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Marian Muro opina sobre la falta de alojamientos en Barcelona

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Pensamiento

En riesgo la capacidad alojativa de Barcelona para acoger eventos de gran prestigio internacional

"Los pisos turísticos no son un lujo, sino un pilar estratégico de nuestro modelo de alojamiento, complementario a hoteles y hostales"

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Barcelona se ha consolidado como una de las principales capitales mundiales para albergar congresos y grandes eventos internacionales. Su infraestructura ferial, su conectividad internacional y su oferta de alojamiento turístico diversificada permiten recibir cada año a cientos de miles de visitantes y delegados, generando riqueza en restauración, comercio, cultura y servicios.

Sin embargo, este liderazgo está en grave riesgo. La eliminación de los apartamentos turísticos legales prevista por el ayuntamiento para 2028 supondrá la pérdida de más de 50.000 plazas de alojamiento turístico en la ciudad, es decir, el 40% de su capacidad actual. Una cifra que no pasa desapercibida.

Esta medida representaría un gran retroceso y comprometería el potencial actual de la capital catalana para atender con éxito picos de demanda durante la celebración de eventos de gran formato como el Mobile World Congress, el ISE o festivales internacionales como el Sónar o el Primavera Sound.

Estos días, con motivo del MWC, tanto los hoteles de Barcelona como los pisos turísticos legales han alcanzado prácticamente el 100% de ocupación, una situación que se reproduce también en la corona metropolitana.

Los datos evidencian con claridad que, sin la aportación de los apartamentos turísticos legales, la presión sobre el resto de opciones de alojamiento se intensificaría de forma crítica, provocando una grave escasez de plazas, un encarecimiento generalizado de los precios y serias dificultades para que delegaciones y visitantes con presupuestos limitados puedan desplazarse y alojarse en la ciudad.

La eliminación de más de 50.000 plazas supondría, en la práctica, un colapso de la capacidad alojativa de Barcelona para acoger un evento de esta magnitud. A ello se suma, además, el importante déficit de transporte público, que ya hoy limita los desplazamientos desde fuera de la capital catalana.

Suprimir de forma taxativa todo un sector implica poner en riesgo la competitividad de Barcelona frente a otras ciudades españolas y europeas, capaces de ofrecer una oferta de alojamiento suficiente, accesible y adaptada a grandes congresos y ferias.

Los pisos turísticos no son un lujo, sino un pilar estratégico de nuestro modelo de alojamiento, complementario a hoteles y hostales. Permiten absorber picos de demanda, distribuir visitantes por todos los barrios de la ciudad, y sostener un ecosistema económico vital.

Según la consultora PwC, estas viviendas contribuyen con 1.900 millones de euros al PIB local y generan más de 40.000 puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos en sectores tan diversos como limpieza, mantenimiento, servicios tecnológicos, startups y proveedores locales.

Eliminar esta modalidad de alojamiento turístico no es una solución equilibrada. La Comisión Europea ya ha advertido de que la prohibición generalizada no es la herramienta adecuada para gestionar los pisos de uso turístico, recomendando marcos regulatorios proporcionados y eficaces. Regular es necesario; eliminar una modalidad legal y controlada sería un retroceso económico y reputacional de gran alcance que Barcelona no puede permitirse.

La ciudad necesita un modelo turístico diversificado, ordenado y sostenible para mantener su prestigio y su posicionamiento internacional. Mantener y fortalecer todas las plazas de nuestra oferta alojativa es imprescindible para seguir siendo un referente global para el sector MICE.

La elección de Barcelona como sede de eventos internacionales depende de la disponibilidad y diversidad de alojamiento. Si queremos seguir atrayendo talento, profesionales y visitantes de todo el mundo, no podemos permitir que desaparezca el 40% de nuestras camas. La competitividad de nuestra ciudad y su proyección internacional están en juego.