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Rosa Cullell opina sobre la situación de las mujeres en Irán

Rosa Cullell opina sobre la situación de las mujeres en Irán Europa Press / Fotomontaje CG

Pensamiento

No a la guerra contra las mujeres

"Los nuevos 'progres' españoles (también algunos viejos), además de ser incapaces de discrepar, olvidan la crueldad de los 47 años de la dictadura islámica iraní"

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Irán no es Irak. Y el mundo es otro. El “no a la guerra” del reciente 8M ha sido, simplemente, otro intento de los partidos de la izquierda española de aprovechar su odio a Donald Trump. Creen que les dará votos.

En Madrid, durante las manifestaciones del fin de semana, participaron 34.000 personas, las mismas que acudieron el año anterior cuando no había estallado el conflicto bélico. En Irán, y en todo el mundo, hombres y mujeres salen a la calle contra la dictadura de la Sharia. Son pocos los que apoyan al nuevo líder supremo, al hijo multimillonario del anterior dictador elegido a dedo por 88 ayatolás. El “no” debería ser contra quienes, desde 1979, discriminan a las iraníes, asesinan a la disidencia y tienen cuentas en paraísos fiscales.

Con la ilusión de reagruparse y hacerse con los votos del vecino político, la izquierda española anda perdida. Juega a corto hasta la siguiente votación (Castilla-León, Andalucía… y lo que siga). Ganan tiempo para desgastar al PP y seguir sacando a Vox a pasear. Se apropian del feminismo.

Por ahora, son pocos los españoles que quieren manifestarse contra una guerra decidida de forma impetuosa por Trump, que Europa apoya y a la que España ha enviado una fragata.

Los nuevos progres españoles (también algunos viejos), además de ser incapaces de discrepar, olvidan la crueldad de los 47 años de la dictadura islámica iraní. En su parecer, no atenta contra los derechos humanos ni contra el sacrosanto orden internacional.

Quizás no recuerdan la historia. Vale la pena hablar de ella. En 1979, durante la revolución que derrocó al Sha de Persia, la izquierda iraní apoyó el cambio. Poco después, miles de sus militantes y líderes fueron encerrados y/o ejecutados. Se instauró la ley de la Sharia.

Una iraní (médica de profesión), que emigró a Barcelona hace 15 años y ejerce de taxista, me habló con fervor, ya mucho antes de los bombardeos, de la necesidad de acabar con el régimen de los ayatolás que ha dejado en la pobreza a millones de ciudadanos. En 2025, el PIB per cápita, indicador del nivel de vida iraní, era de 4.000 euros. Bajísimo. Y, en el último Índice de Percepción de la Corrupción, Irán quedó en el puesto 23. Entre los peores del mundo.

Los iraníes saben que la corrupción es generalizada. Una investigación conjunta de Bloomberg y Financial Times ha desvelado que Mojtaba Jamenei, el nuevo líder supremo y vástago del dictador fallecido en los bombardeos de EEUU e Israel, tiene una fortuna estimada de 400 millones de euros fuera del país: en Londres, España, Alemania y en diversos paraísos fiscales.

Todos queremos que acabe esta guerra, pero quiero hacerles una pregunta: ¿para cuándo una declaración firme de la ONU contra los regímenes que apartan y someten a las mujeres? Se consiguió, hace décadas, un apoyo casi unánime para denunciar el apartheid que sufrían los ciudadanos negros de Sudáfrica. Pero, hasta hoy, Naciones Unidas sólo ha decidido restablecer sanciones fuertes contra Irán “por la falta de garantías en su programa nuclear”. De la bomba atómica, pocos se olvidan.

Desde un punto de vista geopolítico y económico, lo más urgente es desanimar la tentación iraní de mantener cerrado el estrecho de Ormuz, por donde entran y salen barcos de crudo o gas licuado. La subida del precio de la energía y de los combustibles daría de lleno, a corto plazo, en los bolsillos del contribuyente europeo y norteamericano. Incluso de China, que ya ha abierto conversaciones con Trump.

Desde las redes me llegan mensajes recordándome que las iraníes van en masa a la universidad. Cierto. Hay un alto nivel de literalidad femenina en el país, aunque sería mejor no olvidar que las mujeres, para estudiar, necesitan “el permiso del padre o de otro hombre de la familia”.

El valiente activismo iraní ha impulsado mejoras importantes en el ámbito cotidiano. No obstante, según el Banco Mundial, en 2025 sólo el 16,9% de la población activa iraní es mujer. Los maridos pueden prohibir la carrera laboral de ‘sus’ esposas. Sin hablar de la homosexualidad que, como afirman los líderes de la teocracia, “no existe en Irán”. Las personas que la practican son detenidas, encerradas, incluso colgadas de una grúa.

El comportamiento de Trump puede gustar mucho, poco o absolutamente nada; a mí, como a muchos norteamericanos, me cuesta entender bastantes de sus decisiones, y sé que no bombardea para salvar a niños ni a mujeres. Pero sí creo que el orden internacional actual, que comenzó tras la II Guerra Mundial, está cambiando y debe adaptarse a los nuevos tiempos y comportamientos. La guerra contra la igualdad de derechos que practican regímenes teocráticos, como el iraní, debe acabar.