El humorista, comentarista, y autor de siete libros (si no me descuento) Bob Pop, muy conocido por sus apariciones en la tele, aspira a ser el candidato de los Comuns a la alcaldía de Barcelona. Cosas veredes. Aunque en realidad no es algo tan insólito, pues ya el cómico Coluche intentó en el pasado ser presidente de Francia, y el actor y humorista Zelenski saltó directamente de los chistes en la tele a presidir Ucrania –aunque con los resultados que todos conocemos--.

Por no hablar de Chikilicuatre, que compitió en Eurovisión en plan de guasa y a punto estuvo de dar la campanada.

Para llegar a los debates con socialistas, ercos, convergentes y demás candidatos, antes Bob Pop tendrá que combatir en primarias con el argentino Gerardo Pisarello, sujeto tan desagradable y peronista, tan mala persona, que sin duda le dará un revolcón.

Gerardo es el preferido de Ada Colau y se lo va a comer con patatas. Bob no tiene ninguna posibilidad. Pero hay que alabarle el esfuerzo y, si vence al argentino repulsivo y logra ser el candidato de los comuns, yo desde luego pienso votarle para alcalde. Seguro que nos daría muchos momentos entretenidos.

Mi simpatía con él deriva de que me lo presentaron hace unos 15 años, cuando era un guionista de la tele y un vividor un poco disparatado. Hablamos unos minutos, fue muy divertido. Por desgracia, como todos sabemos, luego derivó hacia el sermón y la lucha denodada contra la derecha y la extrema derecha, hacia la seriedad ultraprogre y sanchista. A mí me da igual. Si se me presenta la ocasión le votaré, en recuerdo de su desinhibida simpatía de cuando entonces.

Ahora bien, me parece que empieza mal la contienda contra el demoníaco Pisarello, pues acabo de leer en uno de los diarios digitales cangrejos –llamo así, “cangrejos”, a los separatistas, en alusión a esos animales que siempre andan para atrás: “A fuerza de andar buscando los comienzos, uno se convierte en un cangrejo”: Nietzsche—, que le han hecho una entrevista para que cuente sus planes si llega a alcalde. Y sus respuestas son un poco vagas, un poco decepcionantes. No tienen nada que ver con –ya que acabamos de citar a Nietzsche- la voluntad de poder pisareliana. Ni mucho menos con la norma que rige a Donald Trump y que hasta ahora le ha ido tan bien: “Ataca, ataca, ataca, contraataca, no admitas nada, niégalo todo, pase lo que pase canta victoria y jamás admitas una derrota”.

Muy al contrario, Bob Pop ni ataca ni parece tener las ideas muy claras salvo a la hora de elegir sus gafas. Le pregunta el periodista cangrejo: ¿Cúando se le ocurrió que quería ser alcalde de Barcelona? Y responde Bob Pop: “El verano pasado. Hablando con mis amigos y amigas, y con gente del partido, y comentando que Ada no se presentaría a las próximas elecciones. Entonces dije: ‘A mí me gustaría muchísimo ser alcalde de Barcelona'”.

Empezamos mal. Tenías que haber respondido: “Siempre he amado intensamente esta ciudad y quiero ponerme a su servicio, sacrificar mis días y noches por Barcelona. Es un sueño que aliento desde que era pequeño”.

Luego el periodista cangrejo le pregunta qué haría si entrase en el ayuntamiento como alcalde: “Pedir ayuda a todos para saber qué posibilidades tenemos de hacer cosas de verdad para la gente de verdad. (…) Ver qué posibilidades hay dentro del ayuntamiento para mejorar la vida de la gente”. (…) "Tendría que hablar con toda la gente del ayuntamiento y saber cómo hacer las cosas, cómo puedo ayudar y cómo podemos reducir la burocracia, por ejemplo”. (…) "Yo no sabré de todo, pero quiero tener un equipo muy grande de gente con voluntad y conocimiento”. Etcétera.

O sea: que no sabes nada, pero te haría mucha ilusión. Hombre, no, Bob. Así yo creo que no vas bien. A mí me encantaría dirigir la fundación de La Caixa, aunque no tengo idea de economía, y no creo que pudiera llegar al despacho y empezar a preguntar a todo el mundo “¿tú qué harías?”. Se supone que un candidato ya va informado a la alcaldía.

Espero equivocarme, pero no le veo un futuro político rutilante en Cataluña a Bob Pop, que reconoce que no habla bien el catalán pero quiere mejorar su dominio del idioma “hablando con la gente”.

Aún así, todo es posible, y ya hemos visto en este nuestro país cosas más inverosímiles, como el señor Torra como presidente de la Generalitat. ¿Por qué no Bob Pop alcalde de Barcelona?... Los mejores deseos.