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Fotomontaje de Gabriel Rufián en el Congreso de los Diputados

Fotomontaje de Gabriel Rufián en el Congreso de los Diputados CG

Pensamiento

Gabriel Rufián terminará de concursante televisivo

"Por fortuna para el chico de Santa Coloma, Madrid ofrece oportunidades más allá del congreso de los diputados, algunas de las cuales están pensadas para fracasados en las más diversas profesiones, la política entre ellas."

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A Rufián no lo quieren en ningún lado. En ERC hace tiempo que se han hartado de él y que le insinúan que a lo mejor tendría que ir pensando en largarse, aunque parece que el hombre no termina de pillar las indirectas, es como esas visitas pelmazas que no se van a su casa ni aunque el anfitrión se haya puesto ya el pijama, al final tendrán que gritarle que deje el partido de una puñetera vez.

Tampoco le quieren los demás partidos de izquierda que aspiraba a unir contra lo que él llama fascismo (salvo Mas Madrid, pero eso, más que un partido, es un grupo de amiguetes que quedan el fin de semana), que es casi todo.

El colmo es que le haya dado calabazas hasta Bildu, porque si hay un partido que tenga tragaderas a la hora de aceptar a quien sea es éste, que tiene hasta a etarras entre sus candidatos. Pues ni así.

El problema es realmente importante. No para la izquierda ni para España ni para Cataluña ni para la política en general, sino para el propio Rufián, que se ha acostumbrado a vivir en Madrid sin pegar golpe y ya no sabe dónde buscar otro momio que le permita continuar como en los últimos diez años.

Habituarse a la buena vida no cuesta nada, todo el mundo es capaz de hacerlo sin mucho esfuerzo y en poco tiempo, en cambio, abandonarla una vez que se ha catado, eso es otra cosa, se necesita mucho coraje y amor propio, precisamente las dos virtudes que más echa en falta Gabriel Rufián.

Por fortuna para el chico de Santa Coloma, Madrid ofrece oportunidades más allá del congreso de los diputados, algunas de las cuales están pensadas para fracasados en las más diversas profesiones, la política entre ellas.

Cada vez son más habituales los concursos televisivos donde compiten famosos, cierto es que la mayoría de medio pelo, pero famosos al fin y al cabo.

Empezó Master Chef llevando hasta los fogones a caras conocidas del deporte, la farándula o las revistas, y hoy uno enciende el televisor y tropieza con famosos cocinando, diseñando vestidos, decorando casas, bailando, imitando, haciendo repostería, cantando disfrazados, viviendo semidesnudos en una isla o conviviendo en una casita con cámaras hasta en el baño.

Ser famoso ha terminado convirtiéndose en una profesión. Malo sería que Gabriel Rufián no encontrara en uno de ellos su lugar en el mundo, además, nada le impide cocinar durante una temporada, y a la siguiente intentar sobrevivir en una isla del Caribe junto a un exactor, una exfolclórica y la hija de un viejo presentador de TV.

Y aún en la posterior temporada, imitar a Luz Casal en Tu cara me suena (Rufián ha demostrado de sobras que no le importa nada, nada), elaborar un pastel de cumpleaños haciendo pareja con Julio Salinas o meter mano a alguna despistada en el jacuzzi de Gran Hermano. Será por concursos para famosos.

La mayoría de estos programas se ruedan en Madrid y sus alrededores -salvo Supervivientes, aunque ese podría tomárselo como unas vacaciones-, con lo que Rufián conseguiría su objetivo de quedarse por siempre en la capital de su querida España.

Madrid es una ciudad generosa con quienes llegan de provincias anhelando una oportunidad, incluso concede una segunda y hasta una tercera a quienes -como Rufián- desaprovechan la primera.

La televisión está ahí, esperando al político fracasado, pero, por si acaso, no descartemos para él un futuro de maletilla en Las Ventas, de gorrilla en la Gran Vía, de repartidor de comida a domicilio o de friegaplatos en el Palace, bien cerca del Congreso donde desaprovechó la gran ocasión de su vida. Madrid acoge de maravilla a los provincianos que buscan hacer fortuna.