Uno ya no sabe qué hacer el próximo 7 de febrero, esto es un sinvivir. El pobre Lluís Llach había convocado junto a sus compinches una manifestación bajo el lema “Prou!”, y el mismo día, los usuarios de Rodalies han organizado otra.
Todos están hartos de lo suyo y dicen prou, pero los de la ANC y el Consell de la República quieren que este prou se refiera a todo (especialmente a continuar en España, erre que erre), no solo a los trenes, y consideran que los usuarios de ferrocarriles les están boicoteando la protesta. Al final, se van a gritar prou los unos a los otros, y eso si no se lanzan piedras, porque los otros han decidido manifestarse el mismo día.
De lo que uno está harto es de movilizaciones ciudadanas que no conducen a nada, ahí sí que diría prou.
Uno también diría prou a seguir escuchando las tonterías de lo que llaman Consell de la República (ni siquiera sabía que esa cosa todavía existía, pensé que se había disuelto por inoperante) y a continuar soportando las memeces de Lluís Llach, pero mientras alguien no organice una manifestación que reclame que al grito de prou nos dejen en paz de una puñetera vez, no hay nada que hacer.
Prou es lo que dicen los niños cuando ya no quieren más sopa, y ya que tanto la ANC como el Consell de la República son como niños, se han conjurado para decirlo. Quienes deberían lamentar la coincidencia en el tiempo de las dos manifestaciones son los usuarios de Rodalies, ellos sí que están hartos de la situación y protestan con razón.
Si una cosa tiene el independentismo catalán es que estropea todo lo que toca, en eso no falla. Basta con que la ANC, el Consell, Òmnium o cualquier otra cosa parecida ponga sus pezuñas en una causa, para que esta deje de parecer honrada y digna de ser defendida. Ya puede tratarse de la causa más noble, ya puede ser acabar con el hambre en el mundo, con las guerras o con la presencia de David Uclés en los medios, que si la abraza el independentismo catalán, pasará a ser una causa antipática.
Como los independentistas todo lo ven bajo el mismo prisma, todo lo distorsionan y al final nadie se toma en serio nada de lo que defienden. Si yo tuviera una causa que proteger -la de los trenes, sin ir más lejos- me cuidaría mucho de mantener bien lejos de ella a los independentistas.
Cuando el independentismo catalán iza una bandera, esa bandera está condenada al fracaso, supongo que ello se explica por el propio origen de ese independentismo, que, desde que existe, ha ido de derrota en derrota.
Si, para desgracia de los usuarios, la ANC y el Consell terminan manifestándose el 7 de febrero para reivindicar mejoras en el transporte ferroviario, se avecina un caos absoluto, con vías destrozadas, descarrilamientos, muertos y ningún tren saliendo a su hora. No me pregunten las razones, nadie las conoce, pero es algo que lleva el independentismo en su ADN: todo aquello que tocan está destinado a terminar siendo un fiasco.
Cuanto más se empeñan en “proteger” la lengua catalana, más retrocede esta en su uso social; cuanto más claman por la unidad de las fuerzas soberanistas, más luchas cainitas hay entre ellas; cuanta más esperanza ponen en un líder, este huye a Waterloo y los deja tirados; cuanto más atacan a figuras catalanas como los motoristas hermanos Márquez, el escritor Javier Cercas, el músico Joan Manuel Serrat o el dúo Estopa, más éxitos y reconocimiento consiguen estos.
Con los trenes no va a ser menos, así que, si de verdad quieren que tengamos un transporte ferroviario medianamente digno, hagan el favor de quedarse en casa el 7 de febrero. Basta de emponzoñarlo todo. Prou! gafes, que son ustedes unos gafes.
