No todo lo que rodea a una buena taza de café es tan bonito como parece.
Lorena lo sabe de primera mano. Regenta Bristol Coffee, un local en Viladecans (Barcelona) que los sábados se llena de gente y de tartas caseras, pero que esconde una gestión mucho más exigente de lo que se ve desde la barra.
Su vínculo con este oficio nació, curiosamente, a miles de kilómetros de allí.
El viaje que despertó su pasión por el café
Hasta que se marchó a vivir a Bristol, en Inglaterra, Lorena apenas tomaba café.
Fue en esa ciudad donde entendió que este producto podía tratarse de otra manera, con procesos de tueste cuidados, ingredientes seleccionados y locales pensados para reunirse. "Empecé a ver por todas partes el concepto de coffee roasters y me enamoré de este mundo", cuenta.
Ese descubrimiento cambió el rumbo de su vida profesional.
Cuando volvió a Barcelona, se formó como barista y fue acumulando experiencia en varios locales, siempre con una meta clara en mente. "Pensé: 'En algún momento abriré mi propia cafetería y será en mi pueblo porque en Viladecans éramos los primeros en utilizar café de especialidad'", recuerda.
Ingredientes sin artificios y postres hechos en casa
Ese sello distintivo, con café de especialidad, sigue siendo hoy la base de su negocio.
Lorena defiende un producto libre de aditivos, muy alejado del café que se sirve habitualmente. "Nuestro café lleva unos procesos sin química ni nada", afirma.
Y no se queda solo en la bebida. Buena parte de la repostería la elabora ella misma. "Las galletas, los bizcochos y las tartas las hago yo. Solo los cruasanes vienen de fuera".
Ni de lejos tan rentable como la gente cree
Muchos dan por hecho que montar una cafetería de especialidad es sinónimo de ganar mucho dinero. Lorena se encarga de desmentirlo abiertamente. "La gente me decía: 'Te vas a hacer de oro con el café'. Y no es así", asegura.
Y los números lo confirman: "En un año hemos hecho 138.000 euros y me queda en el banco un 8-9%".
Para hacerse una idea de lo ajustado que es el margen, necesita vender unos 470 euros cada día solo para cubrir gastos. Todo lo que supere esa cifra es, según ella, cuando empieza a ganar dinero de verdad. "A partir de 470 euros es cuando empieza realmente el beneficio".
Lo más difícil no es servir cafés
Si le preguntas cuál es su mayor dolor de cabeza, no dudará en responder: el personal.
Contar con un equipo estable se ha convertido en su gran obstáculo, entre procesos de selección donde apenas se presenta nadie y el miedo constante a que alguien falle en el último momento. "Por la noche miro el móvil veinte veces por si alguien se ha puesto malo para el día siguiente", reconoce.
Cansada, pero sin arrepentirse de nada
Aun con todo ese desgaste, Lorena no se plantea dar marcha atrás. Su día empieza a las siete de la mañana y, además del negocio, tiene que criar a dos niños pequeños, algo que compagina con la ayuda de su pareja cuando el equipo se queda corto.
El cansancio es real, pero también lo es la ilusión con la que empezó todo esto. "He sacrificado muchísimo porque son muchas horas, pero es lo que yo quería", dice sin dudarlo.
Para ella, Bristol Coffee no es solo un negocio de cafés, es, en sus propias palabras, "un punto de unión de calidad" para su pueblo.
