La veterana Sala Parés, en la barcelonesa calle de Petritxol, dedica una exposición colectiva a homenajear a El gran Gatsby, la célebre novela de Scott Fitzgerald, sobre la que se han rodado varias películas
Me parece que a los muchos que aprecian la novela no les va a disgustar esta exposición. Participan varios pintores figurativos, algunos de ellos muy conocidos y apreciados: Charris, con varias pinturas, en especial una titulada “La luz verde”, refiriéndose, claro está, a la luz del faro cerca de casa de Daisy, que Gatsby contempla por las noches desde el jardín de su mansión, y en la que cifran sus esperanzas de volver al pasado y de recuperar el amor.
Portada de 'El gran Gatsby'
Además de Charris están Juan Cuéllar, “futurizando” los ambientes de la novela con arquitecturas y paisajes del siglo XXII. Cuqui Guillén, Marcos Palazzi, pintor al que aprecio mucho, y Gonzalo Sicre, que bajo el título “El asesinato de Gatsby” retrata la piscina donde se halla el cadáver del héroe, o antihéroe.
Casi todos aciertan al pintar los ambientes, los escenarios vacíos de la tragedia. De todos los artistas que contribuyen a la exposición, el menos interesante o más banal me parece uno que retrata a Jay Gatsby y a Daisy Malone con los rostros de los protagonistas de una versión cinematográfica, la que yo vi en su día, que eran Robert Redford y Mia Farrow.
No tan buenas adaptaciones
Estaba bien la ambientación de la película de 1974, y conservo en la memoria algunas escenas hipnóticas, entre ellas aquella en que Daisy abre el armario de la ropa de Gatsby y la mar de feliz se pone a tirar al aire sus muchísimas y preciosas camisas…
Pero ni Redford “era” Gatsby —me parecía demasiado mayor y demasiado guapo, reflexivo y elegante para encarnar al gánster sentimental— ni Mia Farrow daba la talla como sueño imposible de amor y plenitud. Por norma general, las películas no me parecen tan cautivadoras como las novelas en que se basan, a menos que éstas sean muy malas, que no es el caso. Así que en el año 2013 cuando se proyectó una nueva versión con Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan decliné verla.
Ahora El gran Gatsby es una novela que no puede dejar de leer ningún mediano aficionado a la literatura, es un clásico contemporáneo (aunque se publicó hace cien años). Es relativamente breve, densa, llena de escenas y motivos sensacionales, que avanza al galope, rigurosamente enmarcada entre las primeras frases —donde el narrador, Nick Carraway, recuerda que “cuando era más joven y más vulnerable” su padre le dio “un consejo que he estado meditando desde entonces”. Y el consejo era que no juzgase a nadie, porque no todos han tenido las mismas oportunidades que uno—.
Y la célebre sentencia final, “y así seguimos avanzando, botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado”.
Un comienzo poco valorado
Curiosamente, en su momento (1925) tuvo un éxito relativo. Quizá el lector no sepa que el manuscrito original, que se conserva en la Princeton Universitary Library, era mucho más largo. Cuando Scottie (como le llamamos sus amigos) la entregó a su editor, Maxwell Perkins, éste le recomendó que definiese mejor al misterioso personaje de Gatsby y que abreviase determinados pasajes.
Scottie le hizo caso, y así el texto final, el que conocemos, es todo puro nervio y músculo, no le sobra ni pizca de grasa.
Cuando se publicó, Fitzgerald era ya una celebridad gracias a su primera novela, A este lado del paraíso (1920). El gran Gatsby, en cambio, no obtuvo el éxito de aquel debut, aunque grandes santones de la crítica supieron reconocer su grandeza. T. S. Eliot. le dijo a Fitzgerald que la novela era «the first step that American fiction has taken since Henry James», o sea, el primer paso que da la narrativa norteamericana desde Henry James.
Portada del libro 'A este lado del paraíso'
Quizá se hubiera olvidado, de no ser por una extraña suerte que el pobre Scottie ya no alcanzó a disfrutar, pues murió en 1940:
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó las Armed Services Editions, una colección de libros en formato pequeño y resistente destinada a los militares estadounidenses. Eran libros gratuitos que se enviaban a los soldados para que pudieran leer durante sus periodos de descanso. Las ediciones militares estaban diseñadas para caber en el bolsillo del uniforme.
Se llegaron a distribuir más de 120 millones de ejemplares de distintos títulos. Entre ellos estuvo The Great Gatsby. En octubre de 1945, ya al final de la guerra, se imprimieron aproximadamente 155.000 ejemplares de la edición para las Fuerzas Armadas, identificada como la número 862 de la colección.
Tiene cierta ironía que un libro que habla del sueño americano, la riqueza, la guerra y el regreso a una vida que ya no existe, terminó siendo leído por jóvenes soldados norteamericanos cuando estaban precisamente en Asia o en Europa o en África, esperando regresar a casa…
