La Audiencia Nacional ha citado a declarar a varios gerifaltes empresariales en calidad de testigos para los próximos días. Se les exigirá que den cuenta, con pelos y señales, de sus relaciones con Luis Pineda, factótum de la turbulenta Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc).

A Pineda se le acusa de haber sometido al Gotha del patronato español y, sobre todo, a la flor y nata del Ibex bancario, a una caterva de extorsiones, coerciones y estafas

Entre los llamados figura un tropel de ejecutivos, jefes de comunicación y letrados del sector crediticio. Entre ellos son de citar Miguel Blesa, exmandamás de Caja Madrid; José María Castellano, expresidente de Novagalicia Banco, cargo al que escaló tras desempeñar la dirección general del gigante textil Inditex-Zara; y, cómo no, el incombustible abogado Miquel Roca, perejil de incontables salsas procesales que se aliñan en la geografía peninsular e islas adyacentes.

Pineda ingresó en prisión a mediados de abril. Se le acusa de haber sometido al Gotha del patronato español y, sobre todo, a la flor y nata del Ibex bancario, a una caterva de extorsiones, coerciones y estafas. Asimismo se le achacan fraude de subvenciones, administración desleal, organización criminal y otros presuntos delitos varios.

Las diligencias practicadas hasta la fecha encierran un plato fuerte que está haciendo las delicias de los medios. Me refiero a la transcripción del sinfín de pinchazos telefónicos hechos al inefable Pineda.

Gracias a ellos, se han podido conocer unos cuantos datos jugosos. Primero, que el sujeto mantenía contactos fluidos con multitud de líderes de firmas privadas y bancos. Segundo, que su peculiar forma de entablar negocios abarcaba con harta frecuencia el chantaje puro y duro. Y tercero y último, que Pineda solía organizar seminarios e invitaba como ponentes a jueces y magistrados, a quienes remuneraba con generosos estipendios. Como es obvio, semejantes ligámenes entre Pineda y la judicatura componen un mejunje de muy difícil digestión para el común de los mortales.

Choriceos

Pineda lleva veinte años, como mínimo, practicando el sucio deporte de la extorsión al por mayor. Una singularidad estupefaciente de este escándalo reside en que muchas de las instituciones eran plenamente sabedoras de las prácticas mafiosas que estaban sufriendo. Aun así, sus máximos responsables, de Emilio Botín para abajo, pasaron por las horcas caudinas de Pineda y le pagaron las mordidas sin pestañear.

El modus operandi de Ausbanc residía en exigir la inserción en sus revistas de carísimos anuncios a bancos y cajas, bajo amenaza de desatar en ellas campañas de acoso y derribo o de interponer denuncias en los juzgados.

Con semejantes armas, Ausbanc recaudó la friolera de 40 millones de euros en los últimos diez años

Otra actuación estelar consistió en acudir a las juntas generales de las compañías reacias a las coacciones, para poner como chupa de dómine a sus máximos jerarcas durante el turno de ruegos y preguntas.

Con semejantes armas, Ausbanc recaudó la friolera de 40 millones de euros en los últimos diez años. El principal mecenas fue el todopoderoso Banco Santander del patriarca Emilio Botín, que llegó a pagar casi un tercio de dicha suma. Parece ser que últimamente, su sucesora Ana P. Botín dio órdenes de cortar las curiosas relaciones comerciales existentes con Ausbanc.

También Banco Sabadell, Liberbank, Banco Mare Nostrum y Unicaja abonaron fuertes cantidades. En ocasiones, a cambio de que Ausbanc retirara las demandas por las cláusulas suelo. En otras, tras las exigencias intimidatorias recibidas de Pineda y sus esbirros.

Este turbio asunto se encuentra en su fase sumarial inicial. Sin embargo, ya ha puesto sobre el tapete suficiente masa de porquería como para helar la sangre a más de un observador. A golpe de corrupción y sobresalto, en este dichoso país no hay un solo día sin descanso.