Pensamiento

Si el hundimiento masista fuera gratis...

8 febrero, 2014 11:09

Recuerdo cuando fui a ver la película Der Untergang (El hundimiento), la que cuenta los últimos días de Hitler en el bunker... y los últimos días del pueblo alemán fuera de él, inmediatamente antes de la derrota. Recuerdo que me estremecí al escuchar los primeros compases de la música. La reconocí en el acto porque es una de mis composiciones favoritas. Me refiero a la muerte de Dido según la ópera Dido y Eneas, del británico Henry Purcell.

Cuando la sociedad civil catalana se quede definitivamente en la piel y el hueso, esta pandilla de irresponsables ya se habrán ido a hacer cualquier otra cosa, desentendiéndose de todas las consecuencias de sus actos

Recapitulemos para damnificados de la LOGSE: Dido es la reina de Cartago que acoge a Eneas cuando este llega huyendo de la caída de Troya. Se enamora locamente de él y le ofrece su corazón y su reino. Pero Eneas tiene otros planes, afirma que los dioses le ordenan seguir viaje y fundar la futura Roma (como así será). Dido le despide con mucha dignidad y hasta le anima a zarpar ya. Y luego va y se mata con la espada de él. Los versos de Virgilio que cuentan su muerte constituyen una de las cumbres de la poesía clásica y una expresión desgarradoramente elegante de lo que significa que te abandonen. De que te dejen tirado cuando tienes un corazón grande con una capacidad de doler casi infinita. La música de Purcell se crece hasta lo sobrenatural para contener tanta pena.

Digo que me estremecí al reconocer la música de la película porque entendí que al elegirla, el director de Der Untergang había hecho una sutil declaración de intenciones. Lo importante de lo que nos iba a contar ni siquiera era Hitler. Era el profundo desgarro de todo un pueblo empujado al abismo y abandonado justo antes de saltar. Dejando a los alemanes solos y enfrentados a su propia locura colectiva, justo cuando el que la ideó acababa de quitarse cobardemente de en medio.

Sí, ya sé que parece desmedido comparar esto con lo que ahora mismo pasa aquí. Y en cambio a poco que uno profundice ligeramente (basta con que sea muy ligeramente) en la historia de Cataluña y su nacionalismo, asombra constatar cuántas veces se repite la misma historia. Que es: autoproclamados campeones patrióticos meten a Cataluña en un fregado de considerables dimensiones, sea una pugna dinástica entre Habsburgos y Borbones, sea una ensalada de tiros entre comunistas y anarquistas e independentistas por las Ramblas de Barcelona, y cuando ya la han liado bien gorda, pero bien, se van a Mataró o a morirse de viejos en la cama. Mientras en medio del lío por ellos provocado la gente mata y muere mucho más urgentemente. Literalmente o de asco.

Conociendo el percal y sus antecedentes, lo que más me deprime a mí del masismo, de este sistema de conducción de las masas al vertedero ideado por Artur Mas, es que cuando la sociedad civil catalana se quede definitivamente en la piel y el hueso, esta pandilla de irresponsables ya se habrán ido a hacer cualquier otra cosa, desentendiéndose de todas las consecuencias de sus actos. Que algunas pueden llegar a ser muy tristes.

Ya es triste que en el mundo te conozcan sólo por lo que dices que no eres. Que todo en ti empiece y acabe no queriendo ser español

Ejemplo: si es verdad, como me dicen, que la Generalidad se gasta cada año no menos de 40 ó 50 millones de euros en promocionar a Cataluña en el exterior, es para atizarles un reglazo de los de antes en los dedos. No ya por las prioridades de gasto a estas alturas, que también, sino por lo mal que evidentemente se les da. Y es que te pongas como te pongas, ahora mismo sólo hay dos cosas de aquí más o menos mundialmente acreditadas. Una es la de la ciudad de Barcelona (conocida por entre 800 y 1.000 millones de personas en el mundo). Otra es España (conocida por unos 4.500 millones). Todo lo que queda en medio lo siento mucho pero no lo conoce ni Dios. Tanto es así, que hasta los que prestan atención al globo secesionista mayormente es, vamos a decirlo con cierta claridad, porque les da morbo y les divierte la gamberrada antiespañola. Ya es triste que en el mundo te conozcan sólo por lo que dices que no eres. No porque lo que haces, escribes, cantas, dibujas, cocinas, tocas, construyes... sólo por lo que no quieres ser, aunque lo seas. Que todo en ti empiece y acabe no queriendo ser español.

Me cuenta un pajarito que la Generalidad ha rechazado ofertas concretas de la Administración española para promover iniciativas de internacionalización conjunta al grito de "con España, no, ¡que España contamina!". Vamos, como si España fuese la tiña. Y digo yo: ¿y para hundirnos en la insignificancia y/o en el ridículo internacional, hay que gastar encima entre 40 y 50 millones de euros al año? ¿No nos podríamos hundir gratis, por lo menos?