Estimado don Arturo,

Nunca hubiera creído que la falta de su presupuesta gallardía ante las hordas posmolerdas fuera el motivo que me hiciera dirigirme a usted.

Vaya por delante que uno de los libros se quedó amarrado en mi joven cerebro impresionable desde que lo leí hace ya algún tiempo hasta hoy, su deliciosa novela La Tabla de Flandes, y que, cuando era pequeña, le veía de corresponsal de guerra en guerra y me parecía usted prácticamente un héroe. Así que yo no soy ninguna hater de los millones que le persiguen.

Si bien es cierto que con la edad se ha ido volviendo usted un poquito bastante repelente, la verdad es que, aun practicando la insoportabilidad más de lo soportable, es usted un señor inteligente y con sentido del humor, ambas cualidades tan escasas que solo encontrarlas ya me hacen respetarle.

Por eso, me parece un acto indigno de su trabajada “nobleza” que se haya dejado asustar por los escracheros profesionales del grupúsculo wokista a estas alturas del cuento. Porque si usted, un hombre respetado, famoso, rico y muy bien posicionado, cede ante la turba piojera al primer cara a cara, ¿cómo cree usted que hemos aguantado las pocas personas que llevamos casi nueve años de lucha a brazo partido contra la barbarie antipensamiento y anticivilizatoria que viene asolando este país nuestro que usted tanto ama y proselitea?

Me voy a permitir la osadía de contarle un breve relato. Desde 2019, un pequeño, pero inquebrantable grupo de mujeres en Barcelona, durante todos los días, pero especialmente cada 8 de marzo a las 12, se concentra en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona para enfrentarse a toda la basura antifeminista que inoculó Ada Colau a nivel municipal, aún más virulentamente si cabe que Irene Montero a nivel estatal, y que ya se ha visto que no fue más que el inicio del despliegue del wokismo que se lo acaba de llevar usted por delante.

Puede usted consultar los archivos policiales y de la prensa y comprobará que, en esas concentraciones, esas mujeres fueron agredidas física y verbalmente por los partidarios del lobby proxeneta que campa a sus anchas por la Ciudad Condal, ante la mirada plácida de la alcaldesa Colau y más tarde Collboni, y del otro lado de la plaza, del inenarrable president de la Generalitat Quim Torra y luego de Pere Aragonés y así sucesivamente.

Nadie les hacía caso a ese grupo de mujeres que estaban peleando antes que nadie contra este mal que ahora nos afecta a todos, y señores como usted, se divertían mucho y se dedicaban a llamarnos “feminazis”, “charos” o cualquier epíteto ofensivo, porque, al fin y al cabo, qué más da lo que le pase a un grupo de “las locas de los gatos”.

El final de esta historia es que hoy, ese pequeño grupo de mujeres sigue sin moverse ni un centímetro en Barcelona plantando cara a todo lo malo que el transgenerismo, el wokismo y el antifeminismo comunistoide y podemita ha dejado como herencia. Con los mimos apoyos externos, es decir, ninguno, pero creciendo, y ha llegado a replicarse tanto a nivel estatal como internacional.

Y de repente llega usted, cuando ya están al final de la ola, y se me amedrenta por la amenaza de cuatro pitos de tres indocumentados en una conferencia. Permítame que le diga, desde el grupo de mujeres sin apoyo a un señor que goza de todo el respaldo posible, que esta espantada no se la podía usted permitir. Ahora ya podríamos caer en el vicio de pensar que es usted uno de esos que es muy valiente desde una red social pero muy poquito en persona. Casi se ha convertido usted en un bot. En un troll cibernético. ¿Qué quedó del corresponsal de guerra?

Y me despido ya pensando que, si ahora Arturo fuera un personaje de las novelas de Alatriste, viendo su actitud cobardica, su genial Quevedo tendría material para dedicarle uno de sus fantásticos e hirientes sonetos endecasílabos. Qué pena que nos lo vayamos a perder.

Con toda mi decepción,

Fdo. una feminista.