Hace un par de semanas pude ver en la tele una película que me había quedado con ganas de ver en el cine: Mi amiga Eva (Cesc Gay), que acaba de ganar el premio al mejor guion en los Premios Gaudí.

Dada mi deficiente cultura cinéfila —mi primer novio me repetía siempre, con razón, que su madre y yo éramos las peores personas que conocía a la hora de elegir películas—, no me atrevo a decir si es buena o mala, pero sí a comentar que el argumento me pareció bastante original: una barcelonesa de mediana edad, menopáusica, con el marido perfecto y dos hijos adolescentes guapos y sanos, decide divorciarse para volver a sentir la ilusión de enamorarse.

¿El desencadenante? Un encantador argentino que tontea con ella y consigue hacerle sentir mariposas en el estómago después de treinta años de letargo matrimonial.

"A mí me gustaba mucho el juego del amor", explica Eva a sus amigos cuando se enteran de su decisión. Lo más divertido de la peli, para mí, es ver cómo reacciona cada uno de ellos: algunos le tienen envidia, otros la riñen, otros la apoyan, otros se ríen de ella… Resulta que nadie tiene lo que quiere, ni a los 30, ni a los 40, ni a los 50.

Me quedo también con la satisfacción de haber visto una peli que aborda el amor y el deseo sexual desde la perspectiva de una mujer menopáusica, aunque me gustaría ver pronto una contraparte masculina, es decir, una peli que aborde —con humildad— el deseo sexual y el amor entre los hombres de 50 para arriba, porque mientras la menopausia es vox populi, de los “problemas” masculinos nadie habla.

“A quienes imaginan, la vida los machaca. Y yo querría deciros que tenemos que hacer como Eva, que las utopías son utopías hasta que alguien las hace realidad. Que un día fueron un imposible las ocho horas de jornada laboral, que fue una locura que los niños dejaran de trabajar para ir a la escuela, y que fue inimaginable que las mujeres votaran, y aquí estamos”, dijo Eduard Sola, el guionista, en la entrega de los Premios Gaudí.

Sola remató su discurso invitando a imaginar “un mundo sin genocidios, sin armas, sin fascistas de mierda gobernando el mundo”, como si las ganas de enamorarse fuesen comparables al deseo de la paz mundial.

Enamorarse es relativamente fácil y solo depende de dos personas. Frenar la deriva autoritaria de Trump, Netanyahu, Putin o Xi Jinping es otra historia.

John Lennon lo dijo de una forma aún más bonita que Sola: "Imagine all the people / Living life in peace, you may say I'm a dreamer / But I'm not the only one / I hope someday you'll join us / And the world will be as one".