes pudimos ver cómo la industria catalana se hacía estas preguntas y aportaba soluciones en una alianza entre las empresas y la Administración, además de concienciar de que en este nuevo ecosistema la unión hace la fuerza --la mayoría de nuestro sector industrial está formado por pymes-- para acceder a contratos complejos con un alto nivel de exigencia y que suman diferentes tecnologías. Un rara avis en este mundo donde impera el sálvese quien pueda.

Miquel Sàmper, el conseller de Empresa, apuesta por no dejar a Cataluña al pairo y no aprovechar una oportunidad importante porque no partimos de cero: tenemos la tecnología y el talento.

Según un informe elaborado por PwC en 2023, este sector contribuyó con 19.688 M€ al PIB, 215.607 puestos de trabajo, 8.258 M€ en exportaciones y 2.403 M€ en I+D+i. Cifras que describen un motor de innovación y empleo cualificado con efecto tractor sobre proveedores. Ahora toca movilizarlo.

Y a esto se está aplicando el conseller de la mano de AeroS, una agrupación de empresas de alta cualificación en defensa, aeronáutica y espacio que apuesta por la colaboración. “Superar las barreras de entrada en un sector tan exigente requiere recursos y capacidades que van más allá de lo que puede movilizar una empresa por sí sola, por lo que AeroS impulsa alianzas empresariales para articular alianzas sólidas entre empresas, centros tecnológicos y universidades para constituir consorcios capaces de optar a proyectos de mayor dimensión y, por tanto, de crecer con ambición y visión de futuro”, como pudimos oír en el cónclave que reunió a lo más granado de la industria catalana y al ministro de Industria, Jordi Hereu.

El porqué de este movimiento se sustenta en datos. El Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa prevé movilizar más de 35.000 millones de euros en 2026 para alcanzar el 2% del PIB, con una apuesta explícita por nuevas tecnologías de telecomunicación y ciberseguridad y por tecnologías de doble uso --militar y civil-- como la inteligencia artificial, la computación cuántica, el 5G y el internet de las cosas. Ninguna empresa catalana aparece como adjudicataria principal y el reparto territorial se ha concentrado en otras comunidades.

Sàmper y AeroS se han empecinado en que esto no se repita. No hacen una lectura resignada ni adoptan una actitud reivindicativa: “nos lo tienen que dar porque somos catalanes”. Nada de eso. Justo lo contrario, consideran esta adversidad como una señal para actuar sobre factores concretos con una alianza público-privada Generalitat-empresas, y entonan un mea culpa cuando dicen “la urgencia de la diversificación productiva no admite aplazamientos”.

Hay que transitar de los sectores tradicionales maduros hacia actividades de alto valor añadido y proyección de futuro. El sector aeroespacial y de defensa reúne precisamente estas condiciones: es intensivo en tecnología, genera empleo cualificado y opera en mercados con demanda creciente y sostenible, fortaleciendo la cadena industrial y acelerando la innovación en el campo de las tecnologías duales.

No es fácil el reto. Quizá llegamos tarde, pero vamos con todo.

En AeroS, por ejemplo, están todos los sectores y todas las empresas que tienen algo que decir y que pueden tirar del carro. La Generalitat está por la labor y los ministerios de Industria y Defensa también. También parece que se ha pasado página en la sonrojante situación de Indra con la llegada de Ángel Simón, que podrá poner orden en ese campeón nacional, que hoy ni es campeón ni nacional, porque ahora estábamos en el peor momento para retozar en el ridículo.

Como titulaba en un artículo publicado en La Vanguardia, Joan Martorell, presidente de Gutmar y vicepresidente de AeroS, Ahora es el momento. Para aprovecharlo hay que estar por lo que hay que estar. La situación no es un problema, es una oportunidad.