“Tras años de resistencia celtíbera, tres lugartenientes de Viriato (Audax, Ditalco y Minuro) fueron sobornados por los romanos para matarlo. Al volver para cobrar, Cepión les negó la recompensa y los ejecutó, expresando el desprecio por la traición, incluso si beneficiaba a Roma”. Así cuenta Wikipedia el origen de esa famosa frase “Roma no paga traidores” que advierte que el traidor es un instrumento descartable, despreciable y sin honor, que no merece confianza ni premio a largo plazo.

Hoy los traidores se prodigan en platós de televisión y en debates públicos. ¿Es Felipe González un traidor? Dice que tiene libertad de expresión, y de hecho la tiene, ¡sólo faltaría! Pero un militante vota siempre a su partido. Si considera no votarlo, por honradez y por dignidad, debe abandonarlo. Y, si es militante, tiene todo el derecho a organizarse y dar la batalla. Eso no es traición. Lo otro, lo que hace Felipe, no lo veo tan claro.

Felipe González lo sabe bien, también. Ahora descarta dar la batalla interna y prefiere los púlpitos. ¿La perdería? No lo sé, lo único cierto es que todos los candidatos que han perdido siempre han contado con el apoyo de Felipe. Él dio la batalla interna en Surennes.

En aquel entonces, el secretario general del PSOE, Rodolfo Llopis acusó a González y a su guardia pretoriana de andaluces y vascos con un dardo envenenado: “El PSOE ha perdido la libertad”. Frase casi idéntica a la que ahora lanza Felipe contra Pedro Sánchez. ¿No será que la libertad se pierde cuando no la controla, señor González?

Seguramente, el secretario general del PSOE debe hacer autocrítica de lo que sucede. De lo acaecido en Extremadura, en Aragón, de la estrategia parlamentaria, de las alianzas políticas… Autocrítica y enmienda, sí. El PSOE necesita hacer autocrítica, rehuírla no es de recibo ni sirve para nada. Acusar a García Page de asumir el marco del PP, como ha hecho Rebeca Torró, la nueva secretaria de Organización, es un fraude ideológico, es buscar culpables.

Tampoco Óscar López ha estado acertado culpando a Javier Lambán del fracaso de Aragón. Eso no es hacer autocrítica para buscar razones y refundar un proyecto que ayude a movilizar a los votantes de izquierda. Tirarse los trastos a la cabeza tiene como consecuencia la mejor desmovilización.

Muchos progresistas podemos compartir la crítica al Gobierno y a las formas de hacer del presidente, pero convertirse en traidor y quintacolumnista es otra cosa. Parece que González fue un monje benedictino en la dirección del PSOE, que sus opositores tenían alfombra roja. No se acuerdan de aquello de Alfonso Guerra: “El que se mueva, no sale en la foto”.

González, además, ha dicho una cosa insultante para un militante socialista. Que prefiere pactar con Vox antes que con Bildu. Aún tengo el estómago revuelto. No se acuerda el señor de marras que sojuzgó al PSC para que Pujol campara a sus anchas en Cataluña para tener muleta cómoda en Madrid.

Y tampoco se acuerda de una de las resoluciones políticas de Suresnes: “Al analizar el problema de las diversas nacionalidades, el PSOE no lo hace desde una perspectiva interclasista sino de clase, que implica que el ejercicio del derecho a la autodeterminación se enmarca en la lucha de clases y del proceso histórico de la clase trabajadora en lucha por su completa emancipación”. Sí, sí, el mismísimo González a favor del derecho de autodeterminación y ahora abomina de acuerdos con Junts y con Bildu.

De hecho, nada sorprende. González y Llopis protagonizaron un enfrentamiento generacional. Ahora, también Sánchez y González, aunque el segundo sustituye el debate interno por la audición empedernida del canto de sirenas de todos aquellos que en su día le querían echar a él del Gobierno y ahora quieren echar a Sánchez.

Felipe es hoy para la derecha el socialista bueno, ese que les baila el agua. Ese que dice las cosas que la derecha quiere oír. Es feo pasarse con armas y bagajes de bando. Si eres diputado y lo haces, eres un tránsfuga. Si no lo eres, simplemente eres un traidor.

Eso, imitando el lenguaje romano del centurión Cepión, “el PSOE no paga a traidores”. Y estaría bien que González recordara que el PP tampoco se lo va a agradecer. Ahora le aplauden, luego si te he visto, no me acuerdo.