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Cuenta una anécdota que cuando John Coltrane formaba parte del quinteto de Miles Davis ya tendía a extenderse mucho en sus solos. Un día el trompetista le preguntó: “¿Por qué los alargas tanto?”, a lo que el saxofonista respondió: “Porque nunca encuentro el momento idóneo para parar”. Miles, pragmático, le sugirió: “Siempre puedes apartar el saxo de los labios”.

Se cumple este año el centenario del nacimiento de estos dos titanes del jazz. De Miles Davis ya les hablé en estas páginas hace unos meses. Ahora es el turno del más trascendental saxofonista de la historia, con permiso de Charlie Parker. Para mí Coltrane es más relevante porque hizo un recorrido musical más amplio que el de Bird, fallecido con solo treinta y cuatro años.

Aunque Coltrane no vivió mucho más. Murió a los cuarenta, de un cáncer de hígado. Este dato y el hecho de que su carrera como solista y líder se desarrolló en apenas una década —entre 1957 y 1967— hace todavía más extraordinario su legado.

Sus solos de saxofón —tocaba el tenor y el soprano— llevaron al instrumento a límites nunca vistos de expresividad. Sus intrincados ataques, llenos de recovecos y giros insospechados, transitan de la sutileza a la aspereza, de la elegancia al arrebato, de la sensualidad al graznido. La primera grabación de la que disponemos es de 1946.

La trayectoria de Coltrane

Contaba con apenas veinte años y, destinado en Pearl Harbor, formaba parte de una banda de jazz de la Marina llamada The Melody Masters. Nada en ese registro sonoro, en el que suena inseguro y casi banal, permitía augurar lo que llegaría años después. Coltrane alcanzó su cumbre a principios de los años sesenta con su legendario cuarteto y derivó en el tramo final de su carrera hacia una improvisación vanguardista, cercana al free jazz, con ecos de los ragas indios, y la incorporación de disonancias y atonalidades.

Fotografía de John Coltrane

Unos pasos finales que en su día desconcertaron a muchos y todavía hoy no todo el mundo digiere con facilidad.

La carrera profesional de John Coltrane arranca a principios de los años cincuenta en el grupo del trompetista Dizzy Gillespie. El joven saxofonista no tarda en abusar del alcohol y probar la heroína, que en aquellos años circulaba por los clubes de jazz como los caramelos en un colegio. Muchos se engancharon, algunos se quedaron por el camino, como Charlie Parker. Sin embargo, Gillespie era intransigente con este tema y no toleraba que ninguno de sus músicos consumiera drogas. De modo que le dio a Coltrane un aviso y en cuanto lo pilló reincidiendo lo expulsó.

Pasó entonces a tocar en el grupo de Miles Davis, en una primera etapa entre 1955 y 1957, documentada en abundantes grabaciones, entre las que destacan los álbumes Round About Midnight y Milestones. Miles también consumía, pero lo de Coltrane era tan desaforado que casi se dormía sobre el escenario. De modo que de nuevo fue despedido.

La espiritualidad detrás de su música

Y entonces tomó la decisión de desintoxicarse. Lo hizo sin ayuda, a las bravas —lo que los anglosajones denominan cold turkey—, encerrándose en la casa que compartía con su pareja de entonces, Naima (a la que tiempo después dedicaría una de sus composiciones más célebres y hermosas, Naima). Consiguió desengancharse y experimentó una suerte de renacimiento trascendental, que lo llevó a una búsqueda espiritual —más que meramente religiosa— que acompañaría ya para siempre su carrera musical.

Rehabilitado, tocó unos meses con el grupo de Thelonious Monk —de lo que queda testimonio sonoro en varios álbumes— y volvió con Miles Davis, para participar en las sesiones de un álbum que es un parteaguas en la historia del jazz: Kind of Blue. En su grabación tuvo un papel crucial otro gigante, el pianista Bill Evans. El disco supone la superación del bebop y es la cumbre del jazz modal.

El tema paradigmático de este tipo de improvisación es So What: en lugar de cambiar de acorde cada pocos compases, como hacía el bebop, la improvisación se basa en escalas o modos, utilizando un solo acorde o modo de forma prolongada durante muchos compases, lo que proporciona a los músicos una gran libertad melódica. Coltrane utilizará este tipo de improvisación modal en varias de sus obras clave.

Fotografía de John Coltrane

Etapa de solista

Entre tanto, el saxofonista firma en 1957 su primer contrato discográfico como líder y solista con el sello Prestige, que dura solo un par de años y se acaba en 1958. Da como fruto tres álbumes, de los cuales destacan el primero (Coltrane) y el tercero (Soultrane). Expirado el contrato, Prestige seguirá publicando discos de Coltrane en vida de este y tras su muerte, con material descartado de las sesiones de grabación. Lo cual sucederá después con los sucesivos sellos con los que firma.

Este dato es importante para entender la ingente cantidad de discos que produjeron estos diez años de carrera liderando formaciones. Para no perderse en el marasmo, los podemos dividir en cinco categorías.

Álbumes de estudio publicados en el momento de su grabación; álbumes de estudio rescatados de los archivos y editados a posteriori; álbumes en directo oficiales y publicados en el momento de su grabación; bootlegs legales con grabaciones recatadas por los sellos con los que trabajó, y por último bootlegs semilegales lanzados por pequeñas compañías dedicadas al rescate de material inédito, amparadas por las lagunas y resquicios de la legislación de cada país sobre el material registrado en vivo.

Esta sobreproducción discográfica no es exclusiva de Coltrane, se da también con otros músicos prestigiosos. Por ejemplo, de Bill Evans se han ido rescatando prácticamente todos los conciertos de los que existe una grabación, en ocasiones con tomas de sonido francamente mejorables. Los completistas son por definición glotones y están dispuestos a acapararlo todo.

Un recorrido por su discografía

De Miles Davis la Columbia puso en marcha una Bootleg Series —al estilo de la dedicada a Bob Dylan—, en la que se han rescatado conciertos, ensayos y descartes de estudio, en ocasiones con diversas tomas de un mismo tema con variaciones mínimas. El valor, en algunos casos, es meramente arqueológico y mitómano.

Portada del álbum ´Blue Train´de John Coltrane

En 1958 Coltrane firma con Blue Note por un solo álbum, Blue Train, y en 1960 pasa a Atlantic. Esta etapa da como resultado un par de interesantes colaboraciones —Bags & Trane, con el vibrafonista Milt Jackson y The Avant-Garde, con el trompetista Don Cherry— y varios álbumes como líder. Entre ellos, dos obras maestras.

Por un lado, Giant Steps, el primer álbum en el que todas las composiciones son suyas y entre las que figura Naima. Por otro, My Favorite Things, un disco de standards, que incluye un tema de Cole Porter, dos de Gershwin y sobre todo la pieza que da título al álbum, perteneciente al delicioso musical Sonrisas y lágrimas de Hammerstein y Rodgers.

Portada de ´Giant Steps´ de John Coltrane

La improvisación sobre esta pieza que hace Coltrane dura casi catorce minutos, sigue la pauta del jazz modal y consigue algo antológico: mantiene una fidelidad básica a la melodía original, siempre reconocible, pero lleva la música hacia otra dimensión, en uno de sus solos más intrincados y magnéticos. Fue en su día un hit, y hoy sigue siendo uno de los ejemplos más impresionantes de improvisación jazzística a partir de un standard.

Este álbum es también relevante porque está grabado en formación de cuarteto y en él se está gestando el que será el cuarteto fijo que lo acompañará en el cenit de su carrera. Aquí ya aparecen el entonces jovencísimo pianista McCoy Tyner y el batería Elvin Jones. Solo queda pendiente la incorporación del bajista Jimmy Garrison.

Fotografía de Elvin Jones, McCoy Tyner, John Coltrane y Jimmy Garrison

Este último se unirá a partir del salto de Coltrane a un nuevo sello, Impulse!, con el que grabará hasta el final de su carrera. A principios de los años sesenta, además de un osado disco con una ingente sección de vientos —Africa/Brass— y una colaboración con una leyenda de la generación anterior -Duke Ellington & John Coltrane-, el saxofonista crea una sucesión de obras maestras con su cuarteto.

El pulso que marca la sección rítmica y la cascada de notas del piano percusivo de McCoy Tyner crean un magna sonoro —no tan alejado del concepto de muro de sonido de Phil Spector— sobre el que Coltrane desliza sus improvisaciones, que por momentos parecen ir en diversas direcciones al mismo tiempo.

Del cuarteto destacan álbumes como Coltrane, Ballads, Crescent y Live at Birdland (más un montón de discos póstumos que recogen otras grabaciones de esta formación). El elepé grabado en 1963 en directo en el Birdland de Nueva York es importante, entre otras cosas, porque incluye el tema Alabama, que es lo más parecido a una declaración política que hizo Coltrane en su vida.

Portada de ´Crescent´, álbum del cuarteto de Jonh Coltrane

Un mes antes del concierto se había producido uno de los sucesos más bárbaros de la época de la lucha por los derechos civiles. En septiembre de 1963, en Birmingham, Alabama, el Ku Klux Klan lanzó un artefacto incendiario contra una iglesia baptista afroamericana y murieron cuatro niñas. La respuesta musical de Coltrane sobre el escenario fue el desgarrador Alabama.

La cima del cuarteto y uno de los álbumes más importantes de la historia del jazz es A Love Supreme, de 1964. Contiene una única pieza, con una compleja estructura dividida en cuatro partes. El disco es tres cosas al mismo tiempo: la demostración del talento como compositor del saxofonista, un ejemplo de su virtuosismo en los solos y la máxima expresión de su búsqueda espiritual.

Para entonces, Coltrane había roto con Naima e iniciado una relación con la que sería conocida como Alice Coltrane, multiinstrumentista (tocaba piano, órgano y arpa, y componía), con la que se casará y tendrá tres hijos. Su aparición significará el progresivo desmantelamiento del cuarteto y el inicio de la última y más experimental etapa de Coltrane, acompañado por Alice y otros músicos como el saxofonista Pharoah Sanders y el batería Rashied Ali.

Este periodo está recogido en discos cercanos al free jazz y a la vanguardia, como Ascension, Kulu Sé Mama, Expression y los directos Live at the Village Vanguard Again! y Concert in Japan.

A diferencia de Miles Davis, que a partir de cierto momento dejó atrás el jazz para abrazar la fusión y la música negra en un sentido amplio, Coltrane, incluso en su última etapa experimental, se mantuvo siempre dentro de los límites del jazz. Su temprana desaparición, que interrumpe de forma abrupta su carrera, nos impide saber hacia dónde le habría llevado esa última senda de radicalidad musical. Poco antes de fallecer, en una entrevista, John Coltrane explicó que “mi música es la expresión espiritual de lo que soy, mi fe, mi conocimiento, mi ser”.