Durante el procés, los no independentistas éramos increpados por la calle, en el supermercado, en la cola del cine o del teatro. En las reuniones familiares o de amigos éramos señalados y, por ende, vilipendiados. La mayoría se pavoneaba de lo que consideraban su superioridad ética y de pensamiento. Así nos convertimos en nyordos o simplemente fachas, porque oponerse al procés solo obedecía a un planteamiento retrógrado.
La mayoría de los contrarios a la independencia callaban. No querían problemas. Se convirtieron en invisibles. El problema no era nuevo. La teoría de la espiral del silencio fue desarrollada por la politóloga y socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann en la década de 1970. Plantea que las personas ocultan sus opiniones si creen que son minoritarias por miedo al aislamiento social, provocando que las posturas dominantes parezcan más fuertes y las minoritarias se silencien más.
Así, el ambiente se hizo irrespirable para los que supuestamente eran minoritarios, aunque luego se demostró que no lo eran tanto. Pocos levantaban la voz. Quienes se atrevieron, fueron víctimas de mensajes de odio. Sin más decoración, de odio. Hoy, esto se vuelve a repetir de la mano de la ultraderecha facciosa.
El último ejemplo han sido los therians. Un fenómeno que ha sido debidamente inflamado por los medios, pero que no parece existir. En la concentración de Barcelona, y en otras ciudades, no vimos therians, pero sí a fanáticos ultraderechistas que se exaltaban al grito de alto nivel intelectual de “Pedro Sánchez, hijo de puta”. Los agitadores de extrema derecha se pasearon ufanos criticando la decadencia moral de la sociedad. No había therians que patear, como resaltan las crónicas, y se dedicaron a los trans o a los homosexuales.
Esto fue un momento estelar para estas hordas totalitarias e intolerantes que campean a sus anchas cada día más y que tienen el apoyo judicial amparándose en el derecho a la libertad de expresión, que ellos niegan a todo aquel que no secunde sus consignas.
Esta semana he vivido dos situaciones desagradables en este sentido. La primera en un restaurante donde compartía mesa y mantel con dos amigos. La sala estaba llena. Entró en ella un vendedor de lotería. Se acercó a la mesa, nos ofreció un número y declinamos comprar ningún billete. ¡Para qué más! Soy una persona pública, no escondo mis opiniones de izquierdas y arremetió contra mí.
"¿Qué le parece que el presidente y el Gobierno no estén en la cárcel? Son una panda de delincuentes, ¿no cree?". Con actitud desafiante, siguió dando la brasa. Los argumentos, mediocres: repeticiones de eslóganes de los que se sienten más fuertes si insultan, increpan, o desacreditan al que representa el mal. Del estilo del diputado de Vox, muy demócrata él, que dijo que iba a echar a patadas al presidente de RTVE.
Le respondí al vendedor de cupones con argumentos y con la cara bien alta. La sala del restaurante seguía llena y... en silencio. Nadie dijo esta boca es mía. Solo un servidor plantó cara. El fulano consiguió su objetivo, la espiral del silencio ya está aquí.
Un par de días más tarde, estaba con el coche aparcado esperando a mi pareja. Otro tipejo se me acerca con la moto y con el casco puesto, supongo que para que no se le escapen las elaboradas ideas que tiene en su cerebro. Y me espetó con su pasamontañas de plástico y metal: "Sánchez dimisión".
La gente que estaba a mi alrededor se miraba, y me miraba, perpleja. Algunos me reconocieron y cuchichearon entre ellos. El valiente increpador salió a toda velocidad como alma que lleva el diablo. Había hecho su hombría del día. Yo también hice uso de mi libertad de expresión y lo envié a la mierda. Nadie más. Volvía más viva que nunca la espiral del silencio.
Les aviso, esto irá a peor porque están envalentonados, porque tienen las encuestas a favor y el ambiente será cada vez más irrespirable porque se creen con derecho a insultar y a increpar a quien no piense como ellos.
Eso ya sucedió en la Alemania nazi y ya sabemos cómo acabó, pero no aprendemos. Parafraseando a mi compañera Miriam Saint-Germain, “pocos therians y muchos animales”.
