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Un usuario de Rodalies critica el servicio en TV3

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Pensamiento

Trenes y tele, los retos del PSC

"El mantra asumido es el de Junts y ERC: el Gobierno de la Generalitat es un títere del Gobierno español"

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La temida implosión del servicio de cercanías de Renfe, mermado por la pertinaz dejadez inversora, llegó gracias a las lluvias y, entres otras consecuencias, ha devuelto la alegría a TV3, muy alicaída desde que su papel como Teleprocés resultó insuficiente para evitar el desastre soberanista.

Ciertamente, TV3 lleva muchos años ofreciendo el parte diario de incidencias del servicio, lo único que ha cambiado con la actual crisis es el planteamiento del contexto informativo.

Durante los años de los Gobiernos independentistas, los retrasos diarios no eran sino argumentos para la reclamación de un traspaso inmediato que permitiría a aquellos Gobiernos tan desinteresados por la gestión autonómica solucionar el problema sin mayor dificultad frente a la ineficacia del Estado.

Ahora, claro, se trata de la incapacidad del Gobierno de Salvador Illa de obligar a Renfe a hacer circular los trenes por unas vías cortadas por motivos de seguridad después de los múltiples desprendimientos debidos a razones de todos conocidas.

El mantra asumido es el de Junts y ERC: el Gobierno de la Generalitat es un títere del Gobierno español.

El PSC no va a colaborar en el acoso y derribo del Gobierno de Pedro Sánchez, entre otros motivos, porque tiene conciencia de que esta actitud no aceleraría las inversiones exigibles para modernizar las infraestructuras ferroviarias catalanas.

Esta es una urgencia que no se materializará tomando atajos milagrosos; llevará años y causará muchos inconvenientes a los usuarios. Algunos de los que reclaman las mejoras en la infraestructura se quejarán también amargamente de los inconvenientes provocados por estas obras en el servicio diario, sabiendo que siempre tendrán una cámara para expresarse.

TV3 goza de un notable prestigio profesional, especialmente entre su propia audiencia. Esta, supera el 14% de la cuota de pantalla desde hace meses, siendo la primera cadena en Cataluña. Este es un dato muy apreciado para el márketing de marca, aunque engañoso como ha subrayado el experto en audiencias Joan Maria Corbella.

Entre otras obligaciones, la ley de 1983 y su revisión de 2007, encomienda a los medios públicos el fomento del pluralismo político y social y la promoción de la lengua catalana.

En materia de pluralismo, solo la falacia de los informes de porcentajes de tiempo dedicado a los diferentes partidos, sin atender al contenido del minutaje, permite disimular el desvío evidente en este aspecto del servicio público. La alineación de la televisión y la radio pública, primero con el nacionalismo pujolista y luego con el independentismo no necesita de mayor detalle.

En cuanto al balance del fomento del uso social del catalán y de su presencia en los medios, los datos son pobres.

El reluciente 14,2% de cuota de pantalla refleja que este es el porcentaje de espectadores que sentados ante el televisor en un momento determinado ven televisión en catalán, mientras que el resto, el 85,8% lo hacen en castellano, distribuidos en una oferta diversa, salvo el mínimo porcentaje que ven televisiones locales.

No es para celebrarlo en un país en el que, según los estudios demoscópicos oficiales, el 93,4% del censo entiende el catalán.

El PSC tiene, pues, un reto evidente para equilibrar su relación con el Gobierno del Estado dirigido por sus fraternales compañeros, con sus prioridades y sus obligaciones como gobierno de la Generalitat. Y debe hacerlo sabiendo que la televisión y la radio autonómicas han demostrado su mayor eficacia precisamente como instrumentos de promoción de la desafección entre Cataluña y el resto de España en detrimento de su papel como servicio público.

La crisis de Renfe es una buena oportunidad para enfrentar los dos frentes.