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La verdadera transformación medioambiental empieza en las ciudades

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Pensamiento

La verdadera transformación medioambiental empieza en las ciudades

"La defensa del siglo XXI se juega en la capacidad de las ciudades para garantizar servicios esenciales en escenarios inciertos"

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Hace unos días asistí a unas jornadas organizadas por el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) para reflexionar sobre la defensa de Europa. La palabra "defensa" suele remitirnos de inmediato a cuestiones militares o geopolíticas.

Sin embargo, aquella mañana la conversación fue más allá: se habló de empoderamiento, de un necesario cambio de mentalidad, especialmente entre quienes históricamente se han percibido como "pequeños", y, sobre todo, de valores.

De los principios que siguen haciendo de Europa un referente global en la defensa de los derechos fundamentales.

Cerró el acto el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, con una proposición a la mesa de debate: "Las ciudades pueden construir puentes cuando las naciones no pueden".

Tras la crisis financiera de 2008, el economista Santiago Niño Becerra anticipó en su libro El Crash que las llamadas ciudades-región emergerían como nuevos nodos de gobernanza económica más eficientes que el modelo tradicional del Estado-nación.

La afirmación resume bien una transformación silenciosa que empieza a tomar forma, quizá especialmente en Europa: las ciudades son los espacios donde se ensayan respuestas reales a las grandes transformaciones económicas, sociales y energéticas de nuestro tiempo.

El municipio de Moià (Barcelona), con apenas 6.800 habitantes, ha decidido impulsar un proyecto para generar electricidad y calor a partir de sus propios residuos mediante una planta de biogás destinada al autoconsumo municipal.

Puede parecer una iniciativa más dentro de la agenda verde. En realidad, representa algo distinto.

En un entorno de incertidumbre permanente, la independencia energética deja de ser únicamente una política ambiental para convertirse en una estrategia de gestión del riesgo.

Los territorios mejor preparados ante las crisis son aquellos capaces de anticipar escenarios adversos. Y cuando se asume la responsabilidad de proteger la continuidad de una comunidad, estamos hablando de liderazgo. De ahí nacen los elementos decisivos: cohesión, cooperación y confianza.

Por eso las ciudades europeas más avanzadas llevan años moviéndose en esta dirección.

En Copenhague, los residuos urbanos alimentan redes de electricidad y calefacción que reducen la exposición a crisis energéticas externas.

En Suecia, prácticamente toda la basura se convierte en recurso energético.

En París, las redes de calor urbano garantizan suministro estable a hospitales y equipamientos públicos.

Lo que estas experiencias tienen en común no es únicamente la transición ecológica: es la anticipación estratégica. Ahora se une Moià.

Las ciudades se convierten así en verdaderas unidades de resiliencia. Integrar sostenibilidad, energía y gobernanza supone construir estabilidad económica, social e institucional.

La defensa del siglo XXI también se juega en la capacidad de las ciudades para garantizar servicios esenciales en escenarios inciertos.

El caso de Moià es soberanía energética municipal. Pero es, sobre todo, un cambio de paradigma: el mismo que se reclamaba aquella mañana en el CIDOB.