Es un tema que desde hace décadas se viene reclamando: derrocar el monumento franquista que se mantiene en medio del Ebro a su paso por Tortosa. Se ha intentado en varias ocasiones, pero siempre ha surgido algún obstáculo. Ahora parece que el proceso está encaminado.
El Tribunal Supremo ha dictado esta semana una resolución clave que despeja el camino para la retirada de este monumento, aunque sigue generando controversia.
Todo empezó con la demanda interpuesta por la Asociación Cultural Despierta España después de que el monumento fuera descatalogado como patrimonio de la ciudad. Una petición que finalmente no ha prosperado.
El Alto Tribunal ha rechazado el recurso de casación interpuesto por la asociación, confirmando la descatalogación de la estructura como bien patrimonial. Un paso administrativo imprescindible para proceder a su desmantelamiento.
Ratificación del TSJC
La decisión judicial supone un espaldarazo a la resolución previa del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC), que ya avalaba la pérdida de protección del monolito.
El Supremo ha inadmitido el recurso por considerar que carece de una fundamentación suficiente y de un “interés casacional objetivo”, cerrando así uno de los capítulos más complejos de una pugna que ha durado décadas.
El monumento
Para entender la magnitud de la polémica, es necesario observar la propia naturaleza de la estructura. El monumento, obra del escultor Lluís Maria Saumells, alcanza los 45 metros de altura y fue inaugurado personalmente por Franco el 21 de junio de 1966.
Su propósito original no dejaba lugar a dudas: conmemorar los 25 años de la victoria franquista en la cruenta Batalla del Ebro bajo el nombre de “Monumento en honor al glorioso ejército vencedor”.
El monumento franquista de Tortosa
La construcción tuvo un coste de cuatro millones y medio de pesetas de la época, financiados por el Gobierno Civil, la Falange y una colecta popular, de carácter supuestamente voluntario, en municipios de la provincia de Tarragona.
Aunque con la llegada de la democracia se retiraron placas, inscripciones y el anagrama personal de Franco, el monolito ha seguido dominando el paisaje de Tortosa, siendo percibido por las entidades memorialistas como una afrenta permanente a las víctimas de la represión.
Problemas para derribar el monumento
En cualquier caso, el proceso para su retirada ha sido un auténtico calvario burocrático. En noviembre de 2020, la Comisión de Urbanismo de Les Terres de l’Ebre aprobó la modificación del planeamiento urbanístico de Tortosa para que el monumento dejara de ser un bien protegido.
Sin embargo, cuando la Generalitat ya tenía preparada la maquinaria y los permisos para actuar en el verano de 2021, un recurso del Colectivo para la Reinterpretación del Monumento a la Batalla del Ebro (COREMBE) logró paralizar los trabajos in extremis.
Un cambio de paradigma
A pesar del reciente éxito en el Tribunal Supremo, todavía queda un escollo por resolver: las medidas cautelares dictadas por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Tarragona.
Hasta que estas no se levanten, los técnicos no podrán acceder a la base del monumento en el río. La Comisión por la retirada de los símbolos franquistas de Tortosa ya ha instado al Gobierno de la Generalitat a presionar judicialmente para que se dicte una sentencia definitiva y se eliminen estas barreras preventivas.
La situación actual se enmarca en un contexto legislativo mucho más estricto. La Ley de Memoria Democrática de Cataluña establece la obligación explícita de retirar los símbolos de la dictadura en un periodo de dos años.
La alcaldesa de Tortosa, Mar Lleixà, ha recibido la noticia con optimismo, calificándola como un “paso adelante” en un proceso excesivamente judicializado.
Respuesta del Ayuntamiento
Según la edil, el consistorio mantendrá su compromiso firme de colaborar con la justicia y la Generalitat para que el monolito desaparezca del espacio público, cumpliendo así con las demandas de reparación histórica.
Aunque el de Tortosa es el caso más mediático debido a su escala y ubicación, Cataluña todavía convive con decenas de restos de la dictadura.
Otros monumentos franquistas
Desde monumentos dedicados a figuras vinculadas al régimen, como el de Alfons Sala en Terrassa, hasta los monolitos dedicados a los “caídos” en cementerios de localidades como Tremp u Olot, donde ya se han realizado intervenciones parciales.
Incluso en el ámbito cotidiano persisten centenares de placas del antiguo Instituto Nacional de la Vivienda en fachadas de edificios de protección oficial y rótulos de calles que, poco a poco, van siendo sustituidos.
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