Ayer aprobó el Congreso de los Diputados una ley que endurece las penas para los delincuentes reincidentes.
El resultado de las votaciones fue el siguiente: 302 votos a favor (PP, PSOE, Vox, Junts, PNV y UPN), 36 en contra (Sumar, EH Bildu, Podemos y BNG) y 8 abstenciones (ERC y Coalición Canaria).
Los socialistas aprobaron la iniciativa de Junts, respaldada también por PP y Vox, pero muy criticada por la ultraizquierda (Sumar, Podemos, Bildu) y con la abstención de ERC. Partido éste donde, al parecer, no tienen una opinión formada sobre el asunto, o acaso es que les parece de importancia insignificante, aunque según algunos estamentos, entre ellos el policial, sea clamoroso.
Estaba la señora Nogueras, portavoz de Junts en el Congreso, exultante ayer al dar cuenta de su éxito. No es de extrañar. Los sociatas han convenido en el cambio legislativo, que además les obligaba a votar con la detestada derecha y ultraderecha, arrastrando los pies.
Y es que, progresistas y megatolerantes como son, y muy inclinados por su bondad innata a conceder indultos y amnistías a troche y moche aunque no quepan en la Constitución (como afirmaba el presidente del Gobierno poco antes de empezar a aplicarlas a destajo), e incluso proclives, por su gran tolerancia, a pactar gobiernos de regiones y ciudades con los asesinos de ETA (recuérdese que “Otegui es un hombre de paz”, Zapatero dixit), esto de endurecer el Código Penal… pues les sabía mal.
Les sonaba a derechismo, a fascismo incluso. Brrrr. Pero hay que fastidiarse, hay que complacer a Junts, necesitamos los votos.
Esta ley “es nuestra”, presume Míriam Nogueras, líder del grupo parlamentario de Junts, con esa enorme sonrisa suya que se nos antoja un poco inquietante, un poco extraviada. “¡Los ladrones que asustan a nuestra gente ya no entrarán por una puerta y saldrán por la otra!”, presumió la portavoz en la Cámara.
Tiene motivos para estar contenta, pues, aunque según los sondeos que se vienen publicando estos últimos meses de poco le valdrá este éxito a Junts, partido en proceso de desarbolado general y sustitución por la Aliança de la señora Orriols, sin duda satisfará a los vecinos de los barrios y pueblos y ciudades del cinturón metropolitano más afectados por la debilidad del Estado ante los delincuentes de poca o de mediana monta. Y demuestra que Junts aún respira, que aún existe.
Cabe suponer que a los agentes de la Policía Nacional, de la municipal, y a los Mossos –en fin, a lo se viene llamando “los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado”– se les quitará la cara de tonto que sin duda se les pone, y el desaliento que sin duda sienten, cada vez que, tras perseguir por la tarde a un ladronzuelo que escapaba por las calles con el bolso de una señora o el reloj absurdamente caro de un turista, logran atraparlo, a costa de gastar adrenalina a chorros, y conducirlo a comisaría… sólo para, a la mañana siguiente, tropezarse otra vez con él por la calle, libre como el sol cuando amanece, como el aire, como el mar, libre, como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar.
Así, la verdad, es que no vale la pena apatrullar la ciudad. Es lo de “hace tiempo que voy al taller y no sé a lo que vengo”. Se pierde el entusiasmo, se pone uno melancólico, y con motivo.
Bien, pues, por Junts. Junts, one point. Ahora los de Junts, siguiendo la promesa de Puigdemont de que harán “mear sangre” a los sociatas, van a por los okupas. Otro problema que, según el progresismo, no existe, es un bulo de la derecha y la extrema derecha. Si también les hacen morder el polvo, ya tendrán los de Nogueras two points.
