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Los expertos coinciden: no deberías usar ChatGPT como única fuente veraz antes de tomar decisiones importantes

La inteligencia artificial ofrece respuestas rápidas, pero puede ocultar errores cuando se trata de decisiones financieras

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Los asistentes conversacionales basados en inteligencia artificial se han convertido en una herramienta habitual para resolver dudas cotidianas, también en cuestiones relacionadas con las finanzas personales. Su capacidad para procesar información y ofrecer respuestas inmediatas resulta atractiva para millones de usuarios que buscan consejos sobre ahorro, inversión o fiscalidad.

Sin embargo, esa rapidez puede generar una falsa sensación de seguridad. Los expertos recuerdan que herramientas como ChatGPT todavía presentan limitaciones importantes, y que utilizarlas como única fuente antes de tomar decisiones económicas relevantes puede acabar teniendo consecuencias graves. Organismos y especialistas en regulación tecnológica llevan tiempo alertando sobre los riesgos de privacidad, transparencia y fiabilidad asociados a estos sistemas.

Respuestas convincentes, aunque sean erróneas

Uno de los principales problemas es la capacidad de los chatbots para ofrecer respuestas con un tono extremadamente convincente. Aunque los modelos actuales han reducido las llamadas 'alucinaciones', todavía pueden inventar datos, mezclar conceptos o presentar conclusiones incorrectas como si fueran completamente fiables.

El peligro aumenta cuando el usuario no tiene conocimientos financieros suficientes para detectar los errores. Una forma sencilla de poner a prueba la fiabilidad del sistema consiste en pedirle al propio chatbot que revise o cuestione la respuesta anterior. Este ejercicio no elimina el riesgo, pero sí ayuda a mantener una actitud más crítica ante recomendaciones aparentemente impecables.

El sesgo de dar siempre la razón

Otro problema menos visible es el denominado 'sesgo de complacencia'. Los asistentes conversacionales están diseñados para resultar útiles y agradables, lo que a menudo se traduce en validar las ideas del usuario en lugar de cuestionarlas. En materia financiera, esto puede ser especialmente peligroso.

Un asesor profesional tiene la obligación de señalar riesgos, detectar errores y advertir sobre decisiones impulsivas. Un chatbot, en cambio, tenderá a reforzar la hipótesis inicial del usuario. Si alguien pregunta si una inversión arriesgada parece buena idea, es frecuente que la IA encuentre argumentos para justificarla, incluso cuando existen señales claras de peligro.

La privacidad sigue siendo un problema

Para obtener recomendaciones realmente personalizadas, muchos usuarios terminan compartiendo información muy sensible: ingresos, patrimonio, deudas o planes de inversión. El problema es que esos datos pueden quedar expuestos a riesgos de privacidad y seguridad.

La Agencia Española de Protección de Datos recomienda comprobar siempre cómo se almacenan y utilizan las conversaciones mantenidas con chatbots de IA. Además, distintos estudios recientes han advertido de filtraciones y problemas de acceso a conversaciones privadas en plataformas de inteligencia artificial.

Nadie responde si el consejo sale mal

Existe además una diferencia fundamental entre un asesor financiero y un chatbot: la responsabilidad legal. Los profesionales del sector financiero están sometidos a regulación, deben cumplir obligaciones fiduciarias y pueden enfrentarse a sanciones o reclamaciones si actúan de forma negligente.

Con la inteligencia artificial eso no ocurre. Las herramientas conversacionales no asumen responsabilidades sobre las pérdidas económicas que puedan provocar sus respuestas. Diversos expertos en regulación tecnológica insisten en que la IA todavía plantea desafíos importantes en términos de supervisión, transparencia y rendición de cuentas.

Un apoyo útil, pero no un sustituto

Los chatbots pueden resultar útiles para resolver dudas básicas, comparar conceptos o preparar preguntas antes de acudir a un especialista. El problema aparece cuando el usuario convierte esas respuestas en una verdad absoluta y deja de contrastar la información con profesionales cualificados.

La inteligencia artificial seguirá ganando presencia en el ámbito financiero durante los próximos años, pero todavía está lejos de sustituir el criterio humano. Las alucinaciones, la complacencia, los riesgos de privacidad y la ausencia de responsabilidad legal obligan a utilizar estas herramientas con cautela. Cuando el dinero está en juego, la última palabra debería seguir en manos de un profesional.