Imagina que abres TikTok o X y, en tres segundos, algo te hace hervir la sangre. Un titular brutal, una opinión que te insulta directamente, un vídeo que parece gritarte. No es casualidad. Es rage bait, la palabra del año 2025, según Oxford University Press, y el ingrediente secreto que está convirtiendo el enfado en el motor más potente de internet y de las protestas reales.
Porque la ira no se queda en la pantalla. En 2026, con economías que cojean y líderes que prometen el cielo mientras la gente se aprieta el cinturón, el 59% de la población global (según la encuesta Ipsos Predictions 2026) espera grandes disturbios callejeros contra cómo se gobierna su país.
No es solo lo que ocurre en Irán; en España, aunque por causas diferentes, el runrún de malestar de la población es alto. Tenemos una inflación que no baja del todo, salarios que no llegan, y otras tensiones extras que sacuden la UE.
Cataluña también tiene sus problemas, aunque son compartidos. Lo que empezó como pulso político ahora se mezcla con quejas por vivienda imposible, sanidad colapsada y precariedad juvenil. No son caprichos antisistema; es el sistema fallando a gritos.
¿Por qué estalla justo ahora en tantas partes? Dejemos Irán aparte, aunque comparte destellos, pero la chispa es, en general, económica, sí, son precios por las nubes y gobiernos que reparten culpas en vez de soluciones. Pero hay una causa psicológica más. Es el rage bait.
Esos posts provocadores que nos hacen reaccionar al instante —compartir, insultar, viralizar— no solo llenan bolsillos de influencers y algoritmos; alimentan la indignación colectiva. Lo que en la red es un like furioso, en la calle se traduce en pancartas, cortes de tráfico y, a veces, piedras.
Los agricultores catalanes bloqueando carreteras contra el acuerdo Mercosur o los vecinos hartos de la fauna salvaje que destroza explotaciones son ejemplos vivos. El descontento crónico se organiza más rápido cuando la rabia ya circula precalentada online. Y que conste que apoyo totalmente la protesta de los agricultores. De hecho, no entiendo la política de la UE, que para mí es errática por muchos motivos.
Los gobiernos lo saben, o deberían saberlo. Si ignoran el termómetro de la calle, el fuego sube y todos juegan con el mismo riesgo. Y con IA vigilando cada manifestación, el control se endurece, pero la frustración no se apaga con gas lacrimógeno ni con bloqueos digitales.
La lección que tenemos que sacar en 2026 es clara para mí. Las protestas no son ruido; son señal. Y el rage bait es la gasolina barata que las hace imparables. Los gobiernos tienen que escuchar antes de que la hoguera sea inevitable. Porque cuando la gente muerde el cebo online y sale a la calle, ya no hay scroll que lo pare.
