Soy de los que creen que se está rompiendo muy rápidamente el pacto que nos sostenía como sociedad.
Creo que el pacto es claro y justo: pensiones dignas para quienes trabajaron décadas, vivienda accesible para formar familia, salarios que permiten respirar al final del mes.
Ese equilibrio se hizo trizas hace años. El Salario Mínimo sube —de 950 euros en 2020 a 1.184 en 2025—, pero los alquileres lo devoran todo.
Un piso medio de 60 metros cuadrados se lleva el 70-80% del sueldo en Madrid, Barcelona o Valencia. Trabajas para pagar la jubilación de tus padres mientras duermes en una habitación compartida a los 35 años.
Los números son brutales. En Barcelona, alquileres a 25 euros el metro cuadrado tras subir 12,6% solo en 2025. En Madrid, 22 euros. En el conjunto de España, de media, un 50% más en cinco años frente a salarios que apenas crecen un 25%.
Un mileurista neto paga 900-1.200 euros de alquiler y come arroz tres días seguidos. Mientras, las pensiones subirán --aunque con vicisitudes en su aprobación-- otro 2,7% en 2026.
El contrato generacional era simple. "Yo cotizo tu pensión hoy, tú me dejas un país donde pueda comprar una casa y formar una familia".
Este contrato se rompió porque los pisos a 100.000 euros que hoy valen 400.000, y los alquileres, suben mucho más que el IPC.
Esto no es una queja. Es un diagnóstico. Regulaciones tibias que no tocan los 1,5 millones de pisos vacíos en España. Turismo que acapara barrios enteros --20.000 de Airbnb solo en Barcelona--. Especulación que convierte la vivienda en activo financiero en vez de en derecho básico. Y un discurso político que celebra "récords de empleo" como si eso arreglara que tu nómina no te dé ni para un baño decente después de pagar el alquiler.
Sólo hace falta una simple búsqueda en Google. Mira lo que funciona fuera. Viena tiene el 60% de su población en vivienda pública a 9 euros el metro cuadrado, porque la ciudad es propietaria del 25% del parque inmobiliario.
Singapur metió al 80% de su población en pisos estatales con herencia limitada para evitar especulación familiar. Dinamarca regula el 80% de los alquileres al IPC más un 3% desde hace 45 años sin matar la oferta.
Aquí se ha visto que la fuerte regulación que hay no funciona. ¿En serio a nadie se le ha ocurrido aplicar ideas como en Nueva Zelanda, donde se prohibió a extranjeros no residentes comprar casas en 2018 y estabilizó los precios; o China, donde se grava con un 20-60% las ganancias de algunos pisos vendidos; o Suecia, que mantiene alquileres congelados desde la Segunda Guerra Mundial con colas de 10 años por un piso decente.
Quizá es que España depende mucho más de lo deseable de la inversión en inmuebles. A la propia Administración le interesa que suban, en tanto que cobra muchísimo por el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP). Un piso de 100 pasa a costar automáticamente 110. Y claro, la gente quiere recuperar eso que ha tenido que pagar. Eso es parte del problema, por mucho que se quiera negar.
En todo caso, creo que esto va más allá de los números. Es una traición moral. Una sociedad así no puede durar mucho. La natalidad colapsa porque nadie forma familia en un piso compartido. La movilidad social se congela porque la vivienda es una jaula.
El contrato generacional no se arregla con parches. Ni subiendo el SMI un 4% anual mientras los alquileres suben un 12%; ni con leyes de vivienda que no tienen sentido, ya que no arreglan el problema y crean inseguridad jurídica a los propietarios.
¿En serio no hay más medidas? Aunque sean locas, para probar. Peor no creo que estemos. O sí, y a lo mejor no lo sabemos. Los alquileres son más caros que en otros países con mayor renta disponible.¿Esperamos que la natalidad caiga por debajo de un hijo por mujer o actuamos ya?
¿Cuántas generaciones más vamos a sacrificar antes de admitir que, tal y como se está actuando, no se arreglará esto?
