Hace un par de semanas quise comentar con una amiga mis impresiones sobre Dream Count (Unos cuantos sueños, Penguin Random House, 2025), la última novela de Chimamanda Ngochie Adichie, una autora nigeriana afincada en Estados Unidos que en los últimos años se ha consolidado como un icono del feminismo y la literatura postcolonial.
En sus obras, Adichie toca temas como los prejuicios, el racismo, la violencia de género y la discriminación, además de reivindicar sus raíces africanas y la libertad de la mujer en su sentido más amplio.
Sin embargo, mi amiga, que es una gran lectora y se ha leído la mayoría de sus libros, me dijo que no pensaba leerse este último porque la autora la había decepcionado. “¿Cómo puede ser que una feminista como Adichie haya recurrido al vientre de alquiler para tener hijos?” Me explicó entonces que hace un par de años, Adichie había decidido ser madre por segunda vez, con 45 años, y había tenido gemelos gracias a la maternidad subrogada. Su decisión causó gran estrago entre sus seguidoras feministas, entre ellas, mi amiga, que ha decidido “cancelarla” temporalmente como escritora por una decisión que ella considera un “abuso de poder económico y social” por parte de una mujer acomodada hacia otra más vulnerable.
“Mucha gente dice que está mal alquilar el cuerpo de una mujer. Argumentan que es deshumanizante. Es cierto que puede serlo, pero creo que lo que importa es cómo se hace, y creo que se puede hacer de forma ética”, dijo Adichie en su defensa en el diario nigeriano Times. Además, es la misma gente que dice que las mujeres pueden hacer lo que quieran con su cuerpo, y ahí hay una contradicción”, añadió.
Adichie, igual que las mujeres de sus novelas, no pretende ser una heroína, una feminista modélica, sino una persona con todas sus debilidades e incoherencias, que comete errores y aprende de ellos, y que, sobre todo, no juzga. “Confío en que, si algo bueno sale de todo esto, haya más mujeres que se sientan menos avergonzadas de hablar sobre cómo han llegado a la maternidad por vías no tradicionales. Creo que hay mujeres que tienen bebés mediante gestación subrogada, o que adoptan bebés, que se esconden durante nueve meses porque nuestra sociedad es muy crítica, y no creo que eso sea bueno para nadie. Pero, ya sabes, mi hija y mis bebés son el mayor regalo que me han dado, así que no me arrepiento de nada”, dijo la autora nigeriana, que, lamentablemente, perdió a uno de sus gemelos el verano pasado, debido a una negligencia médica en un hospital de Lagos.
Como feminista que soy, creo que cada mujer puede hacer lo que le dé la gana para satisfacer su deseo de ser madre, siempre que no haya coerción o abuso de por medio. “¿Es un capricho de la clase acomodada tener un hijo mediante vientre de alquiler?” Sí. ¿Pero no lo es también tener dos casas, pasar las vacaciones en un país en vías de desarrollo, tener una asistenta del hogar filipina?
En un mundo dominado por la inmediatez, la sobreabundancia de información y las falsas verdades, Adichie defiende la literatura de ficción como la única forma de narración honesta que nos queda.
“Hoy en día, existe una desconfianza cada vez mayor hacia el periodismo”, dice Adichie en una entrevista reciente para el Courier de la UNESCO. “Muchos aspectos del periodismo, como su objetividad y la veracidad de sus hechos, se han vuelto cuestionables. En este contexto, es más probable que la gente confíe en la ficción, porque no parte de un contexto político ni pretende ser exclusivamente factual”, añade. Según Adichie, la ficción tiene un poder único para transportarnos a las vidas y motivaciones de otras personas, además de tener capacidad para conmovernos. “Mientras que el periodismo nos cuenta lo que pasó, la ficción nos cuenta cómo se sintió. Y, como seres humanos, nos conmueve más cuando nuestras emociones se involucran en una historia”, concluye.
