Portada del nuevo album de Squeeze, 'Trixies'

Portada del nuevo album de Squeeze, 'Trixies'

Músicas

Squeeze y su opereta adolescente

Siempre a su bola, Difford y Tilbrook siguen en la brecha y acaban de publicar Trixies, una opereta que recuerda a las de los Kinks, y que resulta que iba a ser su primer disco, pero no se atrevieron a defender en su momento ante las discográficas

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El grupo británico Squeeze siempre fue un verso suelto de aquella New Wave (Nueva Ola) que sucedió al estallido del punk a finales de los años 70. Sus detractores los consideraban demasiado melódicos (o, directamente, blandos) por reconocer la influencia de Paul McCartney, de las baladas de los Kinks o de cierto teatro musical (como los Kinks, no le hacían ascos a lo que en Inglaterra se conoce como Vaudeville y que nada tiene que ver con el vodevil español o francés). Mientras Elvis Costello (que les produjo un álbum, como también haría el gran John Cale) se convertía en una estrella y en el principal representante de la nueva ola británica, Squeeze iba sacando discos estupendos y, durante una época, encadenando hits: Take me I´m yours, Goodbye girl, Another nail in my heart, Pulling mussels from a Shell, Labelled with love…

Por Squeeze ha pasado muchísima gente desde su fundación (entre ellos, el pianista Jools Holland, que acabó teniendo un espléndido show en televisión), pero los dos únicos que se mantienen desde el principio son el letrista, cantante y guitarrista Chris Difford y el compositor (también cantante y guitarrista) Glenn Tilbrook. Y lo que les gusta a estos dos señores es un pop alegre y vitalista que levanta el ánimo del oyente avisado (y que ha hecho que les caiga el sambenito de superficiales por parte de ciertos oyentes severos). A mí no me parecen superficiales, sino una gente que ha entendido muy bien las claves de la música pop, a la que han teñido de un peculiar sentido del humor especialmente británico: pensemos en álbumes con títulos como Babylon and on o Cosi fan tutti frutti.

Bellas melodías

Mucha gente se ha olvidado de Squeeze, pero en Gran Bretaña ya se les ha adjudicado el tratamiento de National Treasure (Tesoro nacional), probablemente porque es el único país del mundo que los ha aceptado totalmente como si formaran parte de la familia. En Europa, entraron en sus primeros tiempos. En Estados Unidos, salvo algunos cognoscenti, no entraron jamás. Probablemente porque siempre ha habido en los señores Difford y Tilbrook una voluntad de ser muy ingleses, con todas sus ventajas y desventajas: te haces con un público fiel dentro de casa, pero fuera apenas te entienden (algo parecido le pasó a Madness).

La banda 'Squeeze', en una de sus actuaciones

La banda 'Squeeze', en una de sus actuaciones WIKIPEDIA

Siempre a su bola, Difford y Tilbrook siguen en la brecha y acaban de publicar el espléndido disco que justifica estas líneas, Trixies, una opereta que recuerda a las de los Kinks (Preservation, Soap Opera, Schoolboys in disgrace) y que se centra en el bar (imaginario) del título, frecuentado por todo tipo de sujetos pintorescos y atrabiliarios: bellas melodías, influencias de McCartney y Bowie (el guiño evidente de The place we call Mars), la inevitable dosis de vaudeville, logradas armonías vocales, predominio de los medios tiempos…O sea, Squeeze puro y duro.

Letras y músicas excelentes

La sorpresa de Trixies es que no se trata de las últimas canciones del dúo Difford & Tilbrook, sino las primeras, pues datan de 1974, cuando el primero tenía diecinueve años y el segundo, 16. De Trixies se grabó una maqueta que nunca ascendió a disco en su momento. ¿Motivo? La inseguridad adolescente de sus autores, que no se vieron capaces de defenderlo ante una discográfica. Al escucharlo ahora, te das cuenta de que lo que sus creadores consideraron balbuceos poético-musicales juveniles son, en realidad, letras y músicas tan excelentes como impropias de dos críos. Estamos, pues, ante lo que debería haber sido el primer disco de Squeeze. Reinterpretado, eso sí, por dos septuagenarios que han aprendido muchas cosas por el camino.

Trixies no es, pues, como esas canciones descartadas que ciertos músicos famosos publican para hacer caja, sino una deliciosa opereta pop a la que hemos llegado más de medio siglo tarde. Más vale tarde que nunca, afortunadamente, pues estamos ante una de las exhumaciones más brillantes del año, comparable al Preservation de Ray Davies y The liberty of Norton Folgate, de Madness. Por lo menos, para los fans del grupo. Los demás pueden seguir considerándolos una pandilla de pasteleros.