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Sergio Layna no construyó su imperio desde una herencia, sino desde la base más humilde. Según ha contado en el pódcast Rutas del Éxito, comenzó a trabajar a los 12 o 13 años ayudando a su padre y a su hermano en la aduana de Coslada, ya que, según confiesa, no le gustaba estudiar.

En su casa imperaba una política muy clara que marcó su destino: "Hijo, si no te gusta estudiar, hay que trabajar". En aquellos inicios, sus tareas consistían en "barrer, partir cajas de cartón, pisar los contenedores y colocar", mientras su padre utilizaba un tractor y un remolque traído de un pueblo para recoger basura donde nadie más lo hacía.

Tras una década como conductor, habiéndose sacado el carnet de camión a los 21 años, Sergio alcanzó un punto de inflexión fundamental para el crecimiento de la empresa. Se dio cuenta de que su valor era mayor fuera de la cabina, captando clientes y generando nuevas oportunidades de negocio.

Como él mismo explica: "Me di cuenta de que ya ganaba más dinero bajándome del camión haciendo labor comercial y vendiendo y trayendo trabajo que estando encima de un camión".

Este cambio de rol permitió que la empresa familiar dejara su pequeño garaje en Coslada hace 20 años para instalarse en el Polígono de Alcalá de Henares, donde fueron creciendo a base de comprar las naves de sus vecinos.

Tres décadas después de aquellos inicios con un tractor, el Grupo Layna se ha consolidado como un gigante del reciclaje y el transporte a nivel nacional. Sergio destaca con orgullo la magnitud actual de la organización: "Hoy en día somos una empresa 30 años después que somos 160 trabajadores", operando con una flota que supera los "60 y algún camión".

La compañía no solo transporta residuos, sino que gestiona mensualmente entre 2.500 y 3.000 toneladas de cartón y miles de toneladas más de madera y residuos industriales en sus plantas de Madrid, Guadalajara y Valencia.

Para Sergio, la clave del éxito reside en una cualidad que considera escasa hoy en día: la actitud. Por ello, lo que el empresario busca en un trabajador, es clave: "Actitud, actitud y actitud; eso es lo que tiene que tener una persona, todo lo demás se aprende".

Además, refleja su postura crítica con el sistema laboral actual y el absentismo, defendiendo una mentalidad de mayor responsabilidad individual. De hecho, sostiene una visión firme sobre la estructura económica del país: "Si España fuéramos todos autónomos el país iría de otra manera", refiriéndose a que esto fomentaría la productividad y el compromiso con el puesto de trabajo.