Publicada

En el hôtel particulier de rue Marceau 11 (París), comienza la historia que la escritora Katixa Agirre nos relata, a modo de película, en Servicio interior (Tusquets).

Portada del libro 'Servicio interior' Tusquets

Este palacete fue, durante la guerra civil, sede del gobierno vasco en el exilio. Aquí comienza la historia; sin embargo, no son quienes habitan en este palacete —el Lehendakari José Antonio Agirre y algún ayudante— los protagonistas de la nueva novela de Agirre, escrita originariamente en euskera y que ahora se traduce tanto al castellano como al catalán (Segona Perifèria).

Bittori Etxeberria, Itziar Mugika, Delia Lauroba y Tere Verdes son las cuatro protagonistas de la nueva novela de la autora de Las madres no (Tránsito), cuatro mujeres que tejieron una red de espionaje durante la Guerra Civil. Eran mujeres y hermanas de gudaris, mujeres vinculadas al PNV y con claras convicciones políticas; mujeres con arrojo que decidieron actuar en favor de la República, que se pusieron en riesgo y que tejieron una amplia red de colaboradoras.

Sabían que las consecuencias serían duras —pasaron algunos años en la cárcel y vivieron el resto de su vida señalizadas y vigiladas—, pero todo lo que estaba en juego tras el golpe de 1936, empezando por la libertad y la democracia, no permitía quedarse en casa sin hacer nada.

Como lectora, debo decirle que cada libro suyo es distinto, es una sorpresa para el lector.

Para cualquier escritor, creo yo, cada nuevo libro es un nuevo reto. En mi caso, lo que sucede es que lo que despierta mi interés a la hora de afrontar un nuevo libro es la historia. Es decir, de repente, me encuentro con una historia que me apasiona y me interesa, me centro en ella y termino escribiéndola. Una vez que ya la he abordado en forma de libro, paso pantalla y a por otra historia, que puede tener un escenario y un contexto histórico completamente distintos.

Sin embargo, para mí sí hay una continuidad, sí hay un hilo, quizás invisible o no muy visible, que une mis novelas: todas ellas son una reflexión sobre cómo nos contamos el mundo, son una reflexión sobre los modos de representación. Por ejemplo, en Los turistas desganados era una carta que alguien escribe para explicarse, mientras que, en Las madres no, alguien escribe un libro sobre algo que resulta imposible entender, el infanticidio. La pregunta central siempre es cómo se cuenta lo que nos pasa y, por esto, en esta ocasión, he decidido plantear la novela como una película, porque era la manera de intentar llegar a algo que se perdió porque ocurrió cuando no habíamos nacido.

Katixa Aguirre Òscar Gil Coy Barcelona

El recurso al cine tiene algo de irónico: usted narra la historia como si fuera una película, pero lo hace a través de una novela.

Sí, porque, si lo piensas bien, un libro puede imitar una película: con las palabras yo puedo llevar al lector a que vea una película en su cabeza. Por el contrario, una película no puede sugerir un libro, no puede hacer que los espectadores lean un libro.

A priori, sobre todo en tramas con una ambientación histórica, se piensa que el cine es más potente y aporta más porque posee la imagen; sin embargo, es un cliché y lo que intento demostrar con esta novela es que con los libros se puede llegar a cualquier sitio, hasta el punto de parodiar y jugar con esos elementos que teóricamente solo nos aporta el cine.

Hablando de clichés, a la hora de presentarnos a sus protagonistas, ironiza con ese cliché de mujer espía tan propio del cine negro.

Sí, con la imagen de la Mata Hari. Juego con el cliché: a veces, me apropio de él y lo utilizo en mi beneficio y, a veces, me alejo completamente de él, lo desmiento. Mis protagonistas no son espías como dicta el tópico, son señoras con sus convicciones ideológicas, que estaban más o menos organizadas políticamente desde antes de la guerra y que se preocupan por sus padres, hermanos y maridos. Y es a través de estos cuidados que terminan convirtiéndose en espías.

Su novela es, asimismo, una reivindicación de ese papel activo que tuvieron las mujeres en la Historia y que, sin embargo, siempre se ha opacado.

Esta es una constante. Si estudias bien la historia, te darás cuenta de que, en cualquier episodio importante, permitiéndoselo o no, las mujeres han participado. Para mi anterior novela, De nuevo centauro, estudié bastante la Revolución Francesa y me di cuenta del importante papel que jugaron las mujeres: no solo encabezaron manifestaciones y protestas, sino que también desataron algunas de las violencias que se produjeron.

Portada del libro 'De nuevo centauro' de Katixa Aguirre Tránsito

Estaban ahí, siempre lo estuvieron, pero no nos lo han contado. Se las ha dejado en segunda fila, pero estaban, de ahí el interés de contar la historia desde su perspectiva, desde un lugar distinto al habitual. En el caso de mis protagonistas, ellas empiezan su labor siendo en parte tuteladas por el gobierno vasco, pero, con el tiempo, su labor desborda aquello que se había previsto para ellas. Llegan mucho más lejos.

Usted recurre al acto de tejer para mostrar la relevancia política del tejido de apoyos y colaboradoras que urdieron estas mujeres entre sí.

El coser es algo que siempre se ha asociado a las mujeres, por esto aparece esa mujer en Santoña que teje las redes de pescar. Sin embargo, tejer es mucho más, alude a trabajar en colectividad y se opone a esa idea de heroísmo individual tan masculino.

Estas mujeres hacen siempre red y saben que están acompañadas, que se necesitan y que se pueden fiar de las otras; todas ellas, saben que, si dejan una carta en un lugar, otra la irá a buscar y la dará a una tercera que la llevará ahí donde sea necesario. Toda su labor de espionaje hubiera sido imposible desde la acción individual, era necesario un trabajo colectivo.

El héroe único y solitario, ¿define más la acción masculina?

A ver, a lo largo de la historia, no han sido pocas las veces en que los hombres han trabajado y luchado en colectividad. El problema, en mi opinión, es cómo nos han contado su acción y quiénes han terminado apareciendo en los libros de historia y siendo los protagonistas del relato. La idea de que un gran hombre lo ha cambiado todo ha sido recurrente y todavía hoy a veces se nos cuenta la historia a partir de ahí.

Pensemos, por ejemplo, en Napoleón, en cómo se nos han descrito sus hazañas. Sin embargo, para hacer lo que hizo necesitó a muchos que lo apoyaran y lo siguieran. Nadie consigue hacer nada completamente solo. Además, a lo largo de la historia, el rol de héroe se le ha negado a la mujer, el héroe era él. De esta manera, siempre que se ha contado la participación de las mujeres en la historia ha sido en términos colectivos y, en este sentido, el suyo ha sido un relato más realista que la del héroe individual.

Usted ha recalcado en más de una ocasión que usted no ha descubierto la historia de estas cuatro mujeres, si bien resultaba muy desconocida.

Una de las primeras cosas que pensé cuando escuché su historia es que había que hacer una película para fijar con imágenes la vida de estas mujeres, una película que alimentara nuestro imaginario y que nos hiciera familiares sus nombres.

Esto es esencial cuando construimos memoria histórica que, en realidad, no es propiamente memoria: no es algo que recordamos, sino algo que nos tienen que contar para conocerlo y para que quede fijado en nuestra mente y nuestro imaginario. El cine es un dispositivo que lo permite.

Porque vivimos rodeadas de imágenes, pero en el XIX e, incluso, el XX este dispositivo hubiera sido el libro.

Es cierto. Vivimos en la sociedad de la imagen y una imagen cala más y mucho más rápido y tiene un impacto emocional mayor. Como decía, con la novela quiero demostrar que la literatura es capaz de esto y de más, pero, quizás, requiera mayor esfuerzo y el impacto que pueda provocar no sea tan inmediato. Leer exige tiempo y exige estar tranquilo y atento; hoy en día, no estamos muy acostumbrados a dedicar tiempo y atención.

Las madres no fue llevada al cine por Mar Coll. ¿Cómo es ver tus palabras convertidas es imágenes?

Hace mucha ilusión y te obliga a aprender a dejar ir lo que tú has escrito. La película de Mar es una película en sí misma; es cierto que nació tras la lectura de mi novela, pero Mar hizo con ella lo que quiso. Y es bonito ver cómo se ha leído y como el libro ha dado origen a algo distinto, una película.

Portada del libro 'Las madres no'

Yo no participé en el guion, pero los fui leyendo en la medida en que se escribían y se corregían, así que me fui dando cuenta paulatinamente de cómo la película se iba alejando cada vez más de mi libro. De esta manera, aprendí que tenía que desprenderme de él, dejar que se convirtiera en algo distinto.

Volviendo a Servicio interior, es una novela en los que los lugares son mucho más que meros escenarios, son, como el Hotel de la Rue Marceau 11, lugares de memoria.

Para mí, los lugares fueron clave a la hora de imaginar, recrear y conectarme con esta historia. Son lugares no solo que existen, sino que muchos de ellos forman parte de mi día a día en Bilbao. Cuando escuchaba el relato de cómo bajaron los fascistas por el monte de Archanda y provocan la caída de Bilbao, yo veía el monte, lo tenía delante al escribir.

Desde siempre, me ha gustado visitar los lugares históricos, la casa de los escritores y artistas… es decir, los lugares que cuentan algo, porque me da la impresión de que en ellos queda algo, hay cierto sonido de lo que sucedió en que sigue ahí, aunque no lo percibamos claramente. Me gusta ir a estos lugares y escuchar su pasado.

Además, en el caso de mi novela, para mí era esencial mostrar a los lectores que estamos caminando por los mismos lugares por los que caminaron esas personas que aparecen en Servicio interior, y que, en realidad, no ha pasado mucho tiempo. Su mundo no era otro, su mundo es el nuestro.

Katixa Aguirre Òscar Gil Coy Barcelona

¿Y hay registro, en forma, por ejemplo, de placas, de su mundo que es el nuestro?

Muy poco registro. Yo siempre paso por la Plaza Nueva de Bilbao, pues vivo ahí cerca, y no sabía que, durante el franquismo, se llamó Plaza de los Mártires de Bilbao, por una matanza que ahí tuvo lugar. Yo lo descubrí hace poco, cuando estaba indagando para la novela.

Este dato no lo encuentras en ningún lado, pasas por la plaza y no puedes saber su historia reciente. En este sentido, creo que en este país tenemos un problema importante con la memoria histórica. Pasan los años y seguimos igual, prefieren mantenernos en la ignorancia para que no haya controversia.

Sus protagonistas son mujeres que defienden la República, son profundamente creyentes y, algunas, incluso podríamos definirla como conservadoras. Ahí está también el Lehendakari Agirre, un hombre conservador del PNV, ferviente defensor de la democracia y que se opone al golpe.

El contexto político de Euskadi fue excepcional en comparación con lo que pasó en el resto de España: en Euskadi había una derecha democrática y en el resto de España no. Y hoy en día la derecha española arrastra este mal, sigue manteniendo una relación dudosa, por decirlo de alguna manera, con la democracia. Hay que decir que, al inicio de la guerra, el PNV mantiene una posición ambigua, no estaba claro que se fuera a posicionar al lado de la República.

Hubo muchos debates internos y mucha indecisión hasta que, al final, acabó posicionándose con la República y, a partir de ahí, su compromiso con la democracia fue siempre firme. Por esto, el PNV fastidiaba tanto a Franco, porque era un partido de derechas y católico; el discurso franquista contra los comunistas como enemigos, no funcionaba con el PNV, que montaba sus misas de campaña en el frente. El PNV hacía que al franquismo se le cayera el relato de que ellos eran el último bastión de Occidente frente a la barbarie comunista.

¿El elemento nacionalista fue clave en su posicionamiento?

Sin duda. En el PNV llegan a la conclusión de que con la derecha franquista nunca van a tener autonomía. La autonomía solo era posible con la izquierda y con una democracia, entendida de manera más amplia.

Y luego está la defensa de la lengua.

Si bien es cierto que en ese periodo, nacionalismo y defensa del euskera no se daban necesariamente la mano. Había muchas personas que no consideraban que la lengua fuera algo primordial y, además, el uso del euskera era distinto según el territorio.

En Bilbao, por ejemplo, el euskera no se hablaba demasiado y Tere Verde, cuyo padre había estado junto a Sabino Arana en la fundación del PNV, no hablaba euskera, sino que empezó a estudiarlo en la cárcel. Por el contrario, las mujeres guipuzcoanas y navarras sí que hablaban entre ellas en euskera.

En su novela, aparece el padre de Paco Rabanne, hombre comunista que le escribe, ya detenido, una carta a su mujer pidiéndole que haga lo posible para que sus hijos sean buenos católicos.

Se trata de Paco Rabaneda. Su caso no era aislado, se daba en ocasiones esta conjunción de ser católico y tener fuertes convicciones de izquierda o, incluso, de definirse como comunista. Al final también en el catolicismo de base hay unas ideas que no se alejan demasiado del comunismo, pero, claro, hablamos del cristianismo en sus orígenes, de la figura de Jesucristo.

La historia es mucho más compleja de lo que se nos cuenta y dentro de cada persona caben muchos sentimientos y muchas maneras de ver la vida. Basta que te acerques a una persona para darte cuenta de que no todo es blanco y negro, si bien es cierto que, en situaciones extremas como es una guerra, terminas necesariamente identificándote con unos o con otros.

Katixa Aguirre Òscar Gil Coy Barcelona

Al reconstruir la historia de estas cuatro mujeres, usted tuvo que ficcionalizar para llenar unos vacíos del relato. ¿Se puso límites? ¿Le costó sentirse libre a la hora de inventar?

Me documenté mucho, estudié mucho y, al final, me di el permiso para inventar. Al inicio del proceso de escritura, iba con pies de plomo, quería que todo lo que escribiera estuviera sustentado. Llegué a buscar típicos menús de navidad de 1938 para no equivocarme. Sin embargo, me di cuenta de que tenía mucha información y que podía inventar, porque tenía tantos datos para conseguir ser verosímil.

Porque se trataba de esto, de ficcionalizar de manera verosímil. Además, no me quedaba otra, porque hay huecos, como, por ejemplo, a la hora de saber quién fue exactamente el delator de esta red de espías. Podría haber enumerado las hipótesis, pero creo que a la novela lo que le convenía era la fabulación.

Una de las cuestiones clave qué plantea la novela es sobre la responsabilidad de actuar y sobre la responsabilidad de no hacerlo en un momento tan decisivo como lo fue la Guerra Civil.

Hubo muchas personas que no hicieron nada, también hubo personas que se afiliaron a Falange para pasar desapercibidas y muchas que languidecieron en un exilio interior. Sin embargo, hubo personas, como estas cuatro mujeres, que decidieron actuar.

Lo que me pregunto es qué hubiera hecho yo, lo que pregunto a los lectores es qué hubiéramos hecho muchas de nosotras en una situación tan extrema. Ellas decidieron actuar y asumieron sus consecuencias: la cárcel, la desatención en la que quedaron sus familias y, luego, una vez en la calle, el vivir señalizadas, vigiladas, sin apenas libertad de nada.