Imagen de un mar chocando con las rocas

Imagen de un mar chocando con las rocas EFE

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La ciudad de España con un mar subterráneo de 81 kilómetros cuadrados y más de 30 kilómetros de recorrido

Se ha bautizado como la Unidad hidrogeológica de Planas de Raimat-Monreal y sus extremos son las localidades de Alfarràs y Alcarràs

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Lleida es la única provincia de Cataluña que no tiene mar. Hay playas de río y lagos, pero lo que no se sabía hasta ahora es que la misma capital del Segrià tiene bajo sus pies un auténtico mar subterráneo.

Los trabajos iniciales del nuevo Plan Hidrológico del Ebro (PHE) han confirmado el hallazgo de una inmensa masa de agua en el subsuelo que se extiende por más de 80 kilómetros cuadrados.

Y, una vez confirmada la noticia, este mar subterráneo ha sido bautizado, aunque con un nombre algo largo: Unidad hidrogeológica de Planas de Raimat-Monreal.

En cualquier caso, este hallazgo aporta información sobre Cataluña y su historia. Esta masa de agua revela el pasado fluvial de una zona que, hace millones de años, fue una vasta llanura de inundación de procedencia pirenaica.

Dónde está

Sobre su morfología, los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) detallan que este lago tiene forma de triángulo isósceles muy alargado, de gran extensión: recorre unos 30 kilómetros en su eje norte-sur.

Se encuentra a las afueras mismas de Lleida. Sus extremos son las localidades de Alfarràs y Alcarràs, mientras que su anchura máxima, de apenas diez kilómetros, se localiza entre las poblaciones de Raimat y El Pla de la Font.

Cuánto ocupa

En total, la superficie medida es de 81,62 kilómetros cuadrados, una extensión que hasta la fecha había pasado desapercibida para los estudios oficiales del organismo de cuenca.

La distribución de esta masa de agua se concentra de manera masiva en dos términos municipales específicos: Gimenells i El Pla de la Font, que alberga el 38,4% del acuífero, y Almacelles, que acoge el 35,8%.

Un mar subterráneo

Un mar subterráneo

El resto de la masa subterránea se reparte con aportaciones reseñables en Alfarràs y Almenar, mientras que su presencia es menor o puramente testimonial en los términos de Alguaire, la ciudad de Lleida, Alcarràs y las localidades aragonesas de Saidí y Albelda.

Más allá de sus dimensiones, lo que hace especial a este mar subterráneo es su autonomía hidrológica. Los informes técnicos preliminares concluyen que esta bolsa de agua no posee contactos laterales con otras masas conocidas, por lo que funciona como una unidad independiente y aislada.

Cómo llega el agua

Tal y como apuntan los informes, se mantiene gracias a una dinámica de recarga natural controlada por la propia topografía y las propiedades de los materiales sedimentarios.

El agua llega al subsuelo principalmente a través de la infiltración de la precipitación y, de manera muy significativa en esta zona de tradición agrícola, por los retornos del riego.

Alimentación del mar de Lleida

Geológicamente, las terrazas fluviales y los abanicos aluviales actúan como zonas de captación que favorecen el almacenamiento bajo tierra.

Por otro lado, la descarga de este sistema se produce de forma natural a través de manantiales periféricos y de la red fluvial, especialmente hacia el río Clamor Amarga.

Este cauce, tributario del Cinca en Fraga, ejerce como gran colector de la zona, recibiendo las aguas sobrantes que el acuífero no puede retener.

En cualquier caso, el hallazgo supone una ventana al pasado remoto de la Cuenca del Ebro. Los expertos explican que la zona ha experimentado una dinámica tectónica de compresión desde finales del Oligoceno, hace entre 34 y 23 millones de años, lo que generó estructuras plegadas y fallas inversas que afectaron a los sedimentos.

Una mirada al pasado

Este proceso fue menos intenso en las áreas cercanas a Raimat y Monreal, donde la bolsa de agua presenta hoy su mayor amplitud.

Bajo la estepa actual, el subsuelo conserva depósitos de un sistema fluvial de tipo trenzado previo al encajamiento de los ríos modernos.

¿Y ahora, qué?

La presencia de elementos típicos de una llanura de inundación sugiere que la Lleida prehistórica era un entorno dominado por grandes avenidas de agua procedentes de los Pirineos, las cuales dejaron como herencia la porosidad necesaria para albergar este mar subterráneo contemporáneo.

Sobre qué va a pasar con este mar subterráneo, la CHE pide prudencia. Advierte de que todavía no se dispone de suficiente información para elaborar un plan de acción definitivo.

Peces en el fondo del mar

Peces en el fondo del mar

Al ser una masa de agua subterránea de nueva incorporación al registro oficial, se desconocen detalles precisos sobre su comportamiento hidrológico exacto y los riesgos específicos a los que se expone.

La documentación técnica establece el próximo ciclo de planificación, entre 2028 y 2033, como el periodo clave para realizar estudios específicos que permitan entender mejor este recurso.

Primeras evidencias

Los informes ya arrojan las primeras señales de alerta sobre la calidad del agua. El acuífero está sometido de forma provisional a presiones puntuales pero significativas derivadas de vertidos tanto urbanos como de plantas industriales.

Según los datos de la CHE, estas filtraciones afectan de manera moderada al 91,9% de su volumen, mientras que un 8% presenta una afectación de intensidad baja.

Este hallazgo en el Segrià, junto con otras tres masas localizadas en Aragón, confirma que el subsuelo de Lleida guarda todavía recursos vitales por descubrir y proteger.