Jordi Mercader
Por qué Junqueras fue a la cárcel, según Junqueras
"Hace nueve años afirmó que “por defender la democracia”, y siempre se ha mostrado “orgulloso de haber estado en prisión”, una experiencia que “le abrió muchas puertas”"
Oriol Junqueras ha recuperado su estancia en la cárcel como argumento de autoridad. No es casual. Se acerca el día en que la justicia europea se pronunciará sobre la amnistía a los dirigentes del procés y, tanto él como Carles Puigdemont ya se ven como candidatos efectivos a la presidencia de la Generalitat y como adversarios implacables.
La diferencia más trascendente entre Puigdemont y Junqueras, la que les separa irremediablemente, es que, en 2017, el presidente del gobierno disuelto huyó para afincarse en Waterloo, mientras que el vicepresidente se sometió al proceso judicial que le condenó por sedición y malversación, junto con ocho compañeros de aventura.
Hay que prepararse para revivir aquel episodio en su versión electoralista.
El primero en tomar la iniciativa ha sido Junqueras. Hace algunos meses, empezó a deslizar en sus declaraciones sobre la gestión del IRPF que, a él, la presión de sus interlocutores no le iba a vencer, puesto que había estado en prisión, como si este hecho confiriera un grado especial de ciencia política.
Hace unos días, reincidió en su intento de capitalizar sus cuatro años de cárcel, interrumpidos por el indulto del Gobierno de Pedro Sánchez. “Fui a la cárcel por Cataluña, no para que Ada Colau sea diputada por ERC”, dijo el presidente del partido republicano. Seguramente, quiso decir que “no estuvo en la cárcel para que ahora Gabriel Rufián quiera que ERC se diluya en un frente de izquierdas españolista”.
Es evidente que Junqueras no fue a prisión por hacer posible una estrategia electoral discutible o para exigir la gestión del IRPF, tampoco estuvo en Estremera para luego investir presidentes a Pedro Sánchez y a Salvador Illa, ni siquiera para que Pere Aragonés fuera presidente de la Generalitat, ni mucho menos para que lo fuera Quim Torra o para que repitiera Puigdemont.
Claro que no. Seguramente el ejemplo que él tiene en mente es el de Lluís Companys. El primer presidente de la Generalitat de ERC fue condenado y encarcelado en 1934 por la república autonomista por querer proclamar la república federal. Fue amnistiado en 1936 por el gobierno del Frente Popular y reelegido presidente.
¿Por qué estuvo en la cárcel Junqueras?
Hace nueve años afirmó que “por defender la democracia”. También dijo que se sometió al proceso judicial porque “yo nunca me escondo”, en clara referencia a su adversario por antonomasia en las filas independentistas y avanzando un eventual eslogan electoral. Siempre se ha mostrado “orgulloso de haber estado en prisión”, una experiencia que “le abrió muchas puertas”.
Junqueras no fue condenado por ninguna de sus suposiciones, ni las de antes, ni las de ahora. Su error y el del conjunto de los dirigentes juzgados consistió en intentar pasar el camello de la independencia por el ojo de la aguja del Parlament autonómico.
Una torpeza monumental, sabiendo, como sabían, que la cámara catalana no tiene reconocida por la Constitución vigente la soberanía necesaria para proclamar una república catalana. Algún día, la justicia europea se pronunciará sobre la resolución judicial de este episodio, matizándola o no.
De los dirigentes condenados por el Tribunal Supremo, la mayoría se ha hecho invisible, políticamente hablando. Su reclusión en Estremera no les motivó a seguir en primera línea, sino todo lo contrario. Tan solo Junqueras, Josep Rull y Jordi Turull siguen en activo, aunque solo el presidente de ERC aspira a ocupar el Palau de la Generalitat.
“La cárcel refuerza el alma”, declaró Junqueras en 2017, parafraseando a Juan de la Cruz. Este santo español, que también conoció la prisión, tardó 150 años en ver reconocido su mérito como reformador de los Carmelitas Descalzos. Junqueras demuestra mucha más prisa en capitalizar su condena.