La desinformación galopa a lomos del descontento y la verdad pierde su mejor virtud en manos de la posverdad. Es el terreno sembrado de los extremos que hoy desaparecen por la izquierda (Podemos) y alcanzan su límite por la derecha (Vox).

Las elecciones de Castilla y León demuestran que la desconfianza ante un futuro apocalíptico se lleva por delante a las dos corrientes laterales y abre de nuevo el camino del centro, allí donde el país se siente concernido.

Dos días después de Castilla y León, las escaleras de la catedral de Barcelona están dominadas por una bruma tornasolada de viajeros. La primavera llega sin prisas, y el “ya está bien” de Feijóo recibe una respuesta mansa de Abascal.

El hombre que regala investiduras pero no legislaturas encaja, quieto chitón, el reconocimiento soberano de que “hubo mucho abuso” en la colonización de América, dicho por Felipe VI ante el embajador de México en la presentación de la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, presente en el Instituto Cervantes, La Casa de México, el Museo Arqueológico y la Thyssen-Bornemisa.

El lunes era un día de asueto poselectoral hasta que irrumpió la metafísica. Al nacionalismo petimetre de cuello camisero le duele especialmente que su majestad no respete la cristianización del indio a base de cruces y espadas. Las américas son catedrales sobre los Andes además de playas caribeñas. Totalmente de acuerdo, pero no hacía falta encadenar a Moctezuma, pasar por las armas a los aztecas desarmados ni responder con sangre indígena a la noche triste de Cortés; no hacía falta ser una encarnación de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada.

Algunos dicen ahora que, con estas declaraciones, el monarca se suma a las falsas teorías defendidas por lo que se conoce como leyenda negra. Ah, a nuestros caballeros no les toques las hazañas, pero hubo “mucho abuso” y es de justicia reconocerlo, como hizo el jefe de la Diplomacia española, José Manuel Albares, hace un año. “Hubo dolor e injusticia hacia los pueblos originarios. Justo es reconocerlo”.

La visita de Felipe VI a la exposición mexicana constituye un gesto de reconciliación simbólica entre los dos países después de que, en 2019, el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador --pelín exagerado-- exigiera por carta al Rey que pidiese perdón por los desmanes cometidos durante la Conquista.

El silencio de  Felipe VI resultó entonces un desaire para López Obrador, lo que abrió una crisis diplomática. El desencuentro se agravó cuando la nueva presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, decidió no invitar al Rey a su toma de posesión.

Los más conspicuos patriotas, al sentirse espiritualmente heridos por su propio Rey, sacan ahora a la Escuela de Salamanca, la revolución del conocimiento y antecedente barroco de la modernidad, que influyó mucho en las misiones de Ultramar; citan al padre Vitoria y a Francisco de Suárez, pero se olvidan de Bartolomé de las Casas, el miembro de aquella vanguardia intelectual que puso al descubierto los desmanes españoles en Indias. Y hemos esperado hasta Felipe VI para revisar la Reconquista moral de aquella Conquista. La Historia es cosa de acentos y de puntuación; no de adhesiones.