Esta semana ha sido otra más de caos en Rodalies. La sequía continuada seguida de tormentas persistentes han provocado corrimientos de tierras y desprendimientos que han puesto en evidencia la ausencia de inversiones en la red ferroviaria que utilizan cada día más de 400.000 personas.
El caos se convirtió en el clavo ardiendo al que se agarró una inexistente oposición para atacar al Govern de Salvador Illa, que para colmo de males no podía estar al frente de la situación por enfermedad. El grito de guerra, repetido por oposición y por supuestos socios, retronaba por doquier: Paneque dimisión.
Era lo fácil. Pedir el cese de la consellera de Territori, Silvia Paneque, y hacerla blanco de las iras y señalarla como culpable de todos los males. Cierto es que la responsable tiene sus responsabilidades pero el enseñamiento es injusto. Era cómico ver cómo le pedían la dimisión desde las bancadas muchos de aquellos que tienen que ocultar también sus responsabilidades pasadas y que, en la mayoría de casos no saben ni hacer la o con un canuto en materia ferroviaria.
Paneque llegó al Govern en 2024, el año de mayor inversión en la red de cercanías. Como dice el dicho, una golondrina no hace verano, o sea que un solo hecho positivo, una excepción o un indicio aislado no constituyen una regla general ni garantizan que una situación definitiva haya cambiado. Y Rodalies no ha cambiado, obviamente.
El déficit inversor se arrastra durante años. Años en los que Junts, Convergència i Unió y Esquerra Republicana primaban la identidad a la aburrida gestión diaria. Años en los que el PP se puso de perfil, como bien reconoció Alejandro Fernández, porque Cataluña era un problema y no un caladero de votos. Años en los que el PSOE estaba más ocupado en construir una línea de alta velocidad de carácter radial con epicentro en Madrid que en consolidar una red de cercanías en Barcelona y en potenciar el corredor Mediterráneo. Años en los que el PSC no dio un puñetazo encima de la mesa cuando estuvo en el Govern desde 2003 a 2010 y porque luego bastante hizo con intentar no desaparecer.
Todo este retraso inversor sumado a los efectos del clima nos han llevado al caos. Al fracaso de todos los que hoy hacen las delicias de los populismos de extrema derecha. Y de la izquierda también, no se olviden. Que los Comunes arremetan contra Paneque y reprueben a Collboni en el Ayuntamiento es patético. Llevan estos señores en el Gobierno de España desde 2017 y gobernaron Barcelona entre 2015 y 2023. Alguna responsabilidad tendrán.
Ahora no se trata de buscar soluciones sino de buscar culpables tirando pelillos a la mar de las responsabilidades pasadas de unos y otros. Hay que olvidar estos agravios y pedir la dimisión de Paneque. A la sazón la consellera que ha logrado un acuerdo para traspasar y compartir la gestión, la que ha cerrado un acuerdo de inversión de 1.400 millones de euros de forma inmediata, la que consiguió que 2024 fuera un año récord en dineros para los trenes y la que ha dado la cara desde el minuto uno tras el accidente de Gelida.
Esto y mucho más veremos esta semana en el Parlament. Hasta dirán al Govern como tiene que organizar la conselleria los que durante años hicieron entre nada y poco.
Si bien es cierto que Silvia Paneque es la culpable de no tener una varita mágica que solucione en 24 horas el desaguisado de la última década, el PSC tiene que hacer un acto de contrición. El presidente Illa dio un cambio radical a la legislatura catalana tras años de ilusionismo inoperante. Ha puesto hilo a la aguja en financiación y ha normalizado un país estresado.
Sin embargo, la gestión, motor de los nuevos tiempos, se ha ido al traste y puede llevar al traste a un gobierno que está sin timonel. Paneque no debe irse, ni mucho menos, con este panorama porque la recuperación de Rodalies solo la puede pilotar alguien que conozca el terreno que pisa y que tenga voz, y mando, ante el ministerio de Fomento y los operadores Renfe y Adif.
Es lamentable el fiasco de la red ferroviaria, pero tanto o más el nivel que el lamentable circo político. Escuchar a Mónica Sales, Josep María Jové, Alejandro Fernández, Silvia Orriols, Jéssica Albiach y al pitoniso Ignacio Garriga que denunció el mal funcionamiento de la R61, línea inexistente por cierto, nos lleva a una penosa conclusión. Hablaban de oídas, olvidaron su propia culpabilidad, y sacaron la lengua a pacer sin ningún tipo de conocimiento sobre lo sucedido, más allá de sumarse al fácil akelarre contra Silvia Paneque.
Hará bien la consellera en seguir al frente del barco agarrando fuerte el timón porque, visto lo visto, no ofende quién quiere sino quién puede. Y ciertamente, demostraron que no pueden.
