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El Vaticano marca las normas: pone límites al uso de la inteligencia artificial y se adelanta a España y a la UE

El decreto prohíbe expresamente el empleo de tecnologías que fomenten la desigualdad social o la discriminación

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El mundo teme a la Inteligencia Artificial. Amenaza con destruir millones de puestos de trabajo, crea imágenes ficticias y ayuda a la propagación de bulos, fake news y todo tipo de mentiras.

Los paises quieren protegerse, la IA se ha convertido en una amenaza. Pero la sorpresa ha sido que a la vanguardia de este movimiento ha destacado El Vaticano.

El Estado pontificio ha aprobado un marco propio para regular el uso de la inteligencia artificial en su administración y en sus distintos ámbitos de actividad.

El documento parte de una idea central y es muy clara: la innovación tecnológica debe servir a las personas y no sustituirlas.

El Vaticano pone freno a la IA

La nueva política vaticana fija directrices éticas para el desarrollo y la aplicación de sistemas de inteligencia artificial, con el objetivo de asegurar un uso transparente, responsable y compatible con la dignidad humana.

Según el texto, estas herramientas pueden ayudar a mejorar procesos y agilizar tareas, pero no deben desplazar la capacidad de decisión de las personas ni convertirse en una vía para debilitar derechos fundamentales.

Límites al uso de la tecnología

El decreto prohíbe expresamente el empleo de tecnologías que fomenten la desigualdad social o la discriminación.

También rechaza aquellas soluciones que incorporen técnicas de manipulación psicológica o física, una referencia que apunta a usos abusivos de sistemas automatizados sobre usuarios, trabajadores o pacientes.

La administración del Vaticano sí podrá adoptar sistemas avanzados que faciliten el trabajo diario, pero siempre con una condición: el control final deberá permanecer en manos humanas.

Ese principio aparece como una de las bases del nuevo marco, que busca evitar que la automatización sustituya la supervisión personal en decisiones relevantes.

Advertencia al usuario

Además, cualquier texto o imagen generados con estas herramientas deberá llevar una etiqueta identificativa. La transparencia aparece así como uno de los ejes de la nueva normativa.

Para vigilar el cumplimiento de estas reglas, el Vaticano ha creado una comisión especial compuesta por expertos.

Supervisión y control

Este órgano se encargará de supervisar el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, el medio ambiente y la actividad institucional.

También tendrá la función de revisar periódicamente los cambios técnicos para actualizar las normas cuando sea necesario.

El documento parte de la idea de que el dinamismo del sector exige una vigilancia constante por parte de las autoridades competentes, especialmente para anticipar riesgos cibernéticos, problemas de seguridad o brechas en la protección de datos.

Uno de los ámbitos donde el Vaticano introduce más cautelas es el sanitario. Las oficinas y servicios de salud deberán informar a los pacientes sobre el uso de sistemas de inteligencia artificial, y la protección de los datos personales y la privacidad se consideran prioridades absolutas.

Salud, justicia y privacidad

El texto insiste en que el tratamiento de la información médica no puede quedar desligado de garantías claras para los usuarios.

En el ámbito judicial, las limitaciones son todavía mayores. Las herramientas de inteligencia artificial solo podrán utilizarse para organizar y simplificar tareas de investigación administrativa, pero no podrán sustituir el análisis ni la interpretación de las leyes.

Criterios sociales

El principio de autonomía humana queda, por tanto, protegido en los procedimientos legales y en la toma de decisiones de los tribunales.

El decreto también incorpora una visión social más amplia. El Vaticano quiere que estas tecnologías se conviertan en un recurso útil para el bienestar general, con acceso equitativo y sin dejar atrás a los sectores vulnerables.

Política ambiental

A ello se suma un criterio ambiental. La adquisición de nuevas infraestructuras tecnológicas deberá tener en cuenta el consumo energético de los centros de datos y su impacto en la sostenibilidad.

El documento fija que el uso de estas herramientas debe ser responsable también desde el punto de vista ecológico, una exigencia que enlaza la regulación tecnológica con la gestión de recursos.

Vocación de referencia

Con este paso, la Ciudad del Vaticano se adelanta a otros procesos regulatorios que siguen abiertos en la Unión Europea y establece una serie de límites claros para el uso de estas tecnologías dentro de su territorio.

El Estado pontificio se posiciona como un referente moral en el debate sobre inteligencia artificial. El texto protege la autoría y la propiedad intelectual frente a la generación automática de contenidos, al recordar que el ingenio humano sigue siendo una cualidad que debe preservarse.