Salvador Sobral está de vuelta. Este 14 de octubre pasó por La Revuelta para presentar su nuevo disco, A flor do recomeço, grabado en Brasil, y, como siempre, mostró su lado más comprometido.
El portugués, afincado en Barcelona desde 2024, conoce los problemas que sufre la ciudadanía española, teme el auge del nacionalismo y se muestra preocupado por la situación de la vivienda.
Él mismo sufre sus consecuencias. Si bien admite que es "un privilegiado" por poder pagar una vivienda en la capital catalana sin problemas, ve y sufre el aumento de los precios.
"Querría comprar una casa en Barcelona y no puedo", admite en una entrevista con Efe. Y es que los precios están por las nubes.
Los precios de la vivienda
Lo sabe de sobra. Él ya vivió en la ciudad en 2011, antes de hacerse famoso, y los precios no eran los mismos. Ahora son "mucho más" altos, admite.
"Intento vivir por mis principios y esperar a que un día la situación pueda mejorar", explica, aunque no tiene mucha esperanza.
Expats por el mundo
Los expats encarecen el precio de la vivienda aquí y en todo el mundo. También en su país natal.
"Mi madre vive en Lisboa, en un barrio donde solo hay franceses ahora, en el que el metro cuadrado es más caro que en París y Nueva York", lamentaba frente a David Broncano.
Pero si algo distingue a ambas ciudades, señala, es la gente. Considera que los catalanes salen más a la calle para defender sus principios y libertades, mientras que a los portugueses les cuesta más hacerlo.
"Nos falta el fuego que tienen ustedes", señalaba en La Revuelta al comparar la situación con Portugal.
Comparación con Portugal
Por eso, ya declaró a Efe que se siente "muy orgulloso de vivir en Cataluña, porque siento que el pueblo catalán es reivindicativo".
"Los portugueses —no sé si quiero decir conformistas—, pero les cuesta un poco más reivindicar y salir a la calle, y el pueblo catalán es como el francés, es un pueblo que sale y que reivindica, que grita y que monta follón por sus principios y libertades", sostiene.
Manifestaciones
Las acampadas en la Puerta del Sol y en la plaza de Cataluña le han provocado admiración. También las manifestaciones de la semana pasada en Barcelona, donde la calle ardió.
Por eso, reconoce que su experiencia en Barcelona es ambivalente, aunque satisfactoria: combina la satisfacción de vivir en un entorno que comparte sus inquietudes con una realidad económica que también le afecta.
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