Otro nuevo sábado de gloria de crónicas rápidas internacionalistas para intentar analizar desde cualquier punto de vista, y la mayoría de veces con la misma solvencia intelectual que una berenjena, los acontecimientos nada baladíes que están pasando mientras escribo estas líneas.

En este momento, el Ejército israelí como brazo ejecutor, y en coordinación con su primo de Zumosol, Estados Unidos, están bombardeando los principales centros de poder del régimen teocrático criminal y asesino de los ayatolas de Irán, después de que estos fanáticos barbudos hayan aniquilado las protestas populares con miles de muertos, demostrando una vez más que el islamismo gusta de bañarse en sangre disidente.

Por todas partes desde donde yo puedo ver esta noticia me parece excelente, sin ningún tipo de reproche ni paliativos. Y cualquier persona con un mínimo de decencia humana y que no tenga el cerebro atrofiado a base de hacerse pajas mentales posmolerdas estará mayoritariamente de acuerdo conmigo. Pienso en mis compañeras iraníes y lo celebro por ellas.

Sin embargo, no faltarán la legión de analfabetos funcionales que le pongan el pero al asunto porque Trump es el presidente de Estados Unidos. Pues sí, es un patán, un abusador, un impresentable con todas las letras, pero eso no le quita ni medio gramo de eficacia a su “política exterior”, de la que se va a beneficiar el mundo entero. Al menos el mundo occidental y civilizado.

Donald Trump, presidente de EEUU Europa Press Washington, DC

Venezuela se va a beneficiar de la caída de Maduro, a pesar de las élites bolivarianas dictatoriales; México, de la eliminación del Mencho, a pesar del gobierno corrupto más infiltrado por el narco de la historia mexicana; e Irán dejará de ser una amenaza para el mundo y para los iraníes.

El precio que vamos a pagar es que los gringos hagan negocios en esos territorios, ciertamente, pero no sean ilusos, ya se hacían negocios en esos territorios, solo que los hacía el crimen organizado, el neocomunismo dictatorial o todo tipo de terroristas de cualquier pelaje.

La alternativa a que esto esté pasando así la tenemos en el ejemplo vívido de los cuatro años de guerra insufrible en Ucrania, donde Europa disque ha llevado la voz cantante en la estrategia y el resultado es evidente: un cagadero absoluto con miles de muertos que va a acabar como podía haber acabado a las dos semanas de empezar, solo que con los cementerios llenos.

Y hablemos de negocios en Ucrania y de presidentes norteamericanos, sólo para recordar que el hijo de Joe Biden fue el principal proveedor de armas en Ucrania durante el mandato de su papá, que lo último que hizo como presidente senil fue indultar a su vástago precisamente porque estaba de corrupción hasta el cuello a cuenta de esos negocios.

Europa no es nadie, no ha querido ser nadie y este es el resultado. No sé exactamente en qué momento Europa cayó en manos de gente horrible, gente fea, que la ha convertido en lo que es, a saber, en el mejor de los casos un gran asilo para ricos (o un gran burdel), absolutamente irrelevante en política, donde hemos suicidado cualquier posibilidad de economía productiva para que las mafias de las energías renovables (de las que forman parte ilustres miembros del gobierno europeo y español), se hagan de oro, al tiempo que la población ha pasado del aplatanamiento irresponsable a la ira furibunda mal canalizada y veremos a ver dónde acabamos.

En un mundo ético y decente, Europa, el único lugar donde se supone que los Derechos Humanos son el eje central de la civilización, debería tener la fuerza política y militar para ejercer de gendarme mundial y parar a tiempo desmanes como los de Venezuela, México, Irán, Sudán, Congo o Cuba, en lugar de dejar que se pudran, igual que su gente, mientras nos dedicamos a legislar sobre los tapones de plástico.

La razón por la que no lo hacen es porque Europa también hace negocio con la gente malvada. La diferencia con Estados Unidos es que en Europa llevamos sesenta años viviendo de que otros nos resuelvan la papeleta.

Habrá quien piense que hay una cosa llamada ONU que teóricamente se creó para hacer eso, pero dejen que les cuente que mientras los ayatolás tiroteaban a manifestantes, Antonio Guterres, el siniestro secretario general de la ONU, nombraba a Irán vicepresidente de la comisión de seguimiento de la Carta de Derechos de la ONU, y felicitaba a su gobierno por su gran labor. Mientras ayer mismo, en los Países Bajos, el comité de la CEDAW, organismo de la ONU encargado de la presunta vigilancia y lucha contra la violencia hacia las mujeres, emitía un informe en el que alertaba de las “malas condiciones del trabajo sexual en menores de edad”. Como ven, la ONU es un artefacto misógino y corrupto, donde más de una tercera parte de sus miembros son dictaduras y lo único bueno que puede hacer a estas alturas es disolverse y dejar de costarnos el dinero.

Así que este es el panorama. Y por mucho que los pedantes analistas tertulianos se rasguen las vestiduras hoy, como en las grandes americanadas hollywoodienses de los años 90, sólo Estados Unidos se está encargando de los malos, sobre todo porque nadie más ha querido hacerlo, víctima del buenismo suicida que va a llevar al colapso de nuestra frágil democracia, secuestrada a manos de gente horrible.

Sólo espero que a las mujeres cubanas les llegue pronto el turno y puedan por fin dejar de “jinetear” para mantener la “Rabolución Cubana” con sus cuerpos agotados. Ánimo.