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Gonzalo Bernardos opina sobre la actual incertidumbre económica y social

Gonzalo Bernardos opina sobre la actual incertidumbre económica y social EFE / Fotomontaje CG

Pensamiento

La era de la incertidumbre

"La seguridad ha sido derrotada por el desasosiego, y el revés ha sido tan rápido que a muchos no les ha dado tiempo a aclimatarse a las nuevas reglas. Es lo que suele suceder en una etapa de cambios"

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En la actualidad, numerosas personas tienen miedo al futuro, pues están convencidas de que dentro de unos años vivirán peor que ahora o de lo que lo han hecho sus padres.

La seguridad ha sido derrotada por el desasosiego, y el revés ha sido tan rápido que no les ha dado tiempo a aclimatarse a las nuevas reglas del juego. Es lo que suele suceder en una etapa de muchos y profundos cambios.

Los principales motivos de la aparición de la era de la incertidumbre son los siguientes:

1) Donald Trump. En su segundo mandato, el presidente de EEUU está siendo un gran generador de problemas, tanto desde una perspectiva política como económica. En primer lugar, el país americano ha dejado de ser el gran aliado de la Unión Europea (UE). El intento de anexión de Groenlandia ha marcado un antes y un después en las relaciones transatlánticas, pues las naciones del viejo continente arrastran una cicatriz que aún supura.

En segundo, en la guerra entre Rusia y Ucrania, la posición adoptada por Trump resulta decepcionante, pues a veces parece más cercana a los intereses del país invasor que a los del invadido. En tercero, la captura del dictador Nicolás Maduro y la intervención de EEUU en Venezuela constituyeron una flagrante violación del derecho internacional.

En cuarto, los aranceles de quita y pon están generando muchos problemas a numerosas empresas, ya que la competitividad de sus productos en EEUU depende en gran medida de su importe. Por eso, en el primer semestre de 2025, una sustancial parte de las compañías multinacionales decidió hacer una pausa en sus inversiones. Ahora sus directivos ya saben que lo sucedido en dicho período no es la excepción, sino la nueva normalidad.

Finalmente, sus actuaciones para reducir la independencia de la Reserva Federal respecto al poder político pueden mermar en una elevada medida su capacidad para estabilizar la economía de EE.UU y contribuir decisivamente a solucionar algunos problemas a nivel global. Si su nuevo presidente se convierte en un títere de Trump, el mundo habrá perdido a su faro financiero y el dólar y la deuda americana probablemente serán sus principales víctimas.

2) Vladimir Putin. La invasión de Ucrania por parte de Rusia despertó a las naciones europeas de un profundo y maravilloso sueño: la paz permanente. Desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en Europa el conflicto bélico más duradero fue la guerra de los Balcanes (1991–2001), una contienda en la que no participó directamente ninguno de los principales países del continente.

Si Putin tiene éxito en Ucrania, podría repetir la operación en alguna de las naciones que comparten frontera con Rusia y, especialmente, en los países bálticos. Para disuadir al presidente ruso, la UE ya no dispone de la ayuda incondicional de EEUU. Un problema inesperado para los líderes europeos que les obliga a cambiar su política de defensa.

Aunque la OTAN sigue existiendo, recomienda a sus miembros aumentar el gasto en defensa y está obligada a actuar si uno de sus integrantes es atacado; su reacción podría ser diferente de la prevista si Trump decidiera que su país no interviniera en el conflicto. En el primer año de su segundo mandato, el presidente de EEUU ha dado sobradas muestras de la volubilidad de su pensamiento.

Así pues, las naciones europeas deberían dotarse de una política de defensa propia y dedicar a ella más recursos de los que han invertido en los últimos 30 años. Si así lo hicieran y en 2035 destinaran a dicha actividad el 5% del PIB, tal y como pretende la OTAN, el Gobierno español habría de aumentar los impuestos o reducir las prestaciones públicas. En 2024, la partida destinada a sanidad (6,7%) era la única que superaba dicha cifra, pues el déficit del sistema de pensiones se situó en un 4,3% y el gasto en educación, aproximadamente en un 4%.

3) La inteligencia artificial (IA). Al igual que con otros grandes cambios tecnológicos, la IA generará un elevado aumento de la riqueza, al incrementar en una sustancial medida la productividad de los trabajadores. No obstante, la principal incógnita radica en si su distribución será relativamente equitativa o sumamente desigual. Si sus beneficios no se concentran en unas pocas manos, sino que llegan a la mayor parte de los ciudadanos, la IA mejorará de forma significativa su calidad de vida.

En un futuro aún lejano, la IA puede contribuir decisivamente a que trabajemos 32 horas a la semana, vivamos más años y con mejor salud al acelerar el descubrimiento de nuevos medicamentos, y tengamos a nuestra disposición un mayor número de bienes y servicios. Incluso, en el mejor de los escenarios, continuaría siendo posible jubilarnos a los 65 años y disponer de una buena pensión.

Sin embargo, en el corto plazo, la IA eliminará numerosos empleos. En esta ocasión, los más afectados no serán los de mono azul, como solía ser habitual, sino los de cuello blanco. Entre los perjudicados estarán contables, administrativos, desarrolladores de software, operadores telefónicos, intérpretes y traductores.

En los próximos años, para continuar teniendo un empleo, la mayoría de los perjudicados por la IA deberá adquirir nuevas habilidades y acertar en su elección. Si logra ambos objetivos, le irá mejor de lo que le va. No obstante, como casi nadie desea reinventarse profesionalmente, especialmente si tiene un trabajo que le gusta y domina, el desarrollo de la IA generará inquietud e incertidumbre entre numerosos trabajadores.

Para los afectados, existirá un gran consuelo. Si las consecuencias de la IA son similares a las de las principales innovaciones tecnológicas del pasado, los empleos creados superarán a los destruidos. A ello contribuirá de manera decisiva la reducción de la jornada laboral semanal. Por tanto, dispondrán de diversas opciones entre las que elegir.

4) Las pensiones públicas. Un gran número de españoles desconfía del importe de la pensión pública que percibirá una vez se jubile. Considera que, aunque haya cotizado más que los actuales pensionistas, el poder adquisitivo medio de la prestación recibida será inferior al actual. Desgraciadamente, es probable que tenga razón, si la IA u otra gran innovación tecnológica no lo remedia.

En primer lugar, porque en nuestro país los jubilados con rentas medias perciben una compensación sumamente generosa. Entre los 38 países de la OCDE, en 2024 los pensionistas españoles fueron los que obtuvieron un mayor porcentaje de pensión bruta en relación con su último salario (80,4%), una proporción muy superior al promedio de la UE (54,5%).

En segundo, según Fedea, en 2025 el déficit del sistema de pensiones ascendió a 69.800 millones de euros. Una elevada cuantía que aumentará en los próximos años debido a la jubilación de una sustancial parte de la generación del baby boom y el fracaso de la reforma impulsada en 2023 por el ministro José Luis Escrivá. Debido a ello, en los próximos años cambiarán las leyes que regulan las prestaciones de los jubilados, y las modificaciones dudo mucho que resulten favorables para sus intereses.

La nueva reforma probablemente aumente la edad legal de jubilación, reduzca el importe de la pensión inicial y deje de actualizar el resto según el IPC anual en el caso de los pensionistas con mejores remuneraciones.

Los más perjudicados no serán quienes menos han aportado a la Seguridad Social, sino los que lo han hecho más, pues la Administración protegerá en mayor medida a los primeros que a los segundos, porque constituyen un grupo más numeroso (proporcionan más votos) y tienen mayores dificultades para llegar a final de mes.

En definitiva, por motivos políticos, tecnológicos y económicos, en los últimos años hemos entrado en una nueva etapa: la era de la incertidumbre.

Desde la primera perspectiva, la inquietud podría disminuir de manera sustancial si, en los próximos, años Putin y Trump son sustituidos por dirigentes más centrados en mejorar el nivel de vida de su población que en desempeñar un papel destacado en la historia de su país.

Desde la segunda, la incertidumbre laboral no disminuirá, sino que crecerá en el próximo futuro debido a la utilización de la IA por parte de un mayor número de empresas. Por tanto, si desean continuar teniendo un empleo y percibir un buen salario, numerosos trabajadores de cuello blanco deberán adquirir nuevas habilidades profesionales. Si poseen la suerte de encontrar una ocupación donde desempeñen funciones similares a las que hasta ahora realizaban, la remuneración real percibida será inferior a la que antes obtenían.

Desde la tercera, el descontento de los jóvenes propiciará que los políticos actúen sobre una de las principales anomalías actuales: unas excesivas y crecientes cotizaciones sociales generadoras de un trasvase de rentas desde quienes menos riqueza poseen (los menores de 40 años) hacia los que acumulan un mayor patrimonio (los jubilados). Los primeros continuarán financiando las pensiones de los segundos, pues así funciona el sistema de reparto, pero en el futuro destinarán a ello una menor proporción de su salario.

La incertidumbre no es un fenómeno nuevo, sino que siempre ha existido. Cuanto más elevada es, mayores son los beneficios y perjuicios que puede proporcionar. Los primeros recaerán sobre quienes acepten y se adapten a las nuevas reglas del juego. Los segundos afectarán a los que se resistan a ellas y añoren el pasado. Unos son pragmáticos y otros melancólicos. De ambos grupos, ¿a cuál pertenece usted?